VII. Vasconia cántabra, marinera y turística

Posted by on 03/02/2017
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parroquia

Parroquia del Santo Cristo de San Severino, en Valmaseda

Cambiar los neumáticos de la moto justo antes de cruzar la frontera me va a obligar a hacer una parada logística en San Sebastián o en Irún. Podría evitarla estirando las cubiertas unos cientos de quilómetros más, que pueden aguantar, pero entonces me tocaría cambiarlas en Francia y perdería en precio lo que iba a ganar en rodaje (aparte el inconveniente del idioma), de modo que no vale la pena. Previendo este pormenor trazo mi ruta: desde La Matanza me dirijo a Valmaseda con idea de puentear luego Bilbao antes de retomar el litoral.

Bajos de la casa consistorial de Valmaseda

Bajos de la imponente casa consistorial de Valmaseda

Elongado como un pez y acostado a la orilla izquierda del río Cadagua, sobre una calzada romana, Valmaseda es una localidad pequeña cuyo núcleo central lo forman media docena de calles peatonales, más bien anchas, en las que -quizá por ser día festivo- veo bastante movimiento. El pueblo fue fundado al final del siglo XII con título de villa, la primera en el Señorío de Vizcaya, y pronto se convirtió en una importante plaza comercial y aduanera que, durante la baja Edad Media, alojó a una numerosa comunidad judía. De él destaco cuatro cosas: la parroquia de San Severino, la casa consistorial, unas cuantas mansiones muy hermosas y las bonitas orillas del Cadagua, con su viejo puente románico.

Río Cadagua a su paso por Valmaseda

Río Cadagua a su paso por Valmaseda

En las barandas de los balcones (esto no sólo aquí, sino por toda la región) y en los alféizares de las ventanas, cuelgan las abiertamente secesionistas inkurriñas y etxeras, pero la enseña más abundante no es ninguna de ambas, sino la aparentemente inocua bandera del Atlético de Bilbao, que en teoría sólo manifiesta una simple pasión por el fútbol, pero cuya interpretación política resulta inequívoca cuando está uno inmerso en este ambiente: son una forma menos clara de reafirmar el nacionalismo… cuando no algo peor.

Balcones con inkurriñas, etxeras...

Balcones con inkurriñas, etxeras…

...y sobre todo la bandera del Atlético de Bilbao

…y sobre todo la bandera del Atlético de Bilbao

Tomando un vino con una tapa junto a la plaza principal, donde está la parroquia, veo salir de misa a una buena cantidad de gente; una escena cada vez menos habitual en España, aunque tal vez no aquí, en el País Vasco, donde me parece que la Iglesia tiene más tirón que en otras regiones y la afluencia de fieles es algo mayor.  De ser ésta una observación acertada, me llevaría a hacerme las siguientes preguntas: el clero vasco, ¿no tuvo nada que decirle a su rebaño respecto al terrorismo?, ¿jugó algún papel disuasorio, lo condenó?, ¿o por el contrario lo sancionó con su silencio? La voz de la Iglesia ejerce innegable influencia sobre los feligreses.

Panorámica del litoral cerca de Lequeitio

Panorámica del litoral cerca de Lequeitio

En las proximidades de Bilbao tienen las carreteras un tráfico denso e incómodo, en parte por sus numerosas y enlazadas curvas, en parte porque los pueblos -muchos de ellos industriales- están bastante próximos unos a otros, factores que estorban los adelantamientos y hacen que la conducción sea lenta y tediosa. Menos mal que, al menos, el paisaje a lo largo de la escarpada costa es muy bonito, cuando no espectacular; y en algunos tramos incluso me recuerda -salvando las diferencias- a Noruega: cerros y montañas, curvas y más curvas, mucha arboleda salpicada de hermosos caseríos construidos en granito, con los tejados de teja portuguesa y las ventanas llenas de macetas floridas, enmarcadas en pintura blanca o roja. ¡Qué casas, qué viviendas se gasta aquí el personal! ¿Cómo no van a estar dispuestos a guerrear por seguir manteniendo el statu quo y preservar sus fueros medievales (es decir, su ventajoso sistema fiscal) aunque hayan quedado obsoletos y ahora resulten absurdos? Mucho me temo que la mayoría de españoles no son conscientes de lo mejor que se vive aquí, del mayor poder adquisitivo de los vascos, muy superior a la media. Venimos a pasar unos días en San Sebastián o en Vitoria, y regresamos a casa sin habernos dado cuenta del agravio comparativo; pero es porque no hemos recorrido los pueblos, donde más se notan las diferencias y el contraste con el resto de España es mayor.

Un pueblo sobre los acantilados del Cantábrico

Un pueblo sobre los acantilados del Cantábrico

No obstante, al hilo del tema, me pregunto si la presión del pueblo llano es suficiente para provocar cambios políticos de calado. Es decir: en esta economía capitalista en que nos hallamos inmersos, donde no se mueve un peón, no cambia una ley ni triunfa un gobernante sin que el Gran Capital lo apruebe, ni nada importante que tenga relevancia para la economía sucede sin que se beneficie cierto stablishment, me pregunto: ¿a cuáles de esos poderes, y cómo, benefician los independentismos?

Puerto de Lequeitio

Puerto de Lequeitio

Rosaura y yo en Lequeitio

Rosaura y yo en Lequeitio

Pasado Valmaseda y tras circunvalar Bilbao recupero la ruta de la costa en Lequeitio, importante destino turístico con un paisaje privilegiado; un hermoso pueblo azul, gris y blanco en el que me detengo largo rato para explorar sus calles llenas de bares, recorrer los muelles y darme un paseo por la playa bajo este sol espléndido y este cielo tan azul. No me importaría darme un baño, pero las horas pasan volando y no puedo etretenerme demasiado si quiero avanzar un poco más hoy.

Playa de Lequeitio

Playa de Lequeitio

Puerto ballenero medieval, data Lequeitio de 1325, cuando lo funda María Díaz de Haro, Señora de Vizcaya, y le otorga una carta puebla con los fueros correspondientes, que dieron lugar a muchos conflictos con las anteiglesias vecinas. Sus ordenanzas municipales, por cierto, se consideran las más antiguas del Señorío de Vizcaya. Hoy, la actividad naval que aquí floreció durante una época está ya muerta, mientras que la sacrificada actividad pesquera declina y retrocede a pasos agigantados frente a la pujante y fácil economía del turismo.

rompientes tras un muelle de Lequeitio

Rompientes tras un muelle de Lequeitio

Dejo Lequeitio atrás para continuar bordeando, por curvas y túneles, este impresionante y bravío litoral, con sus acantilados y roquedos, sus pequeñas calas arenosas y el mar imponente de espumeantes y fieras olas en pugna con las rompientes, hasta ir a parar a Guetaria, cuna de Juan Sebastián Elcano, el primer marino que circunnavegó el globo.

Guetaria

Guetaria

Juan Sebastián de Elcano

Estatua a Juan Sebastián de Elcano

Fundada por los navarros en las postrimerías del siglo XII, y muy pronto conquistada por Castilla, es, junto con San Sebastián, una de las villas más antiguas de Guipúzcoa. Eminentemente marinera y antiguo puerto ballenero, la pesca fue durante siglos su principal actividad económica, y aún hoy tiene una importante flota de bajura, aunque es sobre todo -igual que Lequeitio- un destino turístico regional, famoso por su vino chacolí y sus parrilladas de pescado. Ambas orientaciones, al mar y a la gastronomía, le confieren un agradable ambiente, reforzado por una bonita arquitectura tradicional, típicamente del norte, su trazado y su peculiar orografía.

Una calle de Guetaria

Una calle de Guetaria

El casco antiguo es muy bonito,  formado por tres o cuatro calles paralelas conectadas por cantones de pronunciada pendiente, a veces escalonados, que conducen al puerto y al istmo artificial que lo une con una peña llamada monte San Antón, también conocido como el Ratón de Guetaria por su curioso perfil, donde se yergue el faro y se aloja una pequeña reserva natural con espléndidas vistas hacia todos los rumbos. Me llama especialmente la atención, tanto de cerca como de lejos, la iglesia gótica de San Salvador, bajo cuyos muros hay un amplio pasadizo en arco que conecta el centro del pueblo con el puerto, donde no faltan restaurantes que miran hacia la bahía o la playa.

Iglesia de San Salvador, por debajo la cual se accede al puerto

Iglesia de San Salvador, bajo la cual se accede al puerto

Playa de Guetaria

Playa de Guetaria

En honor de Juan Sebastián de Elcano (que ahora los vascos, despreciando para otros el respeto lingüístico que reclaman para sí, escriben con ka: Elkano) hay un par de estatuas y un aparatoso monumento troncopiramidal, algo faraónico, a modo de mausoleo y entrada simbólica al pueblo, y bajo cuyo dintel figura la inscripción latina primus circundedisti me.

Conjunto arquitectónico en homenaje al famoso viaje de Elcano

Conjunto arquitectónico en homenaje al viaje de Elcano

Aquí hago una parada de dos noches, aprovechando que encuentro una pensión tranquila y bien de precio. El pueblo está abarrotado de gente y se ve muy animado, quizá porque sea día de mercadillo. Oigo hablar mucho vascuence por la calle, más que en cualquier otro pueblo por el que haya pasado; pero tal vez lo que más me choca sea la cantidad de negros que veo por todas partes. Supongo que la riqueza de esta región atrae como a la inmigración ilegal como un queso a los ratones. No deja de ser un poco irónico el hecho de que esa misma riqueza que los vascos defienden a muerte sea la que, al final, venga a diluir su purísima sangre cero negativo y a mezclarla, no con la vil sangre del imperialismo español, sino con la remota sangre africana. Una ocurrencia facilona, lo sé.

Guetaria desde el monte San Antón

Guetaria desde el monte San Antón

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