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El romero que vaga hacia Ninguna Parte no quiere volver sobre sus pasos ni recorrer dos veces el mismo camino. Si ese destino suyo desconocido, acaso inexistente, no se hallaba en donde ya estuvo, ¿a qué acudir allí otra vez? La búsqueda ha de continuar por nuevos derroteros. Pues aun así, a mi pesar, hoy va a ser la primera vez en este viaje que vuelva grupas por un lugar ya andado; y no será la única: la geografía noruega así lo impone. Y es que muchos son los rincones perdidos de este país que no tienen más salida que la carretera de entrada. A esta clase de lugares, Unamuno los llamaba pueblos terminales, y decía de ellos que solían ser más fecundos en personajes notables. Tanto como Unamuno yo no sé, pero ¿cómo dudar de que tales pueblos aislados, que no están de paso a otra parte alguna y de los que, cuando se llega, ha de regresar el viajero por el mismo camino que allí lo trajo, al estar menos expuestos al río social conservan por más tiempo sus ideas y costumbres? Sigue leyendo






