Creo que la tibieza es uno de los mayores problemas de la derecha española, y que nuestras diversas fuerzas políticas estarían más equilibradas y se enfrentarían en más igualdad de condiciones si el españolismo y la “derecha” tomaran nota de algunas importantes habilidades de la izquierda y el separatismo, como la falta de conformismo y el sentido de legitimidad moral.
Tengo la impresión de que la derecha está demasiado aburguesada, que es demasiado acomodaticia, y que además siente aversión por la calle, no sé si porque les parece que la protesta callejera es poco digna, o porque -y esto sería peor aún- en el fondo se avergüenzan de su propia ideología. Comoquiera que sea, me parece que adolece de cierta debilidad de carácter y fragilidad ideológica que les hace claudicar con excesiva facilidad ante las astutas consignas del victimismo izquierdoso e independentista. Estas carencias de la derecha, junto al miedo, al parecer insuperable, a ser tachados de intolerantes, me sugieren un preocupante complejo autoritario; pero en ese caso no deberían extrañarse ni dolerse cuando los llaman nazis o fachas, pues a lo mejor ellos mismos se sienten desligitimados en su posicionamiento político. Serio problema, sobre todo teniendo en cuenta que, en España, si no te llaman facha o intolerante una vez por semana, algo estás haciendo mal.

Si no es un complejo, no me explico que hayan renunciado con tanta presteza a la palabra España y sus derivados. Cuando nuestra democracia aún era muy joven, ya las derechas negaron eso de “España”, como Pedro a Jesús, para abrazar y consagrar lo de “este país”; y no mucho después, al impulso de las fuerzas antiespañolistas nacido del rencor y amparado en la nefasta redacción del art. 3 de nuestra Constitución (a su vez respaldado por una politizada y patética Real Academia de la Lengua), la derecha traicionó al idioma español para entronizar a la lengua castellana, esa anacrónica imprecisión semántica cuya única razón de seguir existiendo es que satisface el revanchismo de la media España descendiente de quienes fueron derrotados en la guerra civil.
Y es así como, bajo la mayoría absoluta del PP, la propia “Ley Wert” -supuesta reconquista de lo ibérico- en lugar de recuperar la lengua española de toda la vida, confirma la inocua lengua castellana, negadora de todo concepto de patria. Penosos complejos. De la izquierda, sucesora de los republicanos, es comprensible que, con sus imbatibles tácticas propagandísticas y su virtuoso dominio de la manipulación, se alinee del lado de los independentismos y abomine de términos que, convenientemente sesgados, sean susceptibles de identificarse con el franquismo, tales como España o lengua española; pero si la derecha claudica ante esas maniobras, ¿qué fuerza tiene luego para querer hacer patria y defender la unidad de una España cuyo nombre lleva cuarenta años sin atreverse a pronunciar?
Por cierto: el gallego, aunque sea una lengua española (y no sé si lo es, pues también se habla en zonas de Portugal), no es la lengua española. Lo mismo puede decirse del vascuence y el catalán, e incluso del castellano (suponiendo que alguien sepa exactamente lo que el castellano sea, dónde empieza y dónde acaba). Sólo el español es la lengua española por antonomasia. Este debate, tan trillado, se reduce en el fondo a una simple cuestión de distinguir entre adjetivos y sustantivos, artículos determinados e indeterminados, y a la teoría algebraica de conjuntos. Todo lo demás es querer marear la perdiz, palabrería e instrumental político.

Lo de la bandera antinómica es para nota.
Sí. Y el caso es que queda muy chula, la jodía. Los colores republicanos son tanto más bonitos que los monárquicos como el escudo franquista lo es que el democrático.
eres un inutil
subnormal esa no es la bandera
Insultar no es lo mismo que ofender, hijo mío.