Peñacerrada

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Es un espléndido día soleado de mediados del verano en Álava, ideal para una pequeña excursión en moto. Cojo el mapa y elijo al azar una ruta. Me pongo en marcha. La carretera culebrea en una sucesión de divertidas curvas que la horquilla delantera de Rosaura toma con aplomo. Asciendo un pequeño puerto y noto, traspasándome la ropa, el aire fresco y húmedo de la fronda que atravieso, impregnado de un aroma verde y tonificante. Cambia el paisaje: fértiles campos, ajedrezados de pastos y agostados cereales, coronados con manchas de oscuro boscaje. Ahora huele a paja y estío. Al cabo de un rato diviso en la distancia, sobre un promontorio, el campanario de una iglesia y, a su alrededor, el racimo de los tejados: es la pequeña villa medieval de Peñacerrada.

Carretera a Treviño y Vitoria

Carretera a Treviño y Vitoria

Rebautizada Urizaharra, con escaso fundamento, por parte de las autoridades regionales (en su orwelliano proyecto de crear una nueva historia), tiene el pueblo su origen, al parecer, en una aldea navarra (Uria-Zarra) del s. VIII que se emplazaba en un monte vecino, hasta que fue abandonado por sus habitantes para trasladarse a la nueva población, Peñacerrada, donde el vascuence, andando el tiempo, cayó en total desuso. Primero, en el s. XII, se erigió la iglesia y, en torno a ella, pronto creció la que sería villa de Peñacerrada al recibir en el s. XII los fueros por parte de Alfonso X “El Sabio”. Y aunque durante el primer siglo tras su fundación hubo décadas en que perteneció a la corona de Navarra, fue aldea eminentemente castellana y conservó siempre el mismo nombre (hasta nuestros días, en que quieren eclipsarse setecientos años de historia con un decreto administrativo).

Tierras al pie de Peñacerrada

Tierras al pie de Peñacerrada

Dejo la moto a la sombra de unos árboles, cabe una tapia que asoma sobre un cuidado huerto, y contemplo el horizonte que se ofrece ante mi vista. El pueblo se asienta en lo alto de una loma de estratégica ubicación, dominando los antiguos caminos que, desde Vitoria y Treviño, conducían a La Rioja y Navarra, unión entre este reino y el de Castilla. De hecho, el término municipal de Peñacerrada es en la actualidad el único que aísla, de Burgos, al Condado de Treviño.

Emprendo el ascenso

Emprendo el ascenso hacia la iglesia.

Guiado por la torre del campanario, me adentro por las solitarias calles que ascienden hasta la plaza. El pueblo comienza a aprestarse ya para la siesta y, durante mi visita, apenas veo a algún que otro vecino, que procura buscar las breves sombras del mediodía solar.

El pueblo se presenta medio vacío

El pueblo se presenta medio vacío

Enseguida llego donde la iglesia, dedicada a San Martín. Es adusta construcción de estilo románico erigida en el s. XII, tan antigua como la propia villa. Hay una plaza en cada uno de sus flancos, y ninguna de las casas que las bordean ofrece una nota discordante.

Iglesia de San Martín, en la plaza oeste.

Iglesia de San Martín, vista desde la plaza sur.

...gratamente restauradas.

Otras casas de la plaza sur.

Plaza norte, Ayuntamiento y Casa cural de Peñacerrada.

Plaza norte, Ayuntamiento y Casa cural de Peñacerrada.

Desde aquí continúo mi recorrido por el pequeño pueblo y me recreo en la homogeneidad y armonía de sus casas, magníficamente conservadas o restauradas. Atraen de manera especial mi atención algunas fachadas blasonadas, llenas de historia y de herrumbrosos barrotes seculares; como la casa del Duque de Híjar, señor que fue de aquellas tierras allá por el s. XVII tras haber pertenecido éstas, durante nada menos que dos siglos, a la familia de los Sarmiento; y es que, en el s. XV, el rey Enrique II cedió la villa a su repostero mayor, D. Diego Gómez Sarmiento, “por sus buenos servicios”.

Una de las muchas casas antiguas, bien reformada.

Una de las muchas casas antiguas, bien reformada.

Soy un enamorado de los pueblos antiguos y decadentes, de las paredes de piedra y del romanticismo de los huertos abandonados, y siempre me cautivan la belleza y la quietud de estos pequeños remansos del tiempo, la historia y la vida.

Otra muestra de las viviendas de esta bonita localidad.

Otra muestra de las viviendas de esta bonita localidad.

Lástima que siempre hay algún alcalde o algún artista, o una combinación de ambos, que consiguen burlar el buen gusto de sus vecinos y las ordenanzas urbanísticas, perpetrando el adorno de sus calles y plazas en detrimento de la armonía y en perjuicio de la estética.

Ejemplos de cómo...

Ejemplos de cómo…

...una arquitectura modernista...

…una arquitectura modernista…

...puede estropear un pueblo.

…puede estropear un pueblo.

El calor aprieta dentro de mis botas y pantalones de motorista, así que voy concluyendo la visita antes de que me cierren el único bar del pueblo. Ya me queda poco. Recorro el perímetro del recinto, que aún conserva algunos trozos de la muralla que lo defendió en sus días, y me encuentro con la impresionante mole de la puerta Sur, flanqueada por dos grandes columnas macizas y coronada por un matacán sobre el arco de la puerta. Junto a ella, y obstaculizando parcialmente su vista, una fea construcción de bloque y cemento constituye un verdadero e imperdonable despropósito urbanístico.

Impresionante aspecto de la puerta Sur, con columnas macizas y matacán.

Impresionante aspecto de la puerta Sur, con columnas macizas y matacán.

Vuelvo sobre mis pasos para regresar junto a mi montura, pero antes quiero echar un vistazo al bienintencionado, aunque estéticamente desafortunado, museo etnográfico. Alguien, en este pueblo, ha debido comprar con entusiasmo la dudosa idea de que lo vanguardista hace bello contraste con lo clásico.

museo

Uno de los varios pabellones del pseudo-vanguardista museo etnográfico.

Las piezas que encuentro en el museo hacen que, durante unos minutos, me invada la nostalgia: muchas de ellas no son tan antiguas, o quizá yo soy más antiguo aún, pero el caso es que las he visto utilizar en los dulces años de mi niñez: la desgranadora que tenía mi tío en el galpón de su cortijo, el trillo que usaba mi abuelo en las eras, o incluso la mochila metálica para sulfatar que yo mismo me echaba, trabajosamente, sobre las infantiles espaldas.

trillo

Un trillo como el que tenía mi abuelo.

grano

Máquina para separar el grano de la paja.

mochila

Mochilas con bomba para sulfatar y fumigar.

Es hora de marchar. Me subo a lomos de Rosaura y, sin arrancar el motor, la dejo rodar calle abajo. No quiero rasgar, con el ruido del escape, la gasa del silencio. El bar está aún abierto y unos amigos apuran sus consumiciones. Por mi parte, me he ganado un zurito bien frío y un delicioso pincho de tortilla, que engullo con fruición antes de alejarme de Peñacerrada y darle, ya en el horizonte, el último adiós desde el azogue de mis retrovisores.

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Salud pública en Madrid. ¿Una huelga desinteresada?

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El otro día escribí una carta a los periódicos; una de tantas que les envío. Tengo suerte y, con frecuencia, me las publican; aunque, curiosamente, no siempre escogen las de mayor relevancia. En ocasiones he visto impresas algunas de las más impopulares mientras que otras, de marcado interés común, no han llegado a superar el filtro de los jefes de redacción (pese a que cada una de ellas la envío a unos ciento veinte medios). Esto me ha servido para aprender bastante sobre los periódicos y sus intereses. Pues bien: de todas esas cartas que, enviadas, han quedado sin publicar, en pocos casos me ha sorprendido tanto la falta de eco como en el asunto que a continuación expongo.

Vaya por delante que, en un país europeo moderno como se supone que es España, me parece casi imposible, a nivel personal, no estar en contra de cualquier medida que pueda suponer la más mínima merma en su calidad. Soy el primero en cuestionar las medidas que, en este sentido, está tomando el ejecutivo madrileño, y creo que en esto estamos casi todos de acuerdo (o al menos así lo espero).

Eslóganes

Eslóganes “desinteresados”

Ahora bien: de las huelgas que he visto en mi vida, ninguna he encontrado tan engañosa -por no decir fraudulenta- como la que en estos días llevan a cabo los empleados del sector sanitario público de Madrid. Desde luego, me parece muy legítimo que, quienes teman por sus condiciones laborales o sus puestos de trabajo, acudan a un medio tan democrático como es la huelga para conservarlos; pero, por favor, que no le tomen el pelo a la gente ni quieran encandilarla como a niños: “La sanidad no se vende”, “Los recortes matan” o “Luchamos por tu salud” son el tipo de consignas que están utilizando para ganrantizarse el apoyo popular; pero estos lemas rozan, en mi opinión, lo insultante. ¡Hombre!, no ofendan la inteligencia del pueblo ni exploten el romanticismo de una supuesta cruzada altruista sin precedentes, haciéndonos creer que están inmolando sus economías domésticas (ya que su huelga les pasará factura en las nóminas de noviembre y diciembre) y luchando como mártires con el principal objetivo de salvaguardar “el derecho a la salud de todos”. Vaya por Dios, ¡qué nobleza! No digo que no haya seres humanos capaces de un gran desinterés, pero, si los hay, son -por desgracia- una ínfima minoría; y el colectivo médico, que yo sepa, no destaca especialmente por su bondad; no más que cualquier otro, al menos.

A poco que se piense, pronto se comprende que el personal sanitario no está haciendo más que pelear por lo suyo, como lo haría cualquier hijo de vecino; pero ¿cuántos de ustedes creen, de verdad, que si las medidas de privatización hubiesen venido acompañadas de mejoras salariales y laborales para cada uno de esos empleados, se habrían movilizado en esta huelga?

(Aparte, en los tiempos de graves recortes presupuestarios que corremos, con las arcas públicas bajo mínimos, no me parece de recibo que estos huelguistas hayan empapelado sus batas, los centros y los hospitales con decenas de miles de folios impresos a costa del contribuyente, agravando aún más nuestra carga tributaria. No es el montante de ese gasto, sino el gesto, lo que en este caso destaco.)

Los médicos ganan, los contribuyentes pagan.

Los médicos ganan, los contribuyentes pagan.

Pues bien: de este punto de vista no se ha hecho eco la prensa esta vez; y no por falta de gente que opine como yo, me consta. Opiniones bastante más impopulares he visto publicadas. Por eso me pregunto: ¿a qué temen ahora los medios? ¿Conservamos aún, en el siglo XXI, los restos de un temor primitivo, subconsciente y reverencial a la medicina? ¿O es que el colectivo médico tiene un poder fáctico mucho mayor del que yo le atribuía? Nunca deja uno de aprender cosas sobre la prensa y, también, la sociedad en la que vive.

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¿Español o catalán? Tauromaquia y circo

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nacionEspañolaCon todo este lío que han montado por lo de la enseñanza del español en Cataluña, me da la sensación de que el ministro Wert no ha hecho sino entrar como un Miura al rojiamarillo trapo del independentismo catalán, hábilmente agitado por el “lendakari” Mas, cuya ofensiva supuestamente soberanista puede bien concebirse, no obstante, como una serie de provocaciones, bien para llamar la atención (que es objetivo común de una buena parte de la sociedad), bien para ganarse al electorado más facilón o, quién sabe, tal vez para vengar afrentas familiares. Todo muy humano. En cualquier caso, creo no equivocarme al sospechar que las aspiraciones reales de una mayor parte del pueblo catalán no pasan por la soberanía. Los catalanes, por mucho que los engañen al enseñarles historia, son un pueblo listo e indiscutiblemente pragmático y saben lo que les conviene: el independentismo sí –en tanto que herramienta indispensable para un lucrativo chantaje moral– pero la independencia no –por razones también económicas, de sobra conocidas. Por eso, llegado el hipotético caso de un referéndum vinculante, no votarían por la independencia; más aún: no la querrían ni aunque el resto de España estuviera a favor de ella.

Por eso creo que, en buena medida, la persecución del idioma español en Cataluña es parte del mismo espectáculo circense: algo que se hace sobre todo de cara a la galería, una medida populista, una reclamo publicitario (casi más enfocado a la atracción turística extranjera que al espectador español), pero nada más. ¿Qué político inteligente permite que sus hijos se eduquen sólo en catalán, o cree que Cataluña quiera de verdad separarse de España? En política es muy interesante observar los acontecimientos con cierta perspectiva histórica y, sobre todo, de futuro, en lugar de quedarse bizco mirando al trapo que nos agitan frente al hocico. Y, a poco que miremos con un poco de perspectiva, comprenderemos que el español no corre ningún peligro mientras que el catalán, de aquí a unas décadas, será ya sólo un objeto de investigación lingüística en oscuros departamentos universitarios; así que ¿por qué agitarse?

Sin embargo el misnistro Wert, desde mi punto de vista, con su proyecto de ley de educación lo que ha hecho es dar una respuesta a esas provocaciones; una respuesta muy carpetovetónica y tal vez valiente, sí; pero más que nada quijotesca y, en el fondo, algo ridícula–amén de ineficaz. Una machada taurina, muy española ella; pero quizá sea, también, sólo un poco de circo para contentar a su propio electorado, a esa derecha tan alterada por los ataques de que -muy cierto- es objeto el español en Cataluña. Mas no olvidemos que el propio Partido Popular es directamente responsable de idéntica inmersión lingüística en Valencia y en Baleares: durante años el PP ha promovido, en esas dos comunidades, las mismas políticas de regresión del español que ha habido en Cataluña a manos de los presuntos independentistas. ¿Y ahora quieren combatirlas? ¡Qué gran contradicción!

¡Y qué modo más torpe de hacerlo, además! Si de verdad quisieran proteger el derecho de las familias más indefensas (las otras siempre sabrán cómo educar a sus hijos bilingües) a aprender español en Cataluña, harían más trabajo de juzgado y menos de televisión; harían cumplir la Constitución y las leyes en lugar de dictar otras nuevas–que tampoco se cumplirán. Es a los jueces a quienes hay que meter en vereda, y eso se hace con discreción, sin entrar al trapo mediático de las provocaciones. Y en último caso, si se trata de responder a las bravatas antiespañolistas, ¿no es cierto aquello de que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio?

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Errores y maledicencias

(Artículo publicado en Estrella Digital el 25/11/2012)

Deberían los jueces poner un cuidado exquisito en su trabajo y guardarse mucho, muchísimo, de cometer errores que permitan la puesta en libertad de criminales con la capacidad de soborno de las mafias chinas del blanqueo de dinero. Delincuentes de esta catadura pueden permitirse pagar el cohecho de medio gobierno, media policía y medio poder judicial; y ya se leen en internet maldicientes comentarios sugiriendo que lo del “error” es un cuento chino -¡je!: chino-, y que los jueces están untados con manteca. Por eso yo, convencido de la inquebrantable pulcritud moral de Sus Señorías, les recomendaría -si me aceptaran el consejo- que a la hora de lidiar con tan pudientes malhechores pusieran la misma diligencia que -me consta- saben poner cuando se trata de procesar a un pobre desgraciado que osa mirar mal a un juez, o a un antidisturbios que pega un mamporrazo desafortunado en una manifestación. Así, y para acallar los nacientes -aunque infundadísimos- rumores de deshonestidad y dejar limpia mancha y polvo a la casta judicial, podrían por ejemplo empezar suspendiendo de funciones a los Señorías que resulten responsables de la libertad de tan influyentes detenidos. ¿Qué les parece?

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Decretos por error

  Siempre me ha resultado curiosidad idiosincrática el hecho de que los españoles, que solemos ir tan de listos por la vida, nos dejemos engañar con tanta facilidad en política y en muchas otras facetas del día a día. Por ejemplo, los chicos del PSOE, que llevan un año y medio vilipendiando a IU Extremadura por no haberse aliado con ellos contra el PP y permitir así, con su abstención, el gobierno de Monago en la Comunidad, van ahora y sancionan la convalidación del decreto presentado por éste, para su aprobación en el parlamento extremeño, que suprime a los funcionarios la extra de Navidad e introduce descuentos salariales en caso de baja médica. En efecto, el diputado del PSOE Rafael Lemus, junto con los 32 diputados del PP, ha votado SÍ a dicho decreto, permitiendo sacarlo adelante con su indispensable voto. Lemus dice que ha sido una equivocación; y yo, por supuesto, no me permito dudar de la palabra de un honorable diputado (aunque ayudaría mucho a mi fe si lo viera dimitir, que es como pagan sus errores los políticos honorables, sin tener que cortarse el dedo a lo yakuza). Por eso, lo que me pregunto ahora es si este hombre se ha equivocado por su cuenta y riesgo, o si se ha equivocado con el consentimiento de su grupo parlamentario.

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El nazismo y la culpa

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(Artículo publicado en Estrella Digital el 08/11/2012)

De los muchos documentales sobre el nazismo que he visto durante las pasadas décadas (y que, a decir verdad, ya van resultando cansinos) ninguno ha habido con tanta carga de subjetividad antihitleriana como el del pasado lunes en la 1 de RTVE: Apocalipsis: el ascenso de Hitler. Y es que, pese a estar producido por la National Geografic (con toda su fama), tiene pasajes tan teatrales y fantasiosos, tan infantilmente ridiculizadores y demonizadores del führer y sus secuaces, que la manipulación no pasaría desapercibida ni al judío más rencoroso. Me temo que, a fuerza de querer ganarse a un público que ya está más que convencido de la iniquidad de Hitler, a los realizadores (o los financiadores) se les ha ido la mano esta vez. Pero quizá lo que más curioso me resulta de esa proyección en un canal ahora controlado por el PP es que sea la derecha tan diligente en predicar un antifascismo que parece más propio de las izquierdas. Y no es, ni mucho menos, que yo iguale al fascismo con los del PP ni que éstos no puedan condenar a Hitler; pero como es notorio que las derechas en España nunca han tenido, ni de cerca, la astucia mediática y panfletaria de sus rivales políticos, me pregunto si ahora los guía un prurito de honrada ecuanimidad, o bien un complejo de culpa.

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Estudiantes y derecho a huelga

Publicado en ABC el 31-10-2012

Siempre que se habla de huelgas estudiantiles me pregunto cuándo nos daremos por enterados de que los estudiantes, en su calidad de tales, no pueden hacer huelga; y esto no porque lo tengan prohibido o porque “no tengan derecho a la huelga”, sino por el simple motivo de que carecen de la condición esencial para ello: la de ser trabajadores. En efecto, la huelga es un derecho laboral por definición, al que, por tanto, los estudiantes son del todo ajenos, como lo son los jubilados o los parados, y antes puede un mamífero respirar bajo el agua que un estudiante hacer huelga. Se trata de una simple cuestión semántica que, no obstante, se ignora adrede  ignora adrede por casi toda la casta política y mediática, en flagrante perjuicio de la transparencia social.

De hecho, cabe preguntarse si esas faltas de asistencia a clase organizadas (mal llamadas “huelgas de estudiantes”) son compatibles, en su caso, con la escolarización obligatoria, y si no habría que pedir responsabilidades a quienes las convocaren o consintieren, empezando por los padres que autorizan, cuando no alientan, a sus hijos a secundarlas. Es nuestra obligación escolarizar a los niños, y la de ellos asistir a clase salvo causa justificada. Estorbar su educación transgrediendo tales deberes, aunque sea para demandar supuestas mejoras educativas, es argumento tan falaz como sería el de ponerlos a mendigar bajo pretexto de pagarles los libros.

Y algo parecido sucede con las manifestaciones estudiantiles y, en general, de menores. Poca gente parece reparar en la contradicción de un sistema jurídico que otorga a todos sus ciudadanos, sin excepción, el derecho a manifestarse, mientras que niega a los menores el de sufragio; resulta muy poco coherente reconocer a alguien suficiente madurez política para manifestarse si no se le reconoce luego para votar. Échese a la calle quien quiera cambiar el sistema, en lugar de permitir cómodamente que los niños lo hagan.

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Antonio Burgos y Jálogüin

Me permito transcribir aquí, porque coincido ce por be con sus palabras, lo publicado hoy en una columna de opinión de Antonio Burgos sobre el Jálogüin y otras contradicciones españolas. Yo mismo no habría podido escrribirlo mejor ni más acorde con mi propia opinión.

Todos los años ocurre lo mismo en estas vísperas de Tosantos y Fieles Difuntos. Son los días de la suprema contradicción del sistema, donde hemos cambiado los crisantemos de la tradición por la importación lamentable del Jálogüin, un estrafalario Carnaval de la Muerte de un mal gusto que tira de espaldas. Media planta de juguetes del Cortinglés está dedicada a la venta de disfraces de bruja, de calaveras de plástico, de ataúdes de cartón piedra, de sangrantes caretas e incluso de lápidas mortuorias en PVC con una perfecta imitación del mármol envejecido. Es la anual y lamentable preparación de la chavalería, de la muchachada e incluso de la puretonada para disfrazarse de monstruosas almas en pena, en la celebración a la americana del Jálogüin. Hasta las tiendas de los chinos venden, tiradas de baratas, las ropas de brujas y las caretas del horror horrroroso para tan desaforado carnaval, ajeno a nuestra cultura, que siguen contradictoriamente los que luego largan contra los americanos y contra la base de Rota.

Nunca tanta gente que odia tanto a los Estados Unidos se plegó tan servilmente a las costumbres importadas desde Norteamérica. Ocurre en multitud de aspectos de la vida cotidiana. Los chavales que dicen que los Estados Unidos tienen la culpa de todos los males del mundo, crisis económica incluida, van todos contradictoriamente vestidos con una gorra de béisbol completamente americana, una camisa T-shirt completamente americana, una chupa completamente americana, unos pantalones vaqueros completamente americanos y unas zapatillas de deporte completamente americanas. Y con tal atuendo, se van a un Macdónal a cenar un guóper y una cocacola, ¡toma del frasco! Y eso que Estados Unidos es la suma de todos los males sin mezcla de bien alguno. Anda que si llegan a ser medio regularcitos nada más, no sé qué pasaría… Y con el Jálogüin, tras cuartos de lo propio. Aquí mucha protesta de los alternativos, de los indignados, de los radicales y de los progres contra los americanos y sus muertos todos (excepto los de Jálogüin), pero los de “¡bases fuera!” celebran el Día de los Difuntos copiándoles las costumbres a los marines de Rota y a los pilotos de los bombarderos de Morón.

Antonio Burgos

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Náufragos en la memoria

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Náufragos en la memoria, los recuerdos más antiguos que conservo de mi infancia se remontan a un tiempo sin crónica; son desvaídas instantáneas sin leyenda ni inscripción al dorso, carentes de toda referencia histórica–cuando no también geográfica; son las piezas huérfanas de un rompecabezas ya desaparecido que emergieran un buen día del fondo de un cajón. Fotogramas borrosos, deslucidos por el uso o el olvido, como las páginas de un manoseado volumen que hubiera sido luego abandonado a la humedad de un oscuro sótano. Recuerdos imprecisos e inciertos, hijos legítimos de la memoria o bastardos de la imaginación–allá donde ambas convergen, se funden y confunden: algunos reales, de difuso contorno y desfigurados por los años; otros quizá tan sólo memorias de recuerdos, distorsionados por la tradición, parcheados y deformes como una prenda en exceso remendada que no conservara ya apenas nada de su género original; y otros, por último, impostores, inducidos por voces ajenas (¿te acuerdas de cuando hiciste..?) o por viejas fotografías (¿es el momento, o la imagen lo que evoco?). Y a todos los he visto con los años languidecer, he ido sintiendo cómo se marchitan, cómo algunos se agostan y desvanecen hasta que no queda en mí más de ellos que el anhelo de poder evocarlos, la constancia de una nada, un vacío a cuyo interior ya no me puedo asomar. ¡Ah, si en aquellos años de mi adolescencia en que conservaba intacta su memoria alguien me hubiese advertido de la importancia de conservarlos! Los habría recogido con escrupulosa precisión en el papel para acompañarme y enriquecer mi vida ahora que los necesito. ¡Ah, si durante mi juventud y temprana madurez hubiese yo imaginado el papel que juegan antes o después en la vida! Aún habría estado a tiempo de contárselos a mi pluma con razonable acierto. Pero cuando comprendí la riqueza que unas nítidas remembranzas nos aportan y hasta qué punto estamos hechos de la sustancia del pasado, era ya -pensé- demasiado tarde para intentar evocarlo.
¿Demasiado tarde? No, quizá nunca sea demasiado tarde para contar una historia, si unos ojos inteligentes y atentos la escuchan.

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¿Ha muerto la literatura?

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Cuando me paro a pensarlo, me doy cuenta de que muy pocas veces encuentro buena literatura contemporánea, y no digamos ya en el género poético. Desde luego hay algunos buenos libros ahí fuera, pero me parece a mí que la era de los talentos ha quedado atrás; escritores de la talla de Shakespeare, Twain, Dickens, Tolstoy, Cervantes, Nabokov, García Márquez o Conrad, por nombrar sólo unos pocos, no se encuentran ya. Hemos traspasado la frontera de un momento muy particular (escasamente cuatro siglos) de la historia humana en que se dieron las condiciones idóneas para que surgieran esos genios de las letras. Pero hoy en día, con el capitalismo y el consumismo sofocándonos, la mayor parte de la literatura es mediocre, cuando no deplorable; no porque no haya buenos escritores, sino porque casi todo lo que sucede ha de estar relacionado con el dinero. El propio término best seller lo dice todo, aunque los hispanohablantes raras veces nos paramos a pensar en su significado literal: “mejor ventas”. Así, el indicador universal más conocido de lo que está sucediendo en literatura no se llama mejor escritor, mejor poeta o mejor ensayista, sino mejor VENTAS. Incluso por encima del premio Nobel. Entonces, ¿qué podemos esperar? Hoy puedes publicar cualquier cosa a condición de que la gente lo compre, y la gente comprará cualquier cosa que se anuncie lo bastane bien. Es decir… ¡dinero! Al mismo tiempo, los escritores de talento no serán recibidos por las editoriales porque no tienen tiempo para publicitarse: están demasiado ocupados escribiendo buena literatura que nunca verá la luz. Por otra parte, los poderes públicos están tan obsesionados con el monotema del crecimiento económico que descuidan la educación de sus ciudadanos hacia el buen gusto. Además, estamos en la era audiovisual: no se espere de nuestra perezosa naturaleza que leamos si podemos simplemente mirar y escuchar. Quizá sea este un buen momento para el séptimo arte. Después de todo, aún queda esperanza para la belleza.

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