Etiología de la gripe

Posted by on 09/02/2014
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En este capítulo de mi pequeña enciclopedia médica ilustraré la etiología y evolución de la gripe o resfriado común, para lo cual voy a utilizar un símil mecánico; uno, por cierto, muy adecuado a la ocasión: el gripaje de un motor. En efecto, ambas palabras, gripe y gripar, tienen la misma etimología (no confundir con etiología): provienen del proto-germánico gripiana y se incorporaron al español a través del francés grippe, que significa “agarrar”.

El famoso gripado de un motor, que no es sino un agarrotamiento de sus piezas, tiene lugar cuando, falto de lubricación, a causa del rozamiento se produce una fuerte elevación de la temperatura y consiguiente dilatación de los elementos metálicos (principalmente el pistón y el émbolo) hasta el punto en que, siendo mínima la holgura entre ellos, se comprimen unos contra otros y llegan a impedir por completo el movimiento.

Pues bien: con la gripe ocurre lo mismo: los microbios del resfriado tienen el efecto de provocar una sobreproducción de mocos en las fosas nasales, donde, a falta de espacio, se extienden tanto hacia abajo (la molesta mucosidad que todos sabemos) como hacia arriba, invadiendo el cerebro y desplazando en su avance al líquido encefálico. Esto da lugar al conocido “cerebro nadando en moco”, síntoma principal de la gripe. El moco, que tiene mayor viscosidad que el líquido encefálico, amortigua la oscilación natural de las neuronas y llega a congestionarlas por completo, o griparlas, exactamente igual que sucede con un motor. Es por esto que, ya con las neuronas gripadas, experimentamos ese agarrotamiento mental cuando estamos resfriados. De aquí el galicismo gripe que se ha usado para nombrar esta enfermedad.

Espero haberos aclarado las cosas, y que en adelante sepáis que la gripe no es más que eso: el bloqueo neuronal producido por una excesiva acumulación de moco en el cerebro. Así, pues, no os preocupéis: una vez que la enfermedad se va curando, el líquido encefálico vuelve a su lugar y los síntomas desaparecen sin mayor secuela que haberos hecho perder unos días de vuestra vida sonándoos la nariz… salvo aquellos de vosotros que estéis entrenando para la competición interanual de expectoración y flema, en cuyo caso los constipados suponen ocasiones excepcionales para entrenar.

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