Nochebuena entre vagabundos

Es Nochebuena. Una gran luna, muy blanca y redonda, brilla en el cielo negro y puro de la noche polaca. Con el estómago vacío, arrastro mi soledad navideña por las frías y desiertas calles de Bialystok. ¿Qué hago aquí? No importa. Es sólo que me gustaría cenar al calor de mis semejantes.

Todo está cerrado, y ni los turcos abren hoy sus quioscos de kebabs. Tendré que volverme a la habitación en ayunas.

Llega a mis oídos el sonido de unos acordes, y hacia allá dirijo mis pasos. Bajo un pequeño toldo tocan tres músicos y, en unas mesas al lado, un grupo de voluntarios reparten comida y bebida calientes. Los vagabundos de la ciudad se han dado cita aquí; llenan sus panzas, luego repiten, y aún vuelven a por otras raciones para llevárselas en fiambreras a sus guaridas de arrabal.

Me acerco a curiosear. Me da algo de reparo beneficiarme de la pitanza de los indigentes; pero al ir a darme la vuelta una señora me invita con una sonrisa: ¡zapraszamy, zapraszamy! Jest barszcz, prosze pan. Un poco avergonzado, cojo la taza de borsh caliente y la cuchara de plástico que me tiende, y allí entre los vagabundos apuro el sabroso caldo. De pronto me siento entre iguales. ¿Qué me diferencia de ellos? Quizá que yo podría pagar esa comida y ellos no; pero a la hora de la verdad, aquí estamos, todos en el mismo sitio, gentes sin hogar compartiendo una Nochebuena que ha venido a traernos la Iglesia. Un poco de música y buena comida casera, tradicional polaca: borszcz, pierogi, bigos, herbata.

Sí, es la Iglesia Católica quien organiza el benéfico tingladillo. No el gobierno de políticas sociales, ni los radicales rompefarolas, ni la izquierda “solidaria”, no digamos los anticatólicos; éstos están todos -todos- pasando la cristiana Nochebuena con sus familias. Sólo la Iglesia -la denostada y atacada Iglesia- es capaz de regalar una Nochebuena a los vagabundos de la ciudad.

Hablo un momento con la señora que está al cargo. Quisiera darles unos billetes, contribuir a su labor, recompensar al menos la comida caliente, el té, la música y el ratito en compañía; pero no me los coge. Esto no se paga -me dice-, pero si quieres puedes darle las gracias al Señor. ¡Ay, señora!, eso es precisamente lo que no puedo…

Al cabo, regreso al hotel. Caminando por las frías y desiertas calles de Bialystok, bajo la luna llena, soy otro vabagundo más que regresa a su guarida; un vagabundo que ha pasado la Nochebuena entre sus iguales.

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0 respuestas a Nochebuena entre vagabundos

  1. Liza dijo:

    Un abrazo y un beso, viajero. Ojalá te calienten el corazón allá lejos, como la sopa te templó el estómago

  2. blue moon dijo:

    Un poquito de calor familiar para este hermano solitario que huye, cada Navidad, no se si de él mismo.

    Un beso, vagabundo.

  3. Artur dijo:

    Dear Pablo, a very touching post.
    Take care, wherever You are!
    Artur

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