El Decálogo de la inmigración ilegal

Affricans assulting Spanish border's fence

Africanos asaltando la valla de la frontera española

1. Para aceptar inmigrantes en España, primero debemos estar seguros de que nos hacen falta. No necesitamos más parados. Que la caridad hacia el prójimo no se convierta en falta de caridad hacia nosotros mismos.

2. Una vez seguros de que podemos mantenerlos, sean bienvenidos; pero únicamente quienes entran por cauces legales. Habría que flexibilizar estos cauces, pero jamás premiar a quienes se los saltan.

3. Agredir a un agente de la Autoridad es, en nuestro ordenamiento, un delito. Cualquier inmigrante que cruce la frontera española agrediendo a las Fuerzas de seguridad se convierte, desde ese mismo instante, en un delincuente. No necesitamos delincuentes en España.

4. Culpar de los asaltos a las fronteras a las mafias de traficantes es demagogia gubernamental. La responsabilidad de éstas es secundaria. Quienes destruyen las vallas y agreden a nuestros agentes son los supuestamente exhaustos, hambrientos, débiles y moribundos inmigrantes, no los mafiosos.

5. Es fácil ser generoso con el dinero ajeno. Quienes, en nuestra sociedad, se sientan más humanitarios y estén a favor de compartir nuestra riqueza con los inmigrantes, deberían acogerlos en sus casas y mantenerlos a sus expensaas hasta que fueran capaces de hacerlo por sí mismos; sanidad y educación inclusive; pero no imponer a los demás contribuyentes esa carga. El altruismo no se puede imponer.

6. El problema de las fronteras españolas es un problema español, no de la Unión Europea. No necesitamos el permiso de otros países para defenderlas. La mayoría de los ilegales que entran a España se quedan aquí; no se dispersan por toda Europa. En España el clima les es más favorable y, sobre todo, ¿en qué otro país europeo iban a estar más protegidos y mimados?

7. Si de verdad quisiéramos ayudar a los subsaharianos, empezaríamos por aliviar la presión sobre sus recursos naturales. Lo demás es hipocresía. Menos consumo y menos derroche en occidente; esta es la única forma coherente de ayudar al tercer mundo. ¡Pero entonces no hay crecimiento económico! Ambas cosas a la vez no pueden ser.

8. La filantropía y solidaridad con los agresivos inmigrantes que asaltan nuestras fronteras es gravísima y contradictoria falta de filantropía y solidaridad hacia aquellos otros que, precisamente por más débiles y necesitados, no pudieron ni siquiera emprender el camino.

9. Si tenemos que aceptar inmigrantes y de verdad queremos ser humanitarios, deberíamos ir nosotros a sus países de origen y traernos a los más necesitados, en lugar esperar que vengan los más brutos y premiar su osadía de querer entrar por la fuerza.

10. Por último, quitémonos la máscara de la hipocresía. Confesemos la verdad: a poca gente le importan los negros muertos en Ceuta, los que se ahogan en pateras, los que perecen por el desierto… Poca gente quiere a esos inmigrantes aquí. Dejemos de fingir compasión por sus tragedias. Quisieron entrar por la fuerza. Perecieron. Mala suerte.

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Western Union: prácticas fraudulentas

wuxSi estás pensando en enviar dinero a través de Western Union, ¡CUIDADO! Puede convertirse en una trampa indignante. De hecho, en un timo muy sutilmente diseñado.

Digamos, por ejemplo, que quieres enviar 300 € a Alguien que vive en Paisextranjero. Vas a la web de Western Union y haces clic en su enlace “enviar dinero ahora”. Buscas Paisextranjero en el desplegable de países, rellenas los campos del formulario, eliges el servicio “dinero en minutos” y, tras proporcionar los datos de tu tarjeta bancaria, completas la transacción. Aquí es donde empieza la fiesta.

Lo primero que hace Western Union, antes que ninguna otra cosa, es adeudar el cargo en tu tarjeta, los 300 € más el coste del servicio; y sólo después hacen ciertas comprobaciones TOP SECRET… tras las cuales te devuelven un mensaje algo así como: Nuestro sistema no ha autorizado su envío, y alegremente te sugieren que intentes enviar el dinero otra vez. ¡No lo hagas!: volverán a hacerte el cobro en la tarjeta, pero desautorizarán de nuevo el envío.

Puesto que al cliente-victima no le proporcionan As ninguna información sobre las razones para no autorizar el envío, yo llamé a su número de atención al cliente, y el empleado me dijo: lo sentimos, pero no tenemos el servicio ‘dinero en minutos’ para Paisextranjero. Pero en ese caso, si su web te deja pagar un servicio que luego no suministran, a eso se le llama engaño. Western Union debería eliminar la opción ‘dinero en minutos’ para aquellos países donde no facilitan ese servicio; pero, en vez de eso, te lo dicen sólo tras cobrarte el dinero de la tarjeta (y únicamente si llamas a atención al cliente). Pero, como verás si sigues leyendo, hacer el cargo en tu tarjeta es precisamente lo que quieren.

Así que le pregunté al empleado: “Entonces, ¿cómo puedo enviar dinero a mi amigo Alguien, que vive en Paisextranjero?” Le puede hacer una transferencia online con Western Union a su cuenta bancaria, contesta. “¿Está seguro de que eso funcionará?” Totalmente seguro, señor: una transferencia a una cuenta bancaria sí se autorizará. “¿Y qué pasa con el cargo que ya han hecho Vds. en mi tarjeta?” ¡Oh!, no se preocupe, señor: se lo devolverán entre tres y cinco días laborables.

Entonces el ingenuo cliente-víctima repite el proceso, salvo que esta vez elige la opción “transferir el dinero a una cuenta bancaria”. ¿Pero qué ocurre? Que Western Union te hace un nuevo cargo en la tarjeta para devolverte de nuevo al lugar de partida: “envío no autorizado”, y te sugiere que intentes enviar el dinero por tercera vez.

Aquí es cuando ya empiezan a entrarte ganas de estrangular a alguien. Les llamas otra vez a su atención al cliente, te quejas y les preguntas por qué esta vez tampoco han autorizado el envío, pero ahora te darán la respuesta más insultante que se haya podido inventarLo sentimos, pero por razones de seguridad, para SU protección, no podemos ‘divulgar’ esa información. ¿¡Qué coño!? No estás pidiéndoles que “divulgen” nada; sólo quiere saber por qué te llevan ya cargados más de 600 € en la tarjeta y Western Union no va a enviar ni un céntimo al destinatario. Pero si insistes en que te den explicaciones, el empleado empezará a comportarse como un autómata, repitiendo una y otra vez: para su seguridad, no podemos divulgar esa información, señor; y entonces te rindes, porque te das cuenta de que es inútil hablarle a un robot.

Western Union nunca te dará ninguna información en absoluto sobre el motivo de rechazar tu envío; pero lo que es más importante, no serán capaces de explicar por qué verifican-desautorizan la transferencia DESPUÉS de adeudarte la tarjeta bancaria, en lugar de ANTES. ¿Por qué diablos no comprueban lo que tengan que comprobar antes de hacerte el cargo, y no después? Ni siquiera mi fantasía es capaz de concebir una razón para no llevar a cabo sus malditas verificadiones Top Secret previamente a darte la opción de continuar con la operación. Pero, como leerás pronto,  aquí es donde se esconde el fraude.

Después de ocurrirme esto, escribí una queja en el muro de Facebook de Western Union. Su encargado me respondió con celeridad, pero su contestación fue tan amable como inservible. A lo largo del “diálogo” que se estableció entre ellos y yo en su muro, les pedí hasta tres veces que me dieran una explicación creíble, que no ofendiese mi inteligencia, para no hacer sus comprobaciones ANTES de adeudar las tarjetas de sus víctimas. Pero las tres veces ignoraron por completo mi pregunta, exactamente igual que si no la hubiese escrito. Pocos días después, eliminaron todo rastro de esa conversación en su muro, para que nadie pudiera leerla.

También escribí a su departamento de atención al cliente, haciéndoles tres preguntas:

P 1: ¿Por qué no autorizaron mis envíos, si Vds. ya habían hecho el cargo en mi tarjeta y tenían el dinero asegurado?
R 1: Por razones de seguridad, no podemos divulgar esa información, etc.

P 2: ¿Por qué no desautorizan el envío antes de adeudar los 300 € en mi tarjeta? Sin respuesta. Pregunta ignorada.

P 3: ¿Cuándo me devolverán el dinero a la tarjeta?
A 3: ¡Oh!, pregunte a su banco. Debería obtener una devolución total en diez días laborables.

Un mes después de adeudarme 600 € en la tarjeta bancaria, Western Union no ha realizado el envío ni me ha devuelto el dinero.

Así es como funciona su estafa: Western Union carga la tarjeta de la víctima y luego desautoriza el envío. El banco emisor de la tarjeta retiene el dinero todo el tiempo que le dé la gana, con lo cual obtiene crédito gratis por valor quizá de algunos millones, y Western Union se lleva una comisión por hacerles este “pequeño favorcillo” a los bancos. (Echa las cuentas: si desautorizan mil o dos mil transferencias diarias en todo el mundo, el crédito gratis que pueden obtener es del orden de las seis cifras.)

Además, cuando Western Union te remite a tu banco para el tema de la devolución, están echando balones fuera. No se trata de un asunto entre el cliente y su banco, sino un asunto entre la víctima y Western Union. Es esta compañía la que ordena el adeudo en tu tarjeta, y por tanto ellos tienen la obligación legal de responder por el dinero retenido a consecuencia de una operación que, para colmo, han rechazado por razones que ni siquiera te explican.

Y así es como Western Union le pone la guinda al pastel: Cuando comprendes este engaño, tal vez se te ocurra denunciarlos o pleitear contra ellos; pero cuando te pones a buscar quiénes son en realidad, y dónde tienen su sede social, resulta que la tienen en el apartado postal 7850 de Atenas, Grecia.

¡Grecia! Esos bandidos de Western Union tienen su sede social en Grecia, sin representación legal alguna en tu propio país. No tienes la más mínima posibilidad de emprender acciones legales contra ellos en Grecia. El cliente-víctima está por completo indefenso.

Así es Western Union: una empresa deshonesta. Un fraude. Una estafa impune.

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Los ucranianos sin voz

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Durante las últimas dos semanas, desde que brotó todo este problema en Ucrania cuando su primer ministro se echó atrás de unos tratados comerciales con Europa, al parecer bajo la influencia rusa, y los ultra nacionalistas organizaron las revueltas y tomaron las calles (con o sin razones legítimas, eso lo ignoro), arrastrando a los suyos hacia predecibles, casi suicidas muertes, y a su país al borde de una guerra civil, mi Facebook se ha visto abarrotado, casi tomado, por los posts de mis contactos ucranianos, que son unos cuantos.

En efecto, a lo largo de los tres meses que pasé en Ucrania conocí a mucha gente, la mayoría estupendos y amistosos muchachos; gente variada, de diversas partes del país, distintos antecedentes y, por supuesto, diferentes credos políticos. Y entre estos conocidos raro es el que no se definía a sí mismo como pro-ruso o pro-europeo. Pese a compartir, según yo los percibí, el mismo carácter y cultura (con algunas excepciones), me quedó la impresión (espero que acertada) de que sus opiniones políticas dividen a los ucranianos claramente en dos grupos básicos: los que creen en la nueva Ucrania surgida tras la independencia, absolutamente diferenciada de Rusia en cualquier aspecto, sobre todo en el idioma (pese a ser tan similar al ruso que, estudiando yo éste, podía entender igual aquél), y los que añoran la era soviética y no les importaría, o incluso querrían, volver a formar parte de Rusia, o al menos aliados mucho más cercanos.
Pero había también una diferencia esencial, aunque sutil, entre mis amigos de un tipo y del otro: en general, se contaban más estudiantes y gente joven entre los nacionalistas acérrimos y más trabajadores y gente mayor entre los nostálgicos, por así decir. En consecuencia, también había más gente que hablaba buen inglés entre los primeros, que a su vez también estaban más conectados a internet y las redes sociales, que entre los segundos, con quienes la comunicación era con frecuencia difícil, y que por término medio eran más ajenos a las nuevas tecnologías; los ucranianos del oeste tenían quizá el tiempo, la edad y los recursos para estar en el “mundo global”, mientras que los del este estaban acaso demasiado ocupados trabajando en sus feas ciudades industriales.

Esta exposición puede parecer muy simplista, pero no lo es tanto: de hecho, me llegaron entre diez y veinte veces más “friend requests” al Facebook desde los pro-europeos que desde los pro-rusos (si se me permite la generalización).
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¿A dónde quiero llegar con esto? Mi planteamiento es sencillo: según mi propia experiencia, aventuraría la tesis de que la percepción que estamos teniendo en Europa de los acontecimientos que agitan a Ucrania estos días, está muy lejos de ser una muestra representativa de la realidad ucraniana. La información que nos llega está demasiado sesgada, o mejor dicho incompleta. Casi sólo escuchamos la voz de Ucrania occidental, los independentistas más convencidos (cuando no radicales); los del otro lado no llegan hasta nosotros, no hablan inglés ni usan Facebook o Twitter, al menos no en inglés, ni en alemán. Los europeos, y occidente en general, no podemos escuchar sus voces.

Son ucranianos sin voz; pero yo también quiero escuchar y conocer sus opiniones; de lo contrario, no podré ni acercarme a tener una idea acertada y fiable sobre lo que está ocurriendo en Ucrania.

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Bernedo

 

El cielo azul de la tarde, asomando entre los cúmulos, me sonríe invitándome a dar un paseo en moto. Bien, pero, ¿a dónde ir? En esta época del año, el sur es casi siempre el rumbo más seguro; así que cojo la indumentaria y, en un periquete, ya voy a dos ruedas sobre la carretera que lleva al condado de Treviño, ese trozo de Burgos que quedó apresado entre términos municipales alaveses. Como he salido algo tarde, se alargan ya las sombras sobre el asfalto cuando llego a la taberna Dulanto, parada idónea para un cafelito que me atempere el cuerpo.

Parada en la taberna Dulanto, Burgos.

Parada en la taberna Dulanto, Burgos.

He dicho de ir hacia el sur, pero aún no sé, en realidad, hacia dónde en concreto me dirijo. Como otras veces, me dejaré guiar por la inspiración, o más bien por el capricho. Donde vea una aldea que me llene la vista, acaso la torre de una iglesia entre la arboleda o algún pueblo que dormite entre sembrados, ahí guiaré la moto.

Tras cruzar el río Ayuda, que es el corazón de Treviño, en un bajío a mi izquierda, destacando sobre el campo verdegrís bajo un sol que ya declina, los tejados de Pariza me tientan; pero los dejo pasar: tengo más ganas de carretera, de divertirme tomando las curvas de algún puerto.

Pariza, en el camino a Bernedo.

Pariza, en el camino a Bernedo.

Al cabo, pasados otros pueblos castellanos, es Baskonia de nuevo y ahí encuentro lo que busco.

A seis leguas de Vitoria, al pie septentrional de la cordillera de cerros que dividen Álava de Navarra, donde las aguas de los ríos Ega e Inglares unen las tierras de una y otra región, se encuentra la villa de Bernedo, que fue cuartel general de las Provincias Vascongadas a finales del siglo XIX: un medieval enclave fronterizo, paso obligado para mercaderes y viajeros entre Castilla y la llanada Alavesa, puerta al desfiladero de Roñes y paso muy frecuentado de arrieros de Aragón, Navarra y Castilla hacia el Cantábrico.

Tejados de Bernedo bajo la sierra de Cantabria.

Bernedo bajo la sierra de Cantabria.

La sierra de Cantabria, que así se llama, deja ya en sombras el valle y dibuja su perfil en los cerros del lado opuesto, que lo protegen del frío norte. Sobre éstos, un estrato de nubes plomizas le da a la tarde una luz azulada y húmeda, de granito y acero.

Tejados de Bernedo a la luz azul de la tarde.

Tejados de Bernedo a la luz azul de la tarde.

Ruedo muy despacio, ascendiendo por la empinada cuesta que lleva a la plaza, y me hace sentir pequeño el imponente flanco norte de la iglesia-fortaleza, que no puede disimular su función defensiva original.

Iglesia dedicada a la Natividad de Nª Señora.

Iglesia dedicada a la Natividad de Nª Señora.

Aparco a Rosaura en la amplia y silenciosa plaza, junto al pórtico de la iglesia, cabe una hilera de árboles recios y ñudosos, recién podados. Miro a mi alrededor: algunas columnas de humo blanquiazul, destacándose contra el bosque desnudo, delatan vida en los hogares; pero no se ve ni un alma.

Plaza de Bernedo

Plaza de Bernedo

Rodeo la iglesia y me adentro en las calles desiertas y umbrías. Los antiquísimos orígenes de Bernedo se remontan a los focenses, colonos griegos que la fundaron con el nombre de Velia, y así figura entre las ciudades del convento jurídico de Clunia. Muchos siglos después, aunque en fecha incierta, sobre Velia se fundaría Bernedo, cuyo nombre aparece por primera vez en la historia cuando, en 1182, Sancho de Navarra –apodado el Sabio– le otorga fuero de población, como a tantas otras villas que  ya he visitado. Y a semejanza de ellas, se construye también como plaza amurallada, con tres calles horizontales paralelas a la falda de la sierra comunicadas entre sí por callejas y cantones, y dominada por un castillo, ahora desaparecido.

Traseras de la iglesia

Traseras de la iglesia

Callejón entre dos de las calles principales

Callejón entre dos de las calles principales

Una inscripción casi insólita, sobre la fachada de una casa céntrica y aislada, junto a la plaza, llama mi atención y me tiene allí clavado unos minutos. La leo una y otra vez: “En la casa del que jura no faltará desventura. La maldición de la madre abrasa y destruye de raíz hijos y casa.” Es la primera vez que me encuentro ante una casa maldita. ¿Qué tragedia esconderán esas palabras? ¿Qué leyenda hay tras de ellas? Pero nadie veo a quién preguntar, y me quedo con la intriga.

Casa maldita de Bernedo

Casa maldita de Bernedo

A lo largo de su historia, gozó Bernedo de singulares gracias y privilegios, como la interdicción de los desafíos o la prohibición de usar las pruebas vulgares de agua caliente y hierro hirviendo, así como la exención de pagar derechos de aduana; y, aunque el rey navarro Carlos II les impuso la gabela de portazgo, los villanos apelaron al rey de Castilla para que intercediese por ellos, con éxito.

El consistorio de Bernedo

El consistorio de Bernedo, antiguo palacio de los Gamiz

Puerta la Sarrea desde intramuros

Puerta la Sarrea desde intramuros

Mis pasos pronto me encaminan a la puerta de la Sarrea, única de las tres entradas que se conservan de la antigua muralla que defendía a la villa. Puertas afuera, continúo un trecho por el camino hacia la ermita, que va ascendiendo en suave pendiente la ladera y desde donde voy ganando una bonita vista sobre el pueblo. El sol ya únicamente alcanza a iluminar las crestas de los cerros fronteros.

Bernedo desde la puerta Sarrea

Bernedo desde la puerta Sarrea

Es un pueblo recogido y bien cuidado, como la mayoría en esta tierra; con bonitas casas bien conservadas o restauradas, y ambiente apacible y acogedor aun en esta fría tarde invernal. Un pueblo cuyas piedras tal vez sueñan con viejas glorias pasadas, añorando su muralla y su castillo de Castilla, y que acaso incluso recuerdan su pertenencia a Navarra, aunque ya a finales del s. XIV, por acuerdos y avenencias entre ambos reinos, el navarro Carlos III había dado la fortaleza en tenencia al castellano Enrique II, quien encomendó su guarda a los alcaldes de la propia villa.

Viejo granero extramuros de Bernedo

Viejo granero extramuros de Bernedo

Curioso balcón sin barandal.

Curioso balcón sin barandal

Pero no fue sino hasta finales del siglo XV que Bernedo se incorporó definitivamente al reino de Castilla, otorgándole los reyes el mando de la plaza a Pedro López de Ayala, el Comunero, que después (como ya conté en mi visita a Salvatierra) se levantaría contra su rey, Carlos V, en la guerra de las Comunidades, siendo a la sazón alcalde de Bernedo don Diego Martínez de Álava, quien obtuvo para la villa, de los RR. Católicos, los mismos fueros que tenía Vitoria. Mal, en cambio, pagaron los villanos a este alcalde, pues en esa misma guerra apresaron a su hijo y se levantaron contra la Corona. Al terminar la contienda, derrotado el Comunero, la villa volvió a ser gobernada por los Martínez de Álava.

Un umbral bien cuidado.

Un umbral bien cuidado

El pórtico de la iglesia de la Natividad, mirando hacia la plaza.

El pórtico de la iglesia de la Natividad, mirando hacia la plaza

Llena mi imaginación de yelmos y espadas, almenas y portazgos, vuelvo sobre mis pasos hacia la plaza, con su magnífica iglesia. Unos niños desaparecen tras un recodo y los sigo por curiosidad, pero ya no veo ni rastro de ellos, y sólo escucho el eco fantasmal de sus voces. ¿Lo habré soñado? Continúo callejeando y vengo a dar a un romántico rinconcito donde un bebedero con tres caños amonesta, desde hace un siglo y medio, con pena de cuatro reales a quien allí lavare. Tuvo Bernedo, además, cierta importancia cultural en la región, pues en 1608 se fundó aquí la Casa del Latín, una preceptoría laica de gramática al servicio de la Iglesia, que aún funcionaba a principios del siglo XX. Hasta antesdeayer, como quien dice.

Fuente bebedero, con su amenaza de multa.

Fuente bebedero, con su amenaza de multa

Antes de emprender el regreso, bajo a pie hasta la carretera, donde al llegar vi un bar abierto. Es el único lugar del pueblo que muestra alguna vida; pero ya no es hora de tapas ni pinchos, sino que me apetece un cacao calentito que me caldee un poco las carnes antes de subir a lomos de Rosaura y cabalgar por la carretera de vuelta al siglo XXI.

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Vileza europea respecto a Ucrania

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La hipocresía de Europa respecto a los recientes acontecimientos en Ucrania es doble y notable.

Por un lado, casi la totalidad de los medios de comunicación -probablemente de la sociedad también- jalea (con enfermizo e íntimo regocijo) a esos ucranianos que están luchando y muriendo por un acercamiento Europa pese a que ningún país de la Unión quiere a Ucrania dentro del club. Desde nuestro insufrible complejo de superioridad, sonreímos bobamente al ingenuo europeísmo de la sociedad ucraniana (¡ojo!: sólo parte de esa sociedad) y amenazamos con sanciones a su gobierno, que no olvidemos fue elegido democráticamente, por hacer lo que España no tiene los redaños de hacer: sofocar la ilegítima violencia con legítima violencia.

Por otro lado, nos felicitamos con no menos insufrible autocomplacencia por nuestra condena hacia todo lo que signifique extrema derecha, y alardeamos de nuestros sistemas protectores y garantistas, defensores de minorías oprimidas, pero al mismo tiempo ignoramos, o preferimos ignorar, que estas revueltas en Ucrania están inflamadas precisamente por la extrema derecha, que suponen un nacionalismo radical y que desde hace veinte años esa media Ucrania discrimina y pisotea el derecho natural que el tercio rusófono de su ciudadanía tendría a que su lengua se reconozca igual que el ucraniano: el ruso -quizá muchos lo ignoren- no es lengua oficial en Ucrania pese a ser el idioma materno de diecisiete millones de ellos.

Y así, según aplaudimos el irremediable romanticismo eslavo y abrigamos el inconfesable, morboso deseo de una revolución bañada en sangre, ellos mueren por docenas sobre los gélidos adoquines de sus ciudades, con la temeridad que sólo los eslavos saben mostrar ante la muerte.
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Fe de vida

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Aunque en principio nadie lo diría, la Fe de vida es el documento administrativo más extraordinario y valioso que burocracia alguna haya concebido jamás; y no me extrañaría enterarme de que sólo existe en España, o de que lo hemos inventado nosotros. La idea fundamental que subyace tras una fe de vida, y la causa de que pueda coexistir, en aparente paradoja, con un certificado de defunción del mismo individuo, es probablemente la naturaleza dual que el sistema jurídico español reconoce al hombre, igual que la física hace con la onda-corpúsculo o con el principio de incertidumbre de Heisenberg: que somos a veces una cosa y a veces otra, y que, como el gato de Shroedinger, podemos estar vivos o muertos con la misma probabilidad, sin que tal circunstancia pueda conocerse de antemano ni ser predicha con seguridad. De aquí la necesidad de tener algún modo para demostrar un extremo u otro, según se trate.

Pero gracias a la fe de vida podemos acreditar documentalmente nuestra existencia ante el más incrédulo funcionario o el más receloso agente de seguros, con mucha mayor eficacia y certeza que nuestra mera, y probablemente engañosa, presencia física ante él.

Más interesante aún, sin embargo, que el fundamento de la fe de vida y que su objeto principal como utilidad burocrática, es una sorprendente consecuencia beneficiosa que tal documento se deriva: y es que al certificar, con validez de tres meses posteriores a su expedición que el titular está vivo, resulta que no existe mejor garantía, durante dicho plazo, contra una posible muerte sobrevenida, ya que el Ministerio de Justicia, con toda la fuerza de la ley, así lo avala. De modo que con una fe de vida en el bolsillo podemos arrostrar cualquier peligro, intentar arriesgadas proezas o exponernos a las peores condiciones de salubridad, con la certeza de salir con vida siempre que no hayan transcurrido tres meses tras su expedición.

Ahora bien: con mucho, lo más extraordinario e insólito de la fe de vida, lo que la hace un instrumento tan sorprendentemente singular, es que puede obtenerse… ¡incluso estando muerto!, pues en efecto, para su expedición no es necesario personarse en oficina alguna, sino que es suficiente con que cualquier otra persona acuda al Registro Civil portando el DNI y un certificado médico reciente del difunto.

¡Esta es mi España!

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Etiología de la gripe

En este capítulo de mi pequeña enciclopedia médica ilustraré la etiología y evolución de la gripe o resfriado común, para lo cual voy a utilizar un símil mecánico; uno, por cierto, muy adecuado a la ocasión: el gripaje de un motor. En efecto, ambas palabras, gripe y gripar, tienen la misma etimología (no confundir con etiología): provienen del proto-germánico gripiana y se incorporaron al español a través del francés grippe, que significa “agarrar”.

El famoso gripado de un motor, que no es sino un agarrotamiento de sus piezas, tiene lugar cuando, falto de lubricación, a causa del rozamiento se produce una fuerte elevación de la temperatura y consiguiente dilatación de los elementos metálicos (principalmente el pistón y el émbolo) hasta el punto en que, siendo mínima la holgura entre ellos, se comprimen unos contra otros y llegan a impedir por completo el movimiento.

Pues bien: con la gripe ocurre lo mismo: los microbios del resfriado tienen el efecto de provocar una sobreproducción de mocos en las fosas nasales, donde, a falta de espacio, se extienden tanto hacia abajo (la molesta mucosidad que todos sabemos) como hacia arriba, invadiendo el cerebro y desplazando en su avance al líquido encefálico. Esto da lugar al conocido “cerebro nadando en moco”, síntoma principal de la gripe. El moco, que tiene mayor viscosidad que el líquido encefálico, amortigua la oscilación natural de las neuronas y llega a congestionarlas por completo, o griparlas, exactamente igual que sucede con un motor. Es por esto que, ya con las neuronas gripadas, experimentamos ese agarrotamiento mental cuando estamos resfriados. De aquí el galicismo gripe que se ha usado para nombrar esta enfermedad.

Espero haberos aclarado las cosas, y que en adelante sepáis que la gripe no es más que eso: el bloqueo neuronal producido por una excesiva acumulación de moco en el cerebro. Así, pues, no os preocupéis: una vez que la enfermedad se va curando, el líquido encefálico vuelve a su lugar y los síntomas desaparecen sin mayor secuela que haberos hecho perder unos días de vuestra vida sonándoos la nariz… salvo aquellos de vosotros que estéis entrenando para la competición interanual de expectoración y flema, en cuyo caso los constipados suponen ocasiones excepcionales para entrenar.

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Beatlemanía, medio siglo después

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He aquí un excelente artículo que bien vale la pena los diez minutos de lectura y hacer el esfuerzo de traducir el inglés; no sólo por mor de una sana nostalgia, sino como una valiosa referencia para muchos acontecimientos sociales de nuesros días:

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beatlemania
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¿Quién lo diría? Apenas una semana antes de este inmortal acontecimiento que sacudía el mundo, otro -infinitamente menos importante- tenía lugar en un rincón perdido de una España casi medieval: entre los olores del ganado y la alfalfa, de las boñigas y las colmenas, entre el sonido de las herraduras sobre el pedernal y el canto de los gallos al dilúculo, nacía un niño que había de crecer para convertirse en un fiel devoto de aquella misma banda musical.

En efecto, de adolescente los Beatles significaron para mí el mundo mágico de la música, el misterio del amor, el viaje de las emociones. Y muchas, muchas cosas más. Me evoco a mí mismo en la soledad del serio salón familiar, poniendo una y otra vez los pocos discos que mis pobres ahorros me permitían comprar. Con la cabeza entre los altavoces para no perder ni una sola de sus palabras (en ese idioma, el inglés, tan nuevo y extraño para mí), ni uno solo de sus acordes, ni el más pequeño matiz de sus mensajes, más de una vez se me escaparon por los ojos la emoción y el sentimiento.

Años después, los Beatles se convirtieron en el símbolo de identidad de mi generación. Me aprendí de memoria sus canciones, su discografía y sus vidas. Me estremecía y me extasiaba con el llanto, los gritos y los desmayos de sus fans, al verlos en la tele. Los admiraba a la vez que envidiaba aquella beatlemanía. Lamentaba infinitamente que no existieran ya como un grupo (corrían los años 70) porque no podría verlos alguna vez en directo, y en este sentido el asesinato de John Lennon me contrarió menos por su muerte que por significar un fatal punto irreversible.

Y, pese a todo, aún no comprendía lo que los Beatles supusieron. Todavía hubieron de transcurrir dos décadas más (¡dos décadas!) para, ya la cabeza bien asentada sobre los hombros, aprehender yo la verdadera sustancia de aquel fenómeno que había tenido lugar en los 60, todo el alcance de su influencia, el pleno sentido y significado de su música y, sobre todo, el mérito único y colosal del logro de aquellos cuatro chavales que, a la edad que tienen ahora mis propios sobrinos, protagonizaron lo que tal vez haya sido la mayor y más verdadera revolución social espontánea de todos los tiempos; y, sin lugar a dudas, la beatlemanía supuso un momento en la historia que no habrá de repetirse jamás… algo que ocurrió apenas una semana después del día en que yo nací.

Hoy, todo aquello no es ya más que nostalgia y añoranza; un recordatorio agridulce del despiadado transcurrir del tiempo…

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¿Qué fue del condicional?

Así es: ¿dónde quedó el condicional? Recuerdo que, hace muchos años, cuando hacía yo mis pinitos en un animado foro literario hoy difunto, uno de los contertulios me comentó en cierta ocasión: “tus contribuciones me resultan fáciles de reconocer porque eres casi el único en el foro que utiliza bien los condicionales”. Aquello era algo en lo que yo nunca había reparado con anterioridad, pero desde entonces empecé a prestar más atención al uso de este tiempo verbal, y vengo observando (aunque por supuesto no dispongo de datos estadísticos que avalen esta observación) que, quizás cada vez con más frecuencia, la gente utiliza el pluscuamperfecto de subjuntivo en lugar del condicional. Sobre todo los así llamados profesionales de la comunicación; tal vez no porque cometan este error con más frecuencia que el resto de los españoles, sino porque se les note más. Sea como fuere, y dado que el uso que ellos hacen del lenguaje encuentra tan directa y -casi siempre- nefasta réplica en la población, desearía con todas mis fuerzas que se aplicaran un poco a repasar esta regla del idioma y corrigieran tan frecuente vicio. El Periódico de Extremadura ha tenido la deferencia de hacerse eco de este deseo.

pulscuamperfecto

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Represión en Ucrania: el lengüicidio del ruso

banderaUcrania

Estos son algunos hechos:

A) Según encuestas anuales llevadas a cabo por el Instituto de Sociología de la Academia Nacional de Ciencias (Ucrania), entre 1994 y 2005:
1.- Por término medio, el ruso es la lengua materna del 36% de la población ucraniana.
2.- En torno al 34% de la población habla principalmente ruso en el ámbito familiar, mientras que el 26% habla indistintamente ruso o ucraniano. Es decir que un 60% de los ucranianos hablan con frecuencia el ruso en casa, más de la mitad de los cuales hablan sólo el ruso.
3.- Aproximadamente un 47% de los encuestados creen necesario que el ruso sea también lengua estatal en Ucrania, mientras que el 34% se opone.

B) Según el censo oficial de 2001, el ruso es el idioma materno del 29.3% de la población total. Sin embargo,

C) Según una encuesta del Instituto Internacional de Kiev para la Sociología, realizada en 2004, el número de gente que habla ruso en familia es netamente superior al que refleja el censo: en torno a un 45% de la población hablaría ruso en casa; una cifra similar a la obtenida para el ucraniano.

D) Según un reciente estudio realizado en 2012 por RATING (una ONG ucraniana), el 40% de los encuestados mayores de edad (> 18 años) afirman que su lengua materna es el ruso, frente al 55% del ucraniano.

E) En 1991, cuando Ucrania se independizó, el nuevo Gobierno decretó que el ucraniano fuera el único idoma estatal. Desde entonces y hasta nuestros días, la población rusoparlante de Ucrania es el grupo lingüístico más grande en la Europa moderna cuya lengua no es oficial en el Estado.

Esta es mi opinión:

A eso lo llamo yo un lengüicidio; represión; pura y absurda venganza sobre millones de personas que no son culpables de la previa rusificación de Ucrania por la URSS. Esto merece una tajante reprobación, condena, e incluso la lucha. El hecho de que Ucrania haya estado oprimida por Rusia no es excusa para la represalia sobre otros. Esto pone a los ucranianos al mismo nivel que los rusos, y pierden toda solvencia moral.
Por eso, a la vista de los últimos acontecimientos en Ucrania y a falta de información no sesgada, no puedo evitar preguntarme quiénes son los opresores y quiénes los oprimidos.

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