Ayer mismo Rolo Slavskiy publicaba un medio artículo (la segunda mitad es de pago) que me ha resultado curioso incluso sin conocer sus conclusiones, ya que tiene detalles informativos interesantes y expresa algunas opiniones con las que estoy bastante de acuerdo, así que ofrezco aquí mi traducción libre del mismo.
La “lichocracia” del Kremlin se cobra una víctima más
El viejo agitador marxista Boris Kagarlitsky ha sido detenido
Kagarlitski: una expresión que inspira confianza
Boris Yulyevich Kagarlitsky, un agitador de la época soviética, fue detenido por el FSB (el órgano sucesor del extinto KGB) hace un par de semanas por sus críticas a la guerra, y ahora es acusado de apología del terrorismo y del extremismo, posiblemente la misma razón por la que detuvieron a Strelkov un mes antes. Según News.ru:
Rosfinmonitoring ha incluido al sociólogo Boris Kagarlitsky (considerado por el Ministerio de Justicia ruso como agente extranjero) en la lista de terroristas y extremistas. Kagarlitsky había sido previamente detenido por presunta apología del terrorismo.
El 26 de julio, el juzgado de Syktyvkar detuvo al sociólogo por un período de dos meses. El detenido manifestó a los periodistas que no estaba de acuerdo con la acusación y que la recurriría.
Fue la abogado Yulia Kuznetsova quien primero informó sobre la apertura de diligencias penales contra Kagarlitsky, de lo cual tuvo noticia a través del psicólogo Alexander Archagov, al que entrevistaba con ocasión del arresto a aquél.
Kagarlitsky fue después oficialmente acusado por el FSB de convocar públicamente actividades terroristas a través de internet, por lo cual podría ser condenado a siete años de prisión.
Su abogado Sergei Erokhov explicó que el caso lo investigaba la Sección del FSB para la República de Komi, por lo que el detenido fue posteriormentetrasladado a Syktyvkar. Erokhov agregó que su cliente niega los cargos.
Curiosamente, esto ocurría justo después de que Boris publicase un artículo sobre las razones de la detención de Igor Girkin (alias Strelkov). Un texto muy bien elaborado, y razón única por la que Rolo se toma la molestia de analizar este asunto, pues por lo demás él detesta la cosmovisión marxista de Kagarlitsky: Si yo y los míos estuviéramos en el poder –dice el bloguero- detendríamos a los marxistas como él y los enviaríamos a un gulag sin más contemplaciones. Esa repugnante ideología homicida y quienes la promueven sólo me inspiran desprecio. (Bien dicho — Freelander).
Pero lo que importa ahora es qué hizo o dijo Boris para justificar la imputación de tales cargos. Lo que se le atribuye a Strelkov es secreto de estado, increíblemente; pero es muy probable que Kagarlitsky, pese a su odiosa biografía y a profesar una ideología del culto a la muerte, sea inocente de lo que se le acusa. Conviene recordar que quienes suponen realmente un peligro o una amenaza para el Estado no corren mucho riesgo de ser detenidos: el Estado únicamente detiene a quienes no tienen poder, porque tiene poder para hacerlo; lo cual sólo supone una paradoja para quien se niegue a entender cómo funciona realmente la política.
Este asunto debería preocupar a cualquier ciudadano o residente ruso crítico con el Kremlin. Aunque no se sabe de qué acusan a Strelkov ni por qué, la creencia general es que, al reunir a más de cinco personas en un lugar, cruzó alguna línea tácita de la política rusa, pasando así de ser un mero crítico en internet a un terrorista contra el Estado del Miedo (en ojos de éste). El Kremlin es implacable con cualquier organización política y las persigue sin cuartel, lo cual es un vestigio de la era comunista, cuando el Estado ilegalizó literalmente todos los clubes, grupos y organizaciones que no estaban directamente bajo el control de los bolcheviques. Incluso los gimnasios de kárate o judo eran ilegales y tenían que actuar en la clandestinidad. Curiosamente, fue un club de judo concreto el que acabó haciéndose con las riendas del país (¿no fue la pandilla karateca de Putin en San Petersburgo la que terminó derrotando a las élites de Moscú?), así que tal vez los bolcheviques no iban descaminados: al fin y al cabo, la única forma de lograr cambios en la sociedad es organizarse y trabajar coordinadamente con otros, de modo que al prohibir las asociaciones puede minimizarse la probabilidad de que surja cualquier rival político que desafíe al gobierno. Ahora bien: esto no funciona si los oponentes pueden refugiarse de forma segura en el extranjero o integrarse en algún grupo criminal clandestino. (Se me viene a la cabeza el caso de ETA — Freelander).
Solzhenitsyn solía elogiar a EE.UU. por el espíritu cívico que encontró aún vivo allí: la gente conservaba la capacidad y la habilidad para organizarse y resolver así problemas tanto a nivel de comunidad como políticos. Pero después las agencias estatales se pusieron manos a la obra, inventándose crisis y banderas falsas básicamente para prohibir, so capa de luchar contra el terrorismo islámico, la supremacía blanca o el narcotráfico, cualquier asociación cívica “no autorizada” en situación de resistir los dictados de la agenda del Nuevo Orden Mundial.
El comunismo asegura ser muchas cosas, pero sus características más notables son la prohibición de todas las organizaciones no oficiales, su expansivo Estado del Miedo y sus sofocantes y opresivos dogmas ideológicos. Según este criterio, en este momento no hay un país en Occidente que no sea comunista. Todo ese rollo del proletariado es totalmente auxiliar: una simple cortina de humo ideológica para inducir a las masas campesinas a pensar que hay una causa noble tras la prosaica y evidente toma del poder por parte de unas élites extranjeras hostiles. El que alguien diga estar a favor de todas las cosas buenas y en contra de todas las malas no significa que sea cierto. No debemos creer absolutamente ninguna afirmación política, ideológica o religiosa por su mero enunciado. Tras cualquier constructo ideológico (o sea, artificial) que se impone a las desventuradas masas campesinas, ya sea el comunismo, el cristianismo o el confucianismo chino, se oculta una agenda elitista. Siempre. Y si usted no está de acuerdo… bueno, eso sólo significa que ha caído en una de esas estafas y le enoja que se lo hagan ver.
Muchos comunistas rusos de la vieja escuela se opusieron en principio a la OME (operación militar especial) por razones de solidaridad proletaria, lo cual tiene muy poco sentido habida cuenta que el Donbass es, literalmente, una región proletaria llena de campesinos desarraigados de sus tierras por los comisarios políticos de antaño y reubicados luego para trabajar en las fábricas y las minas de dicha región. Debido a esto, el sentimiento procomunista, curiosamente, es más fuerte en Donbass que en cualquier otro lugar de Rusia, salvo quizá el Cinturón del Óxido (una región donde las industrias abandonadas se oxidan por falta de uso) en Siberia. Está sujeta a debate la verdadera motivación de marxistas y comunistas para no apoyar a la OME, pero ahora que ésta ha demostrado ser un desastre sin paliativos ésos van a ganar muchos puntos políticos. Quizá sepan instintivamente que cualquier cosa que el Kremlin haga (privatizar la atención médica, reformar la educación, subir la edad de jubilación, restricciones covidianas, la OME…) es impopular y equivocada, por lo casi cómicamente viciosos, estúpidos y rapaces que son los rufianes que dirigen el país.
De hecho, a raíz de la detención de Boris, de Strelkov y de otros analistas que escriben sobre la guerra, ¿el replicar sus palabras o darles voz públicamente lo pone a uno en peligro de ser también encarcelado por traición, por extremismo o por ofender al Ministro de Defensa? ¿Cuáles son ahora las reglas? En realidad nadie lo sabe; estamos en un territorio inexplorado. El Kremlin puede compararse con una entidad casi muerta, pero no del todo, parecida a un liquen, y está claramente agrediendo con saña a todo el que pueda. Y lo más triste es que Rusia, sobre todo comparada con Occidente, solía ser un país con relativa libertad de expresión antes del covid y la OME. Pero la detención de Strelkov fue un aviso a navegantes porque demostró que las reglas habían cambiado y que ahora vuelven a entrar en vigor las de la URSS.
Y podrá decirse lo que se quiera sobre el colapso de la URSS, pero los años 90 fueron en realidad una época de libertad de expresión casi absoluta en Rusia, por la sencilla razón de que la situación estaba fuera de control y los mafiosos tenían otras cosas en mente, como por ejemplo saquear el país. En las condiciones existentes durante aquella suerte de República de Weimar, Alexander Dugin tenía un programa en la tele sobre vampiros y magia negra. Pero una vez la situación se estabilizó, pasados los 90, las tuercas volvieron a su lugar y empezaron a apretarlas lentamente en todos los ámbitos -no sólo el de la televisión nocturna, donde se hablaba de extraterrestres y apariciones- hasta llegar a donde estamos ahora, en que uno recuerda los últimos días de la URSS, marcados por la represión y las persecuciones de la KGB a civiles en todas las repúblicas de la Unión. Por aquella época, fichaban a los estudiantes por participar en acciones de las Juventudes Comunistas que fuesen críticas con la gerontocracia del Partido, y tenían que esconderse por un tiempo. Pero entonces comenzó el follón en serio y las detenciones nunca llegaron.
Al inicio de la OME parecía que el gobierno iba a verse obligado a permitir el discurso patriota, pero pronto se hizo evidente que sólo estaban autorizados los relatos del Kremlin y los debates “antifascistas”, y que la OME era una completa farsa a todos los niveles. Entonces muchos patriotas entusiastas comenzaron a centrarse casi exclusivamente en criticar al Kremlin, y en la actualidad los reproches le llueven con fuerza desde todos los ángulos del espectro político nacional. Ahora, a medida que las cosas se salen de madre, es plausible concebir un escenario en que incluso a Dugin lo encierren en una espeluznante mazmorra. Ese parece ser el destino de quien se atreve a criticar a Putin o Shoigu.
La producción periodística de Rolo Slavskiy es tan abrumadora que se precisaría un equipo de traductores para reproducirla simultáneamente en otro idioma, y un lector necesitaría dedicación a tiempo completo sólo para absorber todos y cada uno de sus artículos, pues raro es el día en que no publica uno de varias páginas y considerable densidad. (Con su portentosa memoria y su incontinencia editorial, es la versión anglo-rusa de César Vidal, con la notable salvedad de que Slavskiy es, además, muy inteligente mientras que Vidal… bueno, siendo caritativos, digamos que sólo tiene buena memoria.) Por eso, a la hora de acometer la tarea de traducir para el público hispanoablante el contenido más interesante que Rolo, en su afán por explicar al lector angloparlante cómo se entiende esta guerra desde el punto de vista del eslavo de a pie, empezó a subir a Substack poco después de la intromisión de Rusia en la guerra civil de baja intensidad que venía desarrollándose en el Donbass, me encuentro con tres alternativas igualmente insatisfactorias: (a) leerme toda su producción (cientos de artículos) e intentar seleccionar lo más importante o indispensable de cara al objetivo buscado, de lo cual me considero incapaz, (b) empezar por lo último publicado y prescindir de todo lo anterior, aunque su conocimiento sea imprescindible para entender dónde estamos hoy, o (c) proceder cronológicamente desde el principio, donde él empezó, y ver después, sobre la marcha, si es factible y a dónde ese camino me lleva. Así que, habida cuenta la incurable inconstancia de mis propósitos y a falta de mejor consejo, me inclino por la última alternativa.
Antes de comenzar, debo hacer una advertencia: Rolo es un tipo insufriblemente presuntuoso y desdeñoso, pagado de su inteligencia hasta casi la caricatura, acérrimo enemigo de ahorrar elogios sobre sí mismo e invectivas sobre los demás, especialmente sus propios lectores, a quienes desprecia en grado superlativo. Creo que se lo podría definir como un ególatra (en lo que, ahora que caigo, también se parece mucho a César Vidal, salvo que… bueno, siendo caritativos, digamos que Rolo tiene razones para creérselo) y un perfecto gilipollas (en lo cual, esta vez sí, estaría empatado con el señor Vidal). Y aunque ninguna de estas… hmmm… cualidades supone, desde luego, obstáculo alguno para aportar información pertinente y buenos análisis o razonamientos, sí hacen de él (y del otro) un autor al que es necesario leer con la nariz tapada y traducir con el estilo más libre de que sea uno capaz, pues sus textos están entretejidos con panegíricos de Mr. Slavskiy, oprobio hacia sus lectores y escarnio para el resto de la humanidad. Con esto vengo a significar que, aunque la autoría de la información, argumentos y opiniones contenidas en cualquier traducción que pueda yo hacer de sus textos es rigurosamente suya, la redacción será mía, y omitiré cualquier frase o párrafo que no contribuya directamente a la finalidad de informar.
Sin más, paso ya a ofrecer lo que este autor escribía el 12 de marzo del 2022:
La purga de los medios liberales y rumores de nacionalizar la economía
Durante el primer mes de la OME (operación militar especial) en Ucrania ha habido muchas descripciones de la situación, en Rusia, por parte de veteranos, ex miembros del gobierno y exmilitares. La mayoría presentan una idea general bastante precisa, incluyendo los conceptos básicos adecuados para un análisis correcto del conflicto en su contexto político, como la expansión de la OTAN, las promesas incumplidas, los gasoductos hacia Alemania, la malquerencia neoconservadora, etc.
Otros se han centrado en analizar el día a día del aspecto puramente bélico, haciendo todo lo posible por mostrar los avances y las tácticas de ambas partes. Por desgracia, son minoría quienes tratan de proporcionar análisis sobrios de la guerra, y además quedan ensombrecidos junto a quienes ofrecen el relato político de la OTAN o, en menor medida, la línea oficial de la Federación Rusa.
Pero pocos se han referido a los rápidos cambios que están ocurriendo dentro de la sociedad rusa a nivel administrativo, ideológico y social. A nadie culpo, pues quizá estos cambios estén produciéndose muy deprisa y el morbo rojo anaranjado de las explosiones haya cautivado la atención del público. La guerra es algo increíble de presenciar, y ahora podemos verla desde la seguridad de nuestros monitores a medida que las imágenes aparecen en Twitter y Telegram a un ritmo más rápido de lo que podemos absorber.
Pero igual de impresionante que los restos humeantes de un avión ucraniano es la noticia de que el Eco de Moscú también ha sido derribado. El Eco de Moscú es la principal cadena radiofónica de la oposición liberal, que desde su creación en 1990 promovió la línea política neoliberal en Rusia y dio firme apoyo a Boris Yeltsin. Por aquel entonces la situación política estaba cambiando, con la línea dura de la URSS organizando un nada entusiasta y mal planeado golpe de Estado para intentar salvar al viejo régimen contra los “reformadores liberales” que habían decidido detonarlo. El Eco apoyó a los reformadores (Chubais, Gaidar, Yeltsin, etc.), quienes vendieron por unos centavos los activos estatales a gánsteres judíos y a compañías occidentales creando un sistema de control oligárquico y una operación de saqueo masivo a nivel nacional que aún continúa.
Cuando, el 1 de marzo (de 2022), Roskomnadzor (el órgano de vigilancia de los mass media rusos) cerró el Eco de Moscú, el portazo debería de haber resonado en todo el mundo, pues fue como si el Partido Demócrata estadounidense hubiese cerrado la cadena Fox News. Alexei Venediktov, jefe de edición (judío) del Eco, es un verdadero icono del liberalismo en Rusia. Y la purga no acabó ahí. También cayó Dozhd (Lluvia), un proyecto mediático destinado a adoctrinar a la masa millennial con ideas de “guerrillero de justicia social” y cuyo editor jefe, Tikhon Dzyadko (judío), huyó del país. Igualmente cerraron The Village, un proyecto similar que se autodescribe como hipster. Meduza, otro proyeco que principalmente repetía ce por be artículos de opinión de la web Vice (basura progre), ya se había mudado a Riga el año pasado, como igualmente hizo (esta vez a Kiev) la filial rusa de Radio Free Europe. Y es casi seguro que el Novaya Gazeta (Nuevo Diario), dirigido nada menos que por el propio Gorbachov (nominalmente), sea el próximo en caer.
Naturalmente, la mayoría de estos proyectos mediáticos están dirigidos por judíos y promueven la misma agenda neoliberal que sus primos en Occidente. Y la democracia liberal no puede funcionar sin instituciones liberales, siendo una de las más importantes los medios de comunicación, cuyo papel, después de todo, es conformar el relato político y esbozar los parámetros aceptables de su discurso. En ellos se decide lo que es razonable, deseable y moral y, por supuesto, lo que es extremista, odioso y poco ético. La tarea que los medios liberales se auto-asignan es decidir qué debe excluirse del discurso civil, sea mediante la censura suave o mediante la dura.
Así, las implicaciones de que el Kremlin cierre una poderosa institución liberal como es la prensa están bien claras: Rusia está alejándose del modelo político de democracia liberal y volviendo al tradicional ruso de nacionalismo/autoritarismo. (Más adelante Mr. Slavskiy se verá obligado a matizar esta apresurada opinión, expresada poco después del inicio de la OME.)
Pero los medios no son el único pilar clave del sistema liberal, siendo igual de importantes los oligarcas que los financian. Como regla general, y desde la época de los griegos, la clase empresarial de cualquier sociedad apoya las políticas liberales. Históricamente ha habido, claro está, élites empresariales “económicamente nacionalistas” en lugares como Alemania e incluso titanes de la industria, como Ford en Estados Unidos, que promovieron políticas nacionalistas y un proteccionismo económico; pero esos casos son la excepción más que la regla. Los oligarcas empresariales suelen apoyar la inmigración laboral, una menor vigilancia estatal y a partidos políticos que adopten medidas que les permitan pagar menos impuestos, acceder a los mercados financieros internacionales y escamotear su patrimonio en bancos extranjeros. Después, esta casta contrata a expertos ideólogos que blanqueen sus intereses cubriéndolos con retórica moral. A estas alturas todos hemos oído alabar la santidad del libre mercado, nos han encandilado moralmente las empresas que exhiben banderas BLM y LGBTQ, y aceptamos sin problema que la rutinaria compraventa de políticos por lobbies de todo tipo es simplemente una parte del proceso democrático.
En Rusia, el mejor ejemplo de la estrecha alianza entre oligarcas y medios liberales es Gazprom, una compañía monopolista cuasi estatal dirigida por Alexey Miller (judeo-alemán) que, con dinero proveniente del gas ruso, es accionista principal del mencionado Eco de Moscú y financia muchos otros proyectos políticos y culturales liberales. Pero ahora el brazo mediático de Gazprom ha cerrado el grifo monetario al proyecto de Venidiktov, lo cual ha provocado muchas quejas y una amenaza de demanda por parte de la emisora. Venediktov ha declarado abiertamente que es víctima de una represión política y que el propio Putin apretó las tuercas a Gazprom (lo cual es perfectamente verosímil).
Ahora bien: el Deep State occidental conoce muy bien esta situación política y siempre ha contado con que, a largo plazo, los oligarcas rusos puedan derrocar a Putin y sus siloviki (personal militar y de seguridad). La fórmula es sencilla: apoyar los intereses y proyectos mediáticos de la élite liberal empresarial para irritar al pueblo ruso y, en un momento dado, provocar un golpe de estado tipo Maidan con el que derrocar al gobierno e instalar un régimen prooccidental. Si esto suena a conocido, probablemente sea porque el plan para Rusia se diferencia muy poco del plan para Ucrania, Georgia, Kazajstán y muchos otros estados que han sufrido revoluciones de color en el pasado reciente.
En este punto, y para dar una visión general de la situación política en Rusia, no está de más mencionar brevemente otro componente clave de ese plan: los nacionalistas. Tanto en Rusia como en la mayoría de estados post-soviéticos los nacionalistas se aliaron con los liberales y se dedicaron a formar -en sus propias palabras- un taran (un ariete) con el cual derribar las puertas del Kremlin. (Todo suena cada vez más familiar. Cuando conoces el manual de estrategias del Deep State occidental es bastante fácil ver, a través de la pantalla ideológica y la retórica moralista, lo que realmente sucede a puerta cerrada.) Muchos destacados nacionalistas rusos se declararon enemigos jurados de Putin y fomentaron una suerte de “nacional-liberalismo” o “nacional-democracia” que les permitió justificar ideológicamente su alianza con oligarcas como el ucraniano Kholomoisky y marchar contra Putin junto a la oposición liberal.
Sin embargo, los recientes acontecimientos han demostrado que Putin, a quien no parecía importarle que la situación se descompusiera durante el estancamiento político de los últimos veinte años, ha decidido actuar contra esta facción liberal, empujado por los últimos ataques occidentales en forma de sanciones económicas dirigidas a los oligarcas rusos. Las sanciones parecen tener el objeto de irritar a dichos oligarcas y provocarlos a actuar, a organizarse políticamente para exigir a Putin que acceda a las demandas de Occidente y evitar así que les incauten su dinero escondido y les corten sus líneas de crédito. Ahora, como se ve, esta clase empresarial está notando la presión de las sanciones occidentales y Putin ha decidido hacer de yunque contra el cual el martillo occidental la golpea. Vemos a Dmitry Medvedev, expresidente y ex primer ministro, tanteando la arena política y hablando abiertamente de un vasto programa de nacionalización económica; palabras que hace tan sólo un mes habría sido inaudito escuchar, pues habrían roto la tregua mantenida entre Putin y los oligarcas durante las últimas dos décadas. Por su parte, patriotas rusos de todas las clases y colores, ya sean comunistas, centristas, “putinistas” o incluso muchos nacionalistas no vendidos, han venido pidiendo esto mismo desde que se evidenciaron las desastrosas consecuencias de la campaña de privatización de los años 90 bajo la dirección de Yeltsin.
Resumiendo: vemos que la administración Putin está tomando medidas activas para cerrar los medios liberales y despojar de sus activos a la oligarquía “enemiga”. En la práctica, esto significa que el gobierno tomará un mayor control de las industrias clave y Putin pondrá a los suyos a cargo de éstas. El resultado final debería de ser bastante similar al modelo chino, el cual Putin ha elogiado a menudo por su idoneidad para defender los intereses nacionales y promover proyectos económicos en línea con los objetivos declarados del propio gobierno. Esta síntesis entre el Estado y las grandes empresas era, para los marxistas en los años 70, la “definición de libro” del fascismo, pese a que había sido practicada por monarquías, estados comunistas, estados nacionalsocialistas y literalmente por cualquier estado nacional de la historia en tiempos de guerra o crisis económica. Ya veremos según pasen los días, pero hay pocas razones para creer que Medvedev esté fanfarroneando en este asunto. Con Rusia enfrentada directamente a la OTAN, el país se verá obligado a adoptar una economía de guerra, y eso necesariamente significa una mayor integración del Estado y las grandes empresas, con una casi segura lista de purgas de elementos desleales en la clase empresarial.
Mientras tanto, en solo una semana la sociedad civil rusa ha sido sacudida hasta sus entrañas:
En lugares de trabajo y universidades están trazándose líneas entre traidores y leales.
Puede que la Duma no sobreviva mucho tiempo en su estado actual.
Se discute abiertamente la ley marcial.
Se ha abandonado la idea de los códigos QR y de implementar la agenda 2030 en lugares como Moscú y San Petersburgo.
Los liberales están saliendo del país hacia Georgia, Armenia, Turquía y Riga.
Los inmigrantes de Asia Central están siendo deportados en masa y muchos huyen por su propia voluntad.
Si en los años 90 surgió una nueva oligarquía democrático-liberal del caos de los últimos días de la Unión Soviética, la década de 2020 se perfila como la sentencia a muerte de ese viejo orden político. Rusia está atravesando una nueva metamorfosis política ante nuestros mismos ojos.
Existe la opinión generalizada entre el público más “antiimperialista” o “antiamericano”, por así decir, de que Rusia constituye una especie de baluarte contra, precisamente, el imperialismo estadounidense y una alternativa al modelo hipercapitalista del corporativismo occidental, de que Moscú está en las antípodas políticas, sociales y económicas de Washington, de que el Kremlin persigue objetivos muy alejados de los de la Casa Blanca y, en fin, de que Putin es un karateka-zen, básicamente bienintencionado, que le hace frente a la hegemonía financiera y militar angloamericana, al “orden mundial unipolar” establecido tras el derrumbe de la Unión Soviética, y que intenta liderar la construcción de un nuevo orden multipolar más justo y equilibrado.
Entre esos mismos o parecidos círculos de la -digamos- disidencia formal en Occidente, de la “opinión alternativa” y de quienes cuestionan -o creen cuestionar- más o menos de raíz el actual sistema (esfera que, curiosamente, engloba -entre otros- tanto a los muchos que se dicen a sí mismos comunistas como a los pocos que nos declaramos conservadores) existe igualmente la tendencia a creer que la guerra en Ucrania, contra lo que nos dicen todos nuestros gobiernos y los mass media dominantes, no la libra en realidad una pobre y apabullada nación contra las aspiraciones zaristas (o sovietistas) de su gigante vecino invasor, sino las fuerzas del mal, representadas por la EUSA pero delegando en tropas ucranianas con armamento, entrenamiento e inteligencia OTAN, contra las fuerzas del bien (o del no-tan-mal), representadas por el justiciero ejército de la Federación Rusa, que no hacen sino defenderse del insaciable expansionismo atlantista y defender del nazismo ucraniano a los masacrados y discriminados habitantes rusófonos del Donbás.
Y existe, por último, entre los más escépticos y conscientes antiglobalistas la idea de que Putin se opone o, como mínimo, se mantiene al margen de la conspiración judeomasónica que nos ha traído la falsa pandemia covidiana, que está trayéndonos la restricción de libertades fundamentales y la peor degeneración moral y social de la historia, y que nos traerá la dictadura climática total, el control ciudadano absoluto, las monedas digitales programables y, en fin, el mundo más distópico que hubiesen podido imaginar Orwell y Huxley en una noche de borrachera conjunta; de modo que -según dicha idea- Rusia representaría una suerte de oasis, último refugio de libertades ciudadanas en el desierto global de la esclavitud tecnocrática y la manipulación social.
Desgraciadamente, nada de eso -o casi nada- es cierto. Su humilde servidor participó durante bastante tiempo de muchas de esas opiniones e ilusiones, sembradas primero por su propia ingenuidad sobre el sediento terreno de la -infundada- esperanza en que existiera algún rincón donde poder escapar a la celda globalista que nos espera, que ya está aquí, y alimentadas después por los desinformadores medios de comunicación autodenominados alternativos que en su mayor parte, más que estimar sinceramente a Rusia (a la que en realidad desconocen), detestan a sus propios gobiernos y proyectan esa aversión en forma de una idealización sin fundamento de lo que imaginan ser el anti-Occidente. Pero las insalvables contradicciones y preguntas sin aparente respuesta que hallé a lo largo del camino que debería conducir hacia ese imaginado paraíso me obligaron a hacer un mayor esfuerzo de investigación, el cual finalmente dio sus frutos, pues me condujo a ciertos canales muy minoritarios pero informados de primera mano que traen las gélidas aguas de la realidad desde los ásperos y elevados roquedales donde no moran precisamente los unicornios rosas, sino los deformes orcos de las prosaicas vilezas humanas. En esas inhóspitas cumbres de la opinión son escasos el sesgo ideológico o los relatos que escondan la fealdad de los hechos, y la información suele estar desprovista de adornos. No se trata, ni mucho menos, del reino de la verdad absoluta, pero al menos no hay fraudes: lo que se dice es sincero y viene bien documentado, lo que se ignora se confiesa sin complejos y las inconsistencias se denuncian.
¿Y qué canales son esos? El problema está en que casi nadie (y Occidente menos que nadie) sabe lo que pasa en Rusia ni cómo es en realidad esa nación, excepto sus ciudadanos; pero éstos son tan patológicamente minusválidos para divulgar sus ideas en otro idioma que no sea el propio como los españoles (una verdadera desgracia nacional, y la razón por la cual la narrativa catalanista le gana por goleada a la españolista en la arena internacional), así que no hay más remedio que echar mano de los poquísimos analistas bilingües con la capacidad y las ganas necesarias para examinar, condensar y publicar, traducida al idioma universal, la miríada de opiniones y noticias que los rusos comparten, principalmente, a través de Telegram, que es por donde básicamente respira el pueblo llano ruso. Y ese esfuerzo para intentar dar a conocer al resto del mundo cómo son las cosas en las Tierras Eslavas lo realiza, hasta donde he podido averiguar, un mínimo número de cronistas independientes (o sin vínculo aparente con intereses que condicionen su opinión), de entre los cuales he destacado a dos, muy prolíficos y a los que leo habitualmente, más otros dos o tres que aparecen sólo de vez en cuando.
Así, actualmente mis principales fuentes de información son sendos blogs de Substack: The Slavland Chronicles (Crónicas de la Tierra Eslava), a cargo de Rolo Slavskiy (imagino que es apodo), un talentudo -y muy jactancioso- ruso étnico, naturalizado estadounidense y atormentado por la decadencia de su madre patria, que escribe largas filípicas denunciando la deplorable gestión que, de ella, viene haciendo desde hace décadas el Kremlin bajo la perniciosa influencia de una poderosa clase oligárquica; y Edward Slavsquat, a cargo de Riley Waggaman, un ingenioso y perspicaz estadounidense naturalizado ruso que constantemente denuncia el seguidismo que hace Moscú de la agenda globalista. Entre el uno, que cuestiona acerbamente el supuesto objeto del esfuerzo bélico ruso en Ucrania e incluso la realidad del antagonismo con Occidente, y el otro, cuya acertada información impide al lector hacerse ilusiones respecto a cualquier posible desviación, por parte de Moscú, de las directrices marcadas por la Agenda 2030, me considero relativamente bien informado. Hay -por supuesto- aún demasiadas cosas que ignoro (y dudo que llegue a saber) como para pensar que conozco ni medianamente bien los secretos y tejemanejes de Rusia, quiénes son sus verdaderos señores y qué persiguen en realidad, pero al menos estoy aprendiendo algo muy importante: lo que Rusia NO ES (ni parece que vaya a serlo en el corto o medio plazo), y que ya he adelantado en los tres primeros párrafos de este artículo: no es una alternativa a Occidente, no está en guerra para liberar al Donbás del genocidio nazi, y no se opone al distópico Nuevo Orden Mundial del Foro de Davos.
Ahí están mis fuentes para quien quiera verificar lo que digo. No obstante, en varias entradas de mi blog he publicado ya mi traducción al español de algunos textos de Riley Waggaman. Si no me fallan las ganas (cosa nada difícil, dada mi patológica inconstancia), espero seguir publicando otros más, tanto suyos como de Rolo Slavskiy.
Mucho se ha discutido sobre la propiedad, corrección e incluso conveniencia de escribir con x o con j el nombre del país de los aztecas (México versus Méjico), y existe al respecto una inacabable polémica que empezó hace dos siglos, cuando los mejicanos decidieron convertir ese concreto detalle ortográfico en un frente bélico más del proceso secesionista. Y a pesar de que quienes optamos por la j hemos quedado reducidos a un mínimo grupo de coherentes racionalistas conscientes de la inutilidad de enfrentarse a la visceral -pero fuertemente patrocinada- alternativa antiespañola, el debate continúa aún vivo y muy activo, si bien de modo casi unilateral: los partidarios de la x siguen publicando con regularidad, cada cierto tiempo y siempre repitiéndose a sí mismos, triunfalistas artículos explicando que se debe escribir Méxicoporque les da a ellos la gana, que vencieron en las dos primeras batallas, cuando la RAE (que desde Méjico se observa con enorme desconfianza y desdén, como una institución que supusiera una potencial amenaza a su soberanía nacional) aceptó en 1992 la correccion de la grafía con x y cuando después, en 2001, la recomendó como preferible; y que la iracunda masa indigenista no descansará hasta lograr -como sin duda ocurrirá- ganar la última, a saber: que dicha academia finalmente desautorice por completo la versión con j, reputándola error ortográfico y decretando excomunión para quienes nos obstinemos en dar prioridad al sentido común sobre la manipulación política.
Pero, como digo, hoy por hoy esta contienda se libra de un modo puramente artificial, pues a ella concurre sólo un bando, ya que el opuesto tiró hace tiempo la toalla y ahora sus adeptos nos limitamos, como mucho, a seguir escribiendo Méjico pese a que nuestro corrector editorial -quien lo tenga- nos afee el gesto imperialista, racista y, en fin, fascista.
Y no seré yo, desde luego, quien con este artículo pretenda ni aspire a dirimir ese tema de una vez por todas, pues ya los autorizados árbitros del español han dictado veredicto contra sí mismos y, sobre todo, porque en realidad hay muy poco que dirimir, ya que los hechos son enormemente simples, claros e indiscutidos. Mi objetivo aquí, lo único que al escribir estos párrafos deseo resaltar, es el manifiesto y confeso carácter antiespañol -e, indirectamente, negrolegendario- de la grafía con x.
En cuanto a “las generales de la ley”, son sencillas y bien conocidas a uno y otro lado del Atlántico: a fecha de hoy, la RAE admite como correctas ambas escrituras, Méjico y México, si bien recomienda la segunda variante por ser -dicen- la preferida en el país afectado (argumento que tácitamente admite la precedencia de las emociones sobre los criterios lingüísticos y que, en cierto modo, confunde los efectos con sus causas).
Y en cuanto a los hechos, me remito al estudio elaborado por Juan Nadal, doctor en filología de la Universidad nacional autónoma de Méjico (y, por lo visto, única fuente versada en este asunto, pues raro es el artículo sobre el tema que no lo cite o -peor aún- lo plagie directamente).
Dice el señor Nadal que los indígenas de aquella tierra, para nombrar su famosa ciudad en mitad del lago Texcoco, utilizaban un vocablo náhuatl que a los españoles que llegaron a aquel mundo les sonó al oído como /meshiko/; y para adaptar esa /sh/ al lenguaje escrito echaron mano -como era habitual en la época- de la norma alfonsí, que prescribía el uso de la x para transcribir tanto dicho sonido como el /ks/. Así, pues, tenemos a los españoles de principios del siglo XVI escribiendo “Mexico” para transcribir una palabra que pronunciaban /meshiko/ (al principio no llevaba tilde).
Pero los idiomas evolucionan en el tiempo, y ya durante ese siglo el castellano oral estaba poco a poco sustituyendo el fonema /sh/ por el /j/ hasta que, llegado el XVII, el primero desapareció por completo en favor del segundo; aunque, ¡ojo!, en el lenguaje escrito siguió transcribiéndose mediante una x. De manera que ahora ya tenemos a todos los hispanohablantes usando el sonido /j/ en muchas palabras que contenían la x, como Quixote (/kijote/), Ximena (/jimena/), axedrez (/ajedrez/) o México (/méjiko/).
Hasta aquí, ningún problema: todos, a uno y otro lado del océano, pronuncian /j/ donde antes pronunciaban /sh/, aunque sigan escribiendo “x“; y esta situación permanece invariable durante dos siglos más. Pero en el año 1815, en la octava edición de la Ortografía de la Lengua Castellana, la RAE estimó, con laudable criterio, que todas las palabras cuya x se pronunciaba /j/ deberían pasar a escribirse conforme a este sonido, o sea con j (Quijote, Jimena, ajedrez, Méjico). Y aquí es cuando surge el conflicto; no por sesudas discrepancias lingüísticas ni por un cambio en la fonética popular que desaconsejara aplicar la nueva norma, sino por motivos puramente políticos: Resulta que la guerra por la secesión mejicana había comenzado en 1810 (y se prolongó hasta 1821), así que al publicarse aquella edición de la ortografía del castellano los separatistas estimaron que hacer caballo de batalla de esas regla en concreto, presentándola como “impuesta” por la explotadora España, serviría para avivar el sentimiento secesionista, de manera que convirtieron en “cuestión de identidad nacional” el preservar la grafía México contra el muy razonable criterio de la academia.
Así lo admiten, sin ambages, tanto el propio Juan Nadal como prácticamente todo el que haya escrito sobre este tema; y el lector curioso puede comprobarlo en los varios enlaces que incluyo en este artículo.
Así, por ejemplo, lo expresa Joaquín López-Dóriga Velandia, periodista español naturalizado mejicano: “[L]a norma no sentó bien en [Méjico], en pleno proceso de independencia, por lo que la escritura México tomó incluso un carácter de identidad nacional.”
Lo mismo sucede con otros medios de comunicación y autores, como por ejemplo en este sitio web:
“[E]n la Nueva España no fue bien recibida dicha instrucción, ya que para entonces había comenzado el movimiento independentista. Como resultado, escribir el nombre de nuestro país con equis se transformó en un símbolo de resistencia y nacionalismo“
[…] no tiene ningún sentido utilizar la forma arcaizante Méjico, aunque la RAE no la considere un error. Si entendemos el español como el idioma que emplean más de 400 millones de personas, resulta muy corto de miras y suena a nacionalista español seguir recurriendo a una forma sin uso en el propio México y en toda Latinoamérica. Por lo tanto, escribe siempre México, nada de Méjico…
Al parecer, el autor de ese artículo revoluciona el concepto de lo arcaico, pues considera arcaizante la forma más moderna (con j) en lugar de la más antigua (con x), y aunque desaprueba el “corto de miras” nacionalismo español, el equivalente mejicano, sin duda muy amplio de miras, le resulta de obligada adhesión. Compárese con lo que dice la RAE en su políticamente correcta Gramática de 2010: “Quedan algunos restos del antiguo valor de la x como representante del fonema /j/ en ciertos topónimos y antropónimos que mantienen una grafía arcaica […]” (Muy eufemísticamente, por cierto, se refieren los académicos a los “restos del antiguo valor de la x“, pues si hoy en día continúa usándose en unos pocos casos no se debe a su antigüedad, sino a la baza político-lingüística que el secesionismo mejicano utilizó contra España.)
Otro ejemplo más puede encontrarse aquí: “[E]s un asunto casi de identidad nacional“.
Un poco menos combativo se muestra Rubén Conde Rubio, al admitir que la forma alternativa Méjico, no obstante estar mucho menos extendida que la forma con x, va “más en consonancia con las normas ortográficas actuales”. ¡Y tanto! Es que la forma con x está en frontal oposición a dichas normas, y si se mantiene la excepción es por la patológica debilidad de los académicos frente a la presión de los gobiernos y los medios de comunicación.
También en la misma línea razona un editorial del MXCity al decir que “El nombre de nuestro país se ha escrito en español con xdesde hace cinco siglos“, sin caer en la cuenta de que, para ser coherentes, el criterio de la antigüedad secular debería extenderse a todo el idioma, y no limitarse a media docena de palabras. Durante siglos se escribió “axedrez” y “Quixote”, pero no por eso el MXCity cree que deba seguir haciéndose. El editorial cae, además, en otra contradicción al admitir, acto seguido, la connotación política de la negativa a adaptarse a la nueva grafía: “La independencia reafirmó la defensa de los mexicanos de escribir el nombre de su país como siempre lo habían hecho“; como si la atroz dictadura gramatical de la RAE hubiera sido una de las razones para la secesión, cuando lo cierto fue lo opuesto: que el preexistente sentimiento separatista abonó la rebeldía gramatical. (Amén de que quienes “siempre” venían escribiendo México eran súbditos de la Corona Española, no mejicanos, pues tal país no existía hasta entonces.) Y por último, tras celebrar que “En el siglo XIX se fundan las Academias de la Lengua de las naciones de América Latina, [que] eran las que dictaban la norma dentro de estos países“, acto seguido admite tácitamente su subordinación (al menos subconsciente) a la academia española al añadir: “No fue hasta 1992 que la RAE reconoció que podría escribirse con x, pero siempre prefiriendo Méjico con j. Finalmente, en 2001 fue cuando la institución estableció la recomendación de que se escriba con x: México.” Aquí parece ponerse de manifiesto cierto complejillo de inferioridad, o quizá aflore la consciencia de la debilidad de su propio argumento, pues si las naciones de Hispanoamérica ya tenían sus respectivas academias de la lengua, ¿qué les importaba lo que pudiese decir la RAE?
Finaliza ese editorial con una cursilada digna de mejor causa pero que, una vez más, revela la auténtica razón que los impulsó a preservar la anterior grafía: “México se escribe con X porque remite a nuestra cultura, identidad, historia, raíces.” Es decir, que la cultura, identidad, historia y raíces de Méjico no tienen, al parecer, absolutamente nada que ver con España. (Hay que admitir, eso sí, en honor al autor del artículo que en esa última frase no se dejó atrás ni uno solo de los comodines de la corrección política.)
Por su parte, la web argentina Tusclases no desperdicia la ocasión para meter baza y hacer gala del antiespañolismo típico de la burguesía y la oligarquía rioplatenses, contando la misma historia pero acentuando los tintes dramáticos y negrolegendarios, así como recreándose en el vapuleo moral infligido a la metrópoli:
Ocurrió que la nueva normativa ortográfica impuesta desde Madrid no pudo llegar en peor momento. Hacía cinco años […] que los mexicanos luchaban por su independencia y la defensa de la X en el nombre de su país se convirtió en un símbolo más de la reafirmación de su identidad. ¡México jamás aceptó cambiar el nombre de su país y escribirlo con jota! [¡No pasarán! ¡Viva Méjico, cabrones! — Freelander]
[…] la RAE, tozuda, se mantuvo firme en defensa de la jota […] hasta 1992.
[E]n aquel año […], en Sevilla […] se celebró una espectacular Exposición Universal […] en la que cada país participante construyó su propio pabellón.
México levantó para la ocasión una equis gigante [que] hablaba por sí sola sin necesidad de más explicaciones. Fue todo un sopapo en los morros.
La RAE claudicó y aceptó por primera vez ese mismo año que ambas formas de escribir México eran correctas, pero manteniendo todavía la preferencia por la jota.
Hubo que esperar nueve años más, hasta 2001, para que la institución recomendara por fin que México y mexicano se escribieran preferentemente con equis mejor que con jota.
El vocabulario que emplea Tusclases no deja el menor lugar a dudas respecto a la naturaleza bélica, hostil a España, de la batalla por la x: “impuesta”, “tozuda”, “sopapo en los morros”, “claudicó”. Por lo demás, el hecho de que el pabellón mejicano en la Expo ’92 consistiera, entre mil posibles diseños, precisamente en una X gigante da una idea del desproporcionado interés que Méjico, so pretexto de la grafía de su nombre, tiene en mostrar su rechazo hacia España. Me parece que esto no es ningún detalle menor.
Finalmente, y para concluir, no falta -desde luego- quien se extasíe imaginando el disgusto que a los académicos del siglo XIX les supuso no la pérdida de Nueva España, sino que los separatistas lo habían hecho “con x“. En un verdadero paroxismo de tópicos e incoherencias, la bloguera Gina Flores escribe:
[…] en 1823 se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano.
Sí con “equis” y no con “jota” para sorpresa y soponcio de la RAE.
[…] La equis en México nos da una identidad propia e independiente de España, pues nos recuerda que una parte de nosotros y de nuestra cultura tiene origen indígena.
En esta perla literaria asoma otro de los ejemplos de lo que yo denomino “la naturaleza esencialmente antitética” de ciertos pueblos (catalanes, irlandeses, ucranianos), que basan su razón de ser en el no ser; en negar, antes que en afirmar; en derruir, antes que en construir; pueblos cuya existencia carecería de todo sentido si, de pronto, desapareciera la tesis a la cual su “antítesis fundacional” se opone. Pues, ¿qué es lo que la señora Flores considera destacable respecto a Méjico? Que no es España.
Aparte, para que la x en México pudiera hacerle recordar a doña Gina su “origen indígena”, tendría ella que pronunciar /méshiko/ como hacían los mexicas, y no /méjiko/ como pronunciaron después los españoles, luego los mejicanos y ahora ella misma. Mas, no satisfecha con semejante pavada y aprovechando que la estulticia aún no se castiga, continúa:
Me gusta la idea de que la palabra México viene de una lengua extranjera, que en este caso es el náhuatl, por lo tanto, no esta obligada a seguir los cambios dictados por la RAE en 1815.
Pero si el origen indígena de Gina Flores es mexica, ¿por qué consiera al náhuatl una lengua extranjera, y no propia? Aparte, esta mujer parece confundir las lenguas con sus hablantes, pues son éstos, no aquéllas, quienes “están obligados” a seguir las reglas ortográficas; y parece desconocer que todas las palabras -incluidos los barbarismos- de un idioma están sometidas a las normas de éste. Pero tampoco estas meteduras de pata la amedrentan, pues sigue escribiendo:
Algunos opinan que los mexicanos somos hipócritas, porque realmente no tenemos interés en nuestras comunidades indígenas y que solo estamos usando el náhuatl como pretexto para no seguir las normas dictadas por la RAE.
Más bien, lo que algunos opinarán es que ese tipo de argumentos son idiotas, no hipócritas. Si bien es cierto que hay quien invoca al náhuatl para elaborar su -manifiestamente erróneo- razonamiento, lo que en el presente artículo va quedando ya meridianamente claro es que el principal “pretexto” para rebelarse contra la famosa modificación ortográfica de 1815 fue el sentimiento antiespañol y secesionista.
Me parece que con lo mostrado es suficiente. Llegados a este punto, creo que se comprende la esterilidad de entrar en el fondo del debate: cuando el argumento de un lado es “marcar la diferencia”, “hacer lo contrario” o “crear una identidad nacional”, ya ha quedado todo dicho y no hay nada que discutir. A estas alturas, ningún lector que conserve un mínimo de criterio propio debería albergar duda alguna respecto a la animadversión contra España que encierra la grafía con x de la palabra México (y sus derivados). No se trata de mi opinión, sino de las voces de innumerables mejicanos, sin duda representativas del pensamiento nacional predominante en su país. Basta leer las “razones” que esgrimen para comprender sus sentimientos hacia España, que varían desde la desafección -en el mejor de los casos- hasta la malquerencia o incluso la inquina. No es un pretendido respeto por la lengua náhuatl ni por sus “raíces indígenas” lo que informa el criterio mejicano de “conservar” la x en unos pocos topónimos, sino el abierto y declarado rechazo a España y el subsiguiente deseo de diferenciarse y distanciarse de ella.
Lo que sí es opinión mía es que aceptar sumisa o cobardemente (por una malentendida tolerancia, engañosamente virtuosa) esa grafía por parte de un español equivale a recompensar la antipatía con ofrendas de fraternidad; es la malhadada prédica cristiana de poner la otra mejilla, esa actitud de perdedores y vencidos; y equivale, al menos en parte, a sancionar la Leyenda Negra. Pero usted, amigo lector, tendrá también su opinión.
Es un mediodía cualquiera del templado invierno en Torata, una pequeña villa serrana de Perú. Un numeroso grupo de escolares, uniformados de azulón y blanco, aparece por una esquina de la plaza del pueblo bajo la dirección de varios adultos y, con una ingenuidad tan conmovedora como desdichada, comienzan una suerte de representación consistente en varios actos que no parecen guardar demasiada relación entre sí. En uno de ellos, un puñado de varoncitos camina con las espaldas encorvadas como bajo el peso de la esclavitud (¿ejercida por algún temible dictador, o acaso por los mismísimos conquistadores españoles?) en tanto que otros cuatro o cinco, detrás, los fustigan teatralmente de manera inclemente, arrancándoles hartos gemidos de dolor. En el siguiente acto, un grupo de bravas libertadoras (históricamente muy representativas, pues siempre fueron las mujeres quienes trajeron la libertad a las naciones oprimidas) desfila al muy razonable -aunque desganado y sin convencimiento- grito de: “¡Queremos libertad, viva la democracia!”; de donde puede inferirse que en Perú no existe ninguna de ambas cosas (lo cual, irónicamente, es la pura verdad, extensiva al mundo entero) o que cuanto de ellas pueda haber lo traen esas jóvenes mestizas con sus protestas, gracias a las cuales el pueblo habría dejado de sufrir alguna tremenda represión autoritaria y muy probablemente heteropatriarcal.
Los otros actos representados parecen menos claramente simbólicos, como el de los alumnos saliendo por turno al imaginario proscenio a cantar las loas de los oficios tradicionales locales (esos con los que dieron al traste el crecimiento y el progreso brindados a Torata por la vecina mina de Cuajone): el lechero, el aguatero (que vende agua), la panadera, la tamalera, etc.
¿Sería demasiado naíf preguntar si esa representación supone una protesta contra la minería o una simple manifestación de “identidad cultural” revitalizada gracias a la democracia y la libertad?
Es difícil no contemplar a esos estudiantes con ternura; mas ¡ay, qué fácilmente maleables son sus ingenuas mentes y qué sencillo es adoctrinar a los pueblos, lo mismo a los cultos que a los incultos! El daño que gobernantes sin escrúpulos (si tal expresión no es redundante) hacen a sus naciones es incomensurable.
Una tercera o cuarta parte de esos escolares, sanos y fuertes como robles, llenos de inquebrantable vitalidad y salud, llevan puesto el tapabocas. Why, oh why? Cuando los poderes fácticos abrieron la mano de las restricciones y permitieron a la población mundial respirar en paz (dicho sea en su doble sentido), la mayoría de los países occidentales se liberó en masa, aliviada, de casi todas las medidas “higiénicas y preventivas”, empezando por los nasobucos, siguiendo por el distanciamiento social, por las reuniones invernales al aire libre, las aulas con ventanas abiertas, las restricciones a la libertad de movimiento e incluso la compulsiva necesidad de acudir a la clínica más próxima para inyectarse la última “dosis de refuerzo” del preparado mágico. Hasta los afirmacionistas más recalcitrantes, los moralmente superiores salvadores de vidas, debieron de sentir en su fuero interno -pero sin confesárselo- que ya estaba bien de tanta cautela absurda que no había podido evitar que la inmensa mayoría de la población se contagiase de todas formas, y varias veces, con la dichosa variedad gripal; aunque -por supuesto, y para evitar la disonancia cognitiva- aquéllos se dijeran a sí mismos que, de no haber obedecido ellos las normas como ejemplares ciudadanos, habría perecido la mitad de la humanidad.
Por eso resulta tan llamativo que, mientras Occidente abandonó con diligente presteza las medidas sanitarias a la voz de mando de la OMS, Hispanoamérica persiste en flagelarse con tapabocas y geles hidroalcohólicos. La “pandemia” ha acabado para todo el mundo, nos dice el étnicamente diverso Tedros Ghebreyesus desde su privilegiado púlpito; y sin embargo, en Perú…
Otro mediodía cualquiera de ese mismo templado invierno, en una juguería del mercado de Moquegua, una mujer pide un extracto de frutas y vegetales que posiblemente imagina revitalizador, dietético, gluten-free, ecológico, sostenible y con perspectiva de género. La vendedora, con las manos desnudas y brillantes por la mezcla de néctares que resbala desde la hoja del negruzco cuchillo, manos con las que ha estado tocando los dineros tendidos desde los sucios dedos de cien clientes anteriores, trocea con destreza las verduras y frutas que, impregnadas de esa pringosa y dulzona mezcla de líquidos (en cada una de cuyas gotas hay un billón de gérmenes, incluyendo al espeluznante sars-cov2) va dejando caer en el vaso de la desbocada batidora. La cliente, que no aparenta cobardía ni pusilanimidad algunas ante el amenazador cóctel patógeno que, acto seguido, se mete entre pecho y espalda con ayuda de una higiénica pajita, muestra en cambio un muy cívico temor ante los bacilos que puedan impactar e invadir su organismo desde el aire, y en consecuencia no lleva al descubierto ni un solo fragmento de su piel: guantes de lana (negros), camisa de manga larga y abrochada hasta el cuello, mascarilla (negra), gafas (para la vista) superpuestas a las cuales lleva otro par de gafas (negras) de sol que hacen al observador recordar al Hombre Mosca, el pelo (negro) cubriéndole la parte de la cara que no le tapan los elementos anteriores y, de remate, un sombrero… negro ¿Qué clase de retraso mental debe de tener una persona así?
A esta peculiardad hispanoamericana (y no nos referimos aquí a la aprensiva neurótica recién descrita, que sin duda es una excepción incluso en esta sociedad); a esta porfía en continuar con las normas preventivas cuando ya la voz autorizada de LA CIENCIA (ese árbitro único y supremo de la sanidad global que es la OMS) ha dicho que nada de eso es ya necesario; a este grado de traumatización post-covid que difícilmente tenga parangón en el mundo, no es fácil encontrarle explicación. Puede que estos países sean los pueblos más respetuosos del orbe para con la salud ajena y los más cautos para con la propia (hasta el punto de estar dispuestos a sufrir molestias e inconvenientes con tal de no poner en riesgo ninguna de aquéllas), o puede que sean los más ignorantes y crédulos; sin descartar una combinación de ambas causas, pues la primera, por sí sola, no es suficiente para explicar el fenómeno, dado que las ideas de “respeto y cautela” frente a una amenaza inexistente (si hemos de creer -¿y cómo íbamos a cometer la herejía de no hacerlo?- el infalible y unánime dictamen de LA ciencia personificada en Ghebreyesus) exigen que ésta se perciba como real, lo cual requiere a su vez unas buenas dosis de candidez, incultura y superstición, atributos de los que las sociedades hispanoamericanas no andan precisamente escasas.
Ahora bien: quien intente despachar la cuestión del excesivo temor al contagio que persiste en estos países atribuyendo su causa a la ignorancia y la credulidad de sus habitantes estará obligado a preguntarse: Y en esencia, ¿en qué se diferencian los iberoamericanos del ilustrado Occidente? ¿Acaso en su día no nos asustamos, con el mismo espantajo, en el mismo grado que ellos hoy? El hecho de que en este continente los efectos traumáticos del miedo inducido sean más profundos o duraderos que en Europa no cambia la idéntica naturaleza y origen del efecto provocado por la campaña universal del pánico. Los argumentos que esgrimieron la prensa y los gobiernos (vasallos del poder económico) fueron exactamente iguales a lo largo y ancho del orbe entero, y todos y cada uno de los habitantes del planeta reaccionó en uno de los dos modos siguientes: o se convenció de que una temible plaga amenazaba a la humanidad, o despreció tal historia; es decir, o afirmacionistas o negacionistas. No hubo prácticamente término medio. Por eso, quien ahora caiga en la tentación de explicar la mayor aprensión de un pueblo (en este caso el Perú) por su mayor ignorancia o credulidad, deberá aplicarse esa explicación también a sí mismo. Quizá en Occidente nos “recuperamos” del miedo al virus con más rapidez que en Iberoamérica, pero eso no nos redime de la credulidad en su día demostrada, que en nada se diferencia de la de esta gente. De hecho, a alguno conozco yo que fue el primero en “protegerse” (o sea, en amedrentarse) y más tarde pretendía reírse de los más temerosos.
Pero entonces, si no es una cuestión de incultura, pusilanimidad o candor, la pregunta sigue sin respuesta: ¿por qué en esta parte del mundo ha calado tan hondo el “protocolo sanitario”? Que me conteste quien pueda.
En un artículo (en inglés) publicado el 26 de julio, titulado “La MDBC del Banco de Rusia: mito frente a realidad”, Riley Waggaman da respuesta a ciertas ideas erróneas populares respecto a la moneda digital del Banco de Rusia. Esta entrada es mi traducción de ese artículo, así que todo el mérito del contenido es de Riley.
Las iniciales MDBC (o CBDC, del inglés central bank digital currency, como puede leerse a veces en textos en español) significan “moneda digital de banco central”.
El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, promulgó oficialmente el rublo digital del Banco de Rusia el pasado lunes, después de que la Duma estatal ratificara el marco legislativo para la “tercera forma de moneda” de Rusia a principios de este mes.
Salvo en los medios estatales y corporativos, el rublo digital no ha sido particularmente bien recibido en Rusia, seguramente porque la mayoría de los rusos se dan cuenta de los serios peligros y riesgos que conlleva la adopción de un token [ficha real o virtual equivalente al dinero] digital centralizado y programable, emitido y controlado por un banco central obediente al FMI y que opera con independiencia del estado ruso.
Sin embargo, en los “medios alternativos” occidentales parece haber aún cierta confusión sobre el rublo digital. Según ellos, mientras que las MDBC occidentales son claramente una herramienta de control total, la MDBC de Rusia supondría un jaque mate para los globalistas.
Estoy seguro de que sólo es una coincidencia, pero muchos de los puntos fuertes que esgrimen los discípulos del rublo digital pueden ser leídos en una útil página de Preguntas frecuentes en la web del Banco de Rusia.
El presente artículo intenta aclarar algunas confusiones habituales respecto a esta pesadilla digital, que sin duda llegará pronto también a algún país de su entorno.
Mito: El rublo digital es esencialmente distinto de otras MDBC. No hay posibilidad de abuso
El rublo digital es diferente de otras MDBC en un aspecto: la velocidad a la que está avanzando su puesta en marcha.
(El Rastreador de MDBC del Consejo atlántico afirma que 130 bancos centrales de todo el mundo están en proceso de lanzar sus propias monedas digitales. El Banco de Rusia anunció sus planes para desarrollar el rublo digital en octubre de 2020 y fue uno de los primeros bancos centrales en comenzar a probar su MDBC de forma activa.)
El rublo digital es prácticamente idéntico a otras MDBC. Olga Skorobogatova, Vicepresidente primera del Banco Central de Rusia, dijo en una reciente entrevista con Forbes que el rublo digital usa la misma “arquitectura” que el yuan digital chino (que ya viene siendo criticado por sus rasgos distópicos):
Forbes: ¿Se usó la experiencia de China para crear el rublo digital?
Skorobogatova: Estamos observando y estudiando con mucha atención la experiencia de todos los reguladores que están realizando proyectos similares. Y la de nuestros colegas chinos también es muy indicativa para nosotros. […]
En segundo lugar, China utilizó una arquitectura híbrida: una combinación de soluciones centralizadas y elementos de blockchain [cadena de bloques]. Empíricamente, llegamos a la misma conclusión. Debo decir que al principio creamos una plataforma prototipo en blockchain, la probamos y nos dimos cuenta enseguida de que la tecnología no estaba lo bastante madura para crear soluciones industriales completas con ella, sobre todo en términos de rendimiento de procesamiento de pagos. Por lo tanto, al final hemos creado una plataforma con una arquitectura híbrida: utilizamos una solución de TI [tecnología de la información] centralizada y una blockchain.
Todas las MDBC son en esencia iguales, y la adopción global de estos tokens digitales centralizados se coordina estrechamente entre los bancos centrales y otras organizaciones nocivas para la soberanía de los estados. Esto no es ningún secreto.
El Vicegobernador del Banco de Rusia, Alexey Zabotkin, presumía de las características high-tech y los usos potenciales del rublo digital en una charla en el Cyber Polygon 2021 (organizado conjuntamente ese año por Sberbank y el Foro Económico Mundial [FEM]). Zabotkin dijo que la MDBC de Rusia “permitirá una mejor trazabilidad de los pagos y el flujo del dinero, y también explorará la posibilidad de condicionar los usos permitidos a una determinada unidad monetaria“.
En cuanto a cómo podría darse un mal uso a esta nueva tecnología, hay alrededor de 1000 artículos de reputados comentaristas y medios patrióticos rusos que no le encuentran más que puntos negativos al rublo digital. He aquí una pequeña muestra de las últimas reacciones a su desarrollo y adopción:
[Esta semana] Putin también firmó la ley del rublo digital, enviando así a la Federación Rusa por el trillado camino de los globalistas satánicos del FMI y el Banco Mundial…
Espero que nuestra audiencia de hoy no necesite que le digan que la evolución digital de los bancos centrales es un proyecto para crear un campo de concentración digital. Bueno, sólo apuntaré brevemente que [a las MDBC] se las llama también “moneda programable”.
Programable: eso significa que sus parámetros se determinan según el propietario y la cuenta de moneda digital o billetera digital. El ejemplo más claro de esto puede verse en China, donde lleva años en marcha un proyecto piloto para el yuan digital.
Eduard Kolozhvari, catedrático asociado del Departamento de mercados e instituciones financieras de la Universidad estatal de economía y administración de Novosibirsk:
[El rublo digital] podría ser utilizado para limitar sus compras, sus viajes, su libertad. Si usted sueña con un “campo de concentración digital”… teóricamente ese peligro existe.
Igor Nagaev, financiero y licenciado en ciencias políticas:
Con la ayuda del dinero digital se puede controlar todo y a todos. Eso es lo que quiere cualquier estado, aunque sólo sea para recaudar todos los impuestos que pueda para las arcas públicas.
Su cuenta digital se ubicará en el Banco Central, donde se fusionará toda la información sobre el movimiento de su dinero. Allí se controlarán todos sus recursos, que por supuesto se destinarán en primer lugar a pagar las deudas con los oligarcas, luego con el estado y, por último, las que usted haya contraído.
Posiblemente algunos de ustedes no querrán tener una cuenta digital. Pero, ¿recuerdan cómo nos impusieron las tarjetas MIR? Pues su pensión o su salario se transferirán a una divisa digital. Los pagos por servicios públicos sólo se aceptarán en moneda digital y, si ellos quieren, también forzarán a las tiendas a usar la plataforma digital.
¡Y usted no podrá ir a ninguna parte! Por eso el gobierno tiene prisa por crear pasaportes digitales y el rublo digital. Si anteriormente sólo se imputaba a presuntos delincuentes, ahora todos los ciudadanos de Rusia estarán bajo vigilancia y, por la mera voluntad u orden de un funcionario, pueden quedarse sin salario, sin pensión.
Pilla usted la idea.
Mito: Pero el rublo digital ayudará a Rusia a eludir las sanciones y proteger su soberanía
Rusia ya tiene su propio sistema de pago (MIR), que se utiliza para abonar las pensiones, los salarios de los empleados públicos las prestaciones sociales. (MIR fue desarrollado por una empresa belga y lo opera el Sistema nacional de tarjetas de pago, que es una filial del Banco de Rusia. ¿Sorpresa?)
Las tarjetas MIR se aceptan hoy día en al menos nueve países, así que ¿por qué no expandir esta red? ¿Por qué invertir tiempo y recursos en crear un nuevo sistema que otorgue a su operador (el Banco de Rusia) un control casi absoluto sobre toda la población? Hay respuestas obvias a esta pregunta, pero ninguna de ellas es “para eludir las sanciones”.
En cuanto a la idea de que el rublo digital ayudará a fortalecer la soberanía de Rusia: ¿Cómo va a lograr esto una MDBC que otorga aún más poder al Banco de Rusia, el cual no es una entidad del gobierno ruso?
De la mismísima fuente: “El Banco de Rusia no es un organismo del Estado, pero sus poderes sí son los de un organismo tal, pues la implantación de sus funciones implica el uso de la imposición estatal”. Fuente: Banco de Rusia
¿Qué es lo que tiene el rublo digital que no tenga el MIR (salvo la centralización total, la programabilidad y el vasto potencial para un ilimitado abuso)? ¿Y cómo beneficia a la soberanía rusa el confiar esta increíblemente poderosa herramienta a una entidad no estatal?
Mito: No hay por qué preocuparse, pues el rublo digital será totalmente voluntario, para siempre
Probablemente el rublo digital tarde varios años en entrar en circulación y convertirse en una forma de pago “normal”, y no hay duda de que en el futuro previsible su uso se simultaneará con el del dinero en efectivo. Pero la promesa del Banco de Rusia de que su MDBC siempre será opcional y voluntaria es risible, especialmente después de la “pandemia”. Recordemos qué significa que el gobierno ruso -o cualquier otro- prometa no retorcerle nunca el brazo al ciudadano…
El 16 de junio de 2021, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, insistió en que “no se barajaba” hacer obligatoria a nivel nacional la vacunación. Justo un año después, el 16 de junio de 2022, el Ministro de salud de Rusia anunció su intención de incluir el COVID en el calendario nacional de vacunación. (Por suerte eso aún no ha sucedido, pero algunas regiones decretaron la inyección obligatoria y el gobierno federal apoyó plenamente esas medidas).
Los planes cambian o se ocultan. Por suerte las inyecciones COVID aún no se han añadido al calendario de vacunación obligatorio, pero se impusieron a millones de rusos a través de decretos, que después se derogaron en la primavera de 2022. (fuente/fuente)
De hecho, en Rusia ya existe un precedente respecto a la prohibición del dinero efectivo, sobre el que ya escribí aquí. Un ejemplo notorio es la decisión administrativa, en la región de Moscú, de prohibir pagar en efectivo los tiques de autobús: en marzo de 2020, a los viajeros dicha región se les negó temporalmente utilizar efectivo para tal uso (“debido al coronavirus”). La prohibición se levantó cuatro meses después, pero ahora se ha vuelto implantar y esta vez ha venido para quedarse. Y a partir del 1 de septiembre los conductores de autobús se enfrentarán a multas de hasta 5000 rublos si osan aceptar efectivo:
Una prohibición “temporal” de usar efectivo en los autobuses de Moscú durante la “pandemia” se hizo finalmente permanente. Aquí hay una enseñanza, por algún lado. (fuente/fuente)
Increíblemente, las Preguntas frecuentes del propio Banco de Rusia distorsionan (por decirlo de un modo caritativo) la realidad observable en 2023, en un intento de prometer que nunca les pegará a los rusos la puñalada trapera. A muchos ciudadanos les preocupa verse obligados a adoptar el rublo digital si el gobierno decide utilizar esta “tercera forma” de moneda para pagar salarios y pensiones. He aquí la increíble respuesta del Banco de Rusia:
No hay tales planes. Y hoy, para recibir la pensión o el salario, se puede optar entre hacerlo en efectivo por caja, en una oficina de correos, o bien electrónicamente en la tarjeta MIR. Esa opción se respetará.
Aunque la frase anterior es técnicamente correcta, le falta un contexto importante: el Banco de Rusia hizo todo lo posible para forzar a la gente a pasarse al sistema MIR (que, insistimos, es de su propiedad). Además, obligar a un empleado público a elegir entre usar una tarjeta MIR o no usar tarjeta ninguna es, por definición, una forma de coacción.
En efecto, gracias a un valeroso cabildeo político del Banco de Rusia, en 2018 el gobierno aprobó una ley según la cual para que un funcionario reciba su salario mediante transferencia a una cuenta bancaria que tenga una tarjeta asociada, ésta debe ser forzosamente del tipo MIR. La alternativa es recibir la transferencia a una cuenta sin tarjeta, o bien cobrar en efectivo por caja. En 2021 el Banco de Rusia logró que se ampliase este requisito a los pagos de prestaciones sociales.
No se preocupe: el rublo digital, que también es propiedad y está bajo el control del Banco de Rusia, será totalmente voluntario para siempre. (fuente/fuente)
Salvo escasas excepciones, las únicas personas que reciben dinero del gobierno y no han sido aún coaccionadas para usar una tarjeta MIR son los jubilados, pero el Banco de Rusia ya ha anunciado que tiene la intención de cerrar esa fisura.
Ahora bien: el amable y atento banco central ruso no deseaba que los pensionistas solicitaran tarjetas MIR durante el COVID (pues eso los obligaría a salir a la calle e ir caminando hasta el banco; muy peligroso). En su lugar, les recomendó “auto-aislarse”, como informó TASS:
A fines de 2020 el Banco de Rusia pospuso una vez más la fecha límite para la transferencia obligatoria de pensiones y otros pagos sociales a tarjetas del sistema de pago nacional MIR. […]
El Banco de Rusia ya explicó que la decisión de posponer [la exigencia de que los jubilados se cambien a MIR] se debe a la pandemia y la necesidad de que las personas mayores estén auto-aisladas.
Al mismo tiempo, el Banco Central señaló que más del 96% de los jubilados que reciben sus pensiones en cuentas-tarjeta ya se mudaron al sistema MIR. Sin embargo, sigue habiendo una pequeña porción que aún no ha recibido dicha tarjeta debido a la pandemia y, en la situación epidemiológica actual, el regulador recomienda que los bancos les entreguen las tarjetas en sus hogares.
Ahora que ya sabe usted todo esto, lea una vez más la declaración “desmitificadora” del Banco de Rusia:
El Banco de Rusia ni siquiera sabe ser del todo honesto respecto los pagos del gobierno en 2023. Poco tranquilizador. (fuente: Banco de Rusia)
Por favor, no se deje embaucar por esta burda y repulsiva MDBC. Es como cualquier otra MDBC.
Torata es un pequeño pueblo de dos mil habitantes situado en el valle de su río homónimo, a 2200 m de altitud sobre el nivel del mar y a unos 30 km corriente arriba desde Moquegua; en el corazón, por tanto, de la cordillera occidental andina cuyos picos son puerta al altiplano peruano, el cual, 300 ó 400 km más al nordeste, queda por último interrumpido por la muralla de la cordillera oriental, que son esos Andes que conocemos por las ilustraciones y las películas. Tras ellos, y varios quilómetros en vertical hacia abajo, se encuentra la inmensa cuenca amazónica.
Según el viajero se acerca al pueblo puede ver, en la ladera de un cerro, una leyenda gigante hecha con piedras amontonadas y encaladas que dice así: “TORATA CRECE GRACIAS AL CANON MINERO”; texto cuya lectura me sugiere inmediatamente dos reflexiones que son, en cierto modo, inseparables una de otra: a) ¿para qué necesita Torata crecer?, y b) ¿significa esa frase que los torateños deben alegrarse, en nombre y a cambio del sacrosanto crecimiento, de que la industria minera contamine su valle poco a poco hasta privarlo del encanto que, precisamente, hizo de él un lugar ideal para vivir? Preguntas retóricas, claro está.
El antiquísimo dogma del crecimiento es un sofisma que jamás ha sido explicado ni ha acarreado, que me conste, bienestar emocional alguno (¿y hay algún otro tipo de bienestar más importante que ése?) a los miembros de la sociedad “cresciturus”. Cualquiera diría que quienes creen a pies juntillas en ese dogma (o sea, casi todo el mundo) lo hacen influidos por el mandato divino del Génesis (1.28) o en virtud de una errónea interpretación darwinista de las sociedades según la cual el sino que esperaría a las que no creciesen sería el de perecer o ser absorbidas por otras más “prósperas”; y digo errónea porque, si “crecer o extinguirse” fuese el dilema a que se enfrenta toda sociedad, no veo razón por la que idéntica cuestión no pueda aplicarse también a cualquier otra especie animal o vegetal, en cuyo caso no habría ninguna sobre el planeta que estuviera en equilibrio con su hábitat; lo cual sabemos que no es así.
En cualquier caso, y consideraciones bíblicas o evolutivas aparte, las sociedades humanas han vivido durante decenas de miles de años (hasta -como quien dice- antesdeayer) en “equilibrio estacionario”, sin criterio u objetivo de crecimiento alguno, y en la mayoría de los casos no se han extinguido ni les ha pasado nada grave. La moderna doctrina del “crecimiento per se” es del todo artificial, ni necesaria ni inevitable, y no me extrañaría nada si resultara que vino de la mano de la revolución industrial o de algún acontecimiento más pretérito aún como, por ejemplo, la invención del dinero. ¿Pero qué se yo de esos temas? Lo que sí sé con elemental presciencia es que, gracias a la minería y el “crecimiento”, a la vuelta de unas décadas a Torata no lo conocerá ni la madre que lo parió y se habrá quedado sin su Arcadia feliz como yo me quedé sin abuela.
El “canon minero” al que se refieren es la compensación económica que, en Perú, reciben los municipios afectados por la minería, y su propia existencia delata bien a las claras los perniciosos efectos sobre el medio ambiente y la salud (entre otros factores) de ese género de actividad industrial, pues si ésta fuese enteramente inofensiva (o incluso –como se les cuenta a los torateños– beneficiosa), ¿por qué habrían de ser indemnizados?
La mina de cobre de Cuajone se encuentra a seis quilómetros de Torata, valle arriba y a vuelo de pájaro; es la mayor que, de ese mineral, tiene el país y la explota desde hace más de medio siglo la Southern Peru Copper Corporation, empresa originalmente estadounidense y adquirida en 2005 (90% de las acciones) por la sociedad bursátil mejicana Grupo México. Cuajone es una descomunal explotación a cielo abierto de nada menos que doce quilómetros de longitud que, junto a los trabajos puramente extractivos, incluye una planta de preprocesado del mineral, actividades ambas que han motivado a lo largo de los años diversas denuncias y protestas de ganaderos y agricultores por contaminación del río y otros problemas. Por otra parte, un detallado estudio indica que el canon y las regalías mineras, cuya justificación teórica es tanto “consolidar el crecimiento de los sectores económicos alternativos a la minería” como “mejorar la calidad de vida de los habitantes del distrito de Torata”, no están sirviendo para alcanzar los fines perseguidos: por un lado, el presupuesto municipal depende en un 98% de dichas transferencias (es decir, que ya no hay ningún sector económico alternativo a la minería y, de no ser por las compensaciones, Torata prácticamente desaparecería); y por otro, ni el PIB per cápita, ni la esperanza de vida ni el nivel educativo en el pueblo han mejorado -según dicho estudio- en medida apreciable respecto al período inmediatamente anterior a la institución del cánon y las regalías. O sea, que éstos no han sido impulsores del bienestar.
Imagen satélite de Cuajone
Lo cual, por supuesto, no supone en realidad fracaso alguno del verdadero objetivo de esas transferencias, que no es más que el de silenciar, a base de dinero, a los habitantes de la región. La historia de siempre: remedios cortoplacistas, llamativos e inservibles como las cuentas de vidrio, pero acordes con la naturaleza del ser humano, tan miope para todo lo que no sea inmediato. Aunque ¿por qué habría de ser de otro modo? Ninguna especie animal está dotada del instinto necesario para prevenirse contra su autoaniquilamiento.
Torata consta de cinco calles que faldean la ladera norte del estrecho valle en que se asienta y cuatro, muy empinadas, perpendiculares a aquéllas. En su punto más alto (tanto, que los 200 m de ascenso desde la plaza lo dejan a uno jadeando) hay un mirador con un enorme cristo blanco a cuyos pies se extiende en toda su hermosura la pequeña vega que el valle acoje, y sobre la cual se despliegan, en la vertiente opuesta, los yermos y parduzcos montes de las sierras hasta perderse en la lejanía.
Vega de Torata desde el mirador del Cristo Blanco
Al ver así el pueblo desde arriba, inmerso en un oasis de verdor (y pese a la irremediable fealdad de sus tejados de lámina), resulta difícil no pensar en un pequeño retazo del paraíso. Mas esta visión es bastante engañosa, pues no estamos hablando de ninguna aldea perdida entre las montañas de Cantabria, poblada por una docena de viejas más algún cabrero, sino de una localidad con una actividad no del todo desdeñable: en torno a la bonita y arbolada plaza, que concentra casi toda la vida, no deja de pasar gente, a pie o motorizada, camino de sus quehaceres; hay una decena de comedores y otras tantas tiendas, una comisaría de policía y una bonita iglesia neoclásica de no muy antigua planta. Cuenta el municipio también con al menos un colegio -bien nutrido de niños- y hasta un polideportivo con campo de fútbol. En las afueras, una docena de casas en construcción avalan el “crecimiento” del que hablan las autoridades. Aun así, se respira un ambiente de mucha tranquilidad; los vecinos saludan al forastero por la calle y nadie parece tener mucha prisa. De cuando en cuando una amerindia arrugada, con la piel como cuero viejo, asciende despacio por la pendiente de una calle, ataviada con sus abigarradas ropas de absurdos colores entreverados de lentejuelas, embutida en lanas pese al fuerte sol del mediodía, con su gorro de fieltro emplumado y cargando a la espalda su misterioso fardo envuelto en polícroma tela listada; o bien se detiene y se sienta en un banco del parque, la mirada inexpresiva, inmóvil y como quien no tiene absolutamente nada más que hacer en la vida.
Plaza de Torata
El lugar, sin duda, invita a quedarse. Pero resulta que no hay alojamiento disponible: los cinco inmuebles (con un aspecto muy nuevo, por cierto) donde alquilan “Habitaciones c/s amueblar” sólo las ofrecen por meses, no por días. Según me explica una de las dueñas, es porque la mucama le cobra 30 soles por la limpieza; pero no me parece una razón muy convincente, por cuanto, aunque la habitación costase sólo 40 al día, a un viajero que deseara quedarse por ejemplo tres días le ganaría 90 soles netos, lo cual siempre será mejor que dejarla sin alquilar. Más plausible me parece el que estos propietarios hayan hecho una fuerte inversión teniendo in mente a los trabajadores de la mina, cuyas largas estancias les reportan unos buenos y estables ingresos mensuales sin tener que curarse del enojo de ocasionales pasajeros que, como un servidor, andan buscando remansos de paz.
¡Lástima que Torata esté condenado a desaparecer de todos modos! O bien la veta del cobre se extiende hasta su propio subsuelo -en cuyo caso el pueblo será evacuado y demolido para poder seguir explotándola-, o bien la mina se agotará algún día, dejarán de llegar las compensaciones económicas por el destrozo ecológico y ese será su fin. Pero, mientras tanto, todo va estupendamente y “crecemos gracias al cánon minero”.
Este post es una versión algo abreviada de una entrevista al periodista moldavo Iurie Rosca realizada por Edward Slavsquat. No comparto el enfoque ciegamente religioso del entrevistado, ni algunas de sus exageradas expresiones, pero tal vez su comprensión de la situación geopolítica actual no se aleje demasiado de la realidad.
La caída del globalismo a la tecnocracia global
Una entrevista con el periodista moldavo Iurie Rosca
El presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, abriendo la ceremonia del 14º Encuentro anual de nuevos nampeones, también llamado Davos de Verano, en la localidad china de Tianjin, 27 de junio de 2023. Foto: Xinhua
El periodista moldavo Iurie Rosca ha centrado su trabajo en sacar a la luz la infiltración occidental en el mundo exsoviético y en destacar los peligros que nos esperan a todos a medida que la tecnocracia global basada en el “modelo chino” vaya reemplazando a la hegemonía estadounidense.
Aparte de dedicarse al periodismo, Rosca dirigió el Partido Popular demócrata cristiano de Moldavia y fue diputado en el parlamento de su país durante cuatro mandatos entre 1994 y 2009; fue nombrado dos veces vicepresidente del parlamento moldavo y viceprimer ministro de las agencias de seguridad.
Devoto cristiano ortodoxo, Rosca es un anticomunista convencido y, tras la caída de la Unión Soviética, se convirtió en un antiliberal, hostil al Occidente Colectivo.
Mantuvo varios sitios web que el Servicio de seguridad e información de Moldavia le cerró en marzo de 2022. Actualmente administra un popular canal de Telegram donde publica textos y videos traducidos a varios idiomas. También es autor de varios libros en rumano, ruso y francés.
Su último ensayo, “Pronto en sus pantallas: La fase apocalíptica de la tecnocracia y el transhumanismo”, fue publicado en junio por Technocracy News.
Iurie, cuéntanos algo sobre ti y tu enfoque del periodismo. Organizas una conferencia anual en Moldavia, ¿cierto?
Empecé mi lucha por la libertad contra el imperio soviético hace más de treinta años, y continúo luchando contra el imperio estadounidense hasta el presente. No me permito estar afiliado a ningún centro de poder, pues perdería mi libertad como periodista y no podría hacer análisis políticos honestos. Publico libros escritos por algunos amigos en el extranjero (sobre todo disidentes franceses), así como míos. También trabajo como traductor.
Mi crítica implacable al globalismo y a las redes de influencia occidentales me ha puesto en el punto de mira de Estados Unidos y Bruselas. Ataco abiertamente a la ocupación económica, política, cultural, informativa y, más ampliamente, civilizatoria impuesta por la corporatocracia occidental en el espacio excomunista. Pero, a diferencia de la gran mayoría de los disidentes de la hegemonía occidental, no peco de sovietolatría, no tengo nostalgia del régimen comunista ni padezco de Putinofilia como adoración neopagana y ceguera intelectual. A veces, este tipo de síndromes los promueven personas inteligentes que buscan el patrocinio de grupos afiliados a Moscú. Tales compromisos morales no son para mí. El clientelismo y el espíritu mercenario pueden venir envueltos en nobles intenciones, pero eso no cambia su esencia.
En 2017 organicé, con amigos occidentales y rusos, una conferencia internacional llamada Foro de Chisinau. Esta plataforma se ha convertido en una especie de think tank que ha resultado en una estrecha cooperación con la prensa alternativa internacional. El Foro organiza conferencias abiertas en varios países y ha publicado varios libros de autores soberanistas. Por desgracia, debido a la “pandemia”, en los últimos tres años tuvimos que cancelar nuestra conferencia, pero espero que podamos volver a convocar el Foro de Chisinau en septiembre de este año. El tema del evento será: “La Agenda 21 de la ONU y el Gran Reinicio: La caída del liberalismo a la tecnocracia y el transhumanismo”.
En mayo publicaste un ensayo verdaderamente fascinante titulado “Cómo superar el estancamiento paradigmático”. Lo comienzas con una afirmación muy provocativa: “Pese a los grandes conflictos entre varios países, todos siguen con sumisión la misma agenda globalista”. ¿Puedes explicar cómo llegaste a esta conclusión? ¿De qué forma siguen las potencias mundiales la “misma agenda globalista”?
En 2020, sobre todo después de que Rusia condenara el golpe de estado de 2014 en Kiev y tomara el control de Crimea, creí que la administración Putin había decidido poner fin al preocupante estatus de Rusia como colonia occidental, como república bananera de la corporatocracia globalista, proveedora de materias primas para los países ricos de Occidente. Incluso esperaba que hubiese una purga de quienes habían controlado el sector económico y financiero del gobierno –incluido el Banco Central– durante más de 30 años, y que Moscú ofrecería al mundo una alternativa geopolítica clara y perceptible.
Pero mis esperanzas se vieron frustradas. La “quinta columna” (la vasta red de agentes respaldados por Occidente) permaneció intacta en la administración estatal, y los oligarcas, organizados al estilo mafia, siguieron explotando los vastos recursos naturales de Rusia para su beneficio personal y en detrimento del país. Moscú dejó tirado al Donbass durante ocho años, continuó el asesinato diario de la población pacífica de esa región, y los acuerdos de Minsk confirmaron mi temor de que Rusia no tenía un liderazgo capaz de manifestarse como una alternativa real y efectiva a Occidente.
El curso de los acontecimientos en Rusia ha demostrado que, de hecho, la administración Putin es sólo una dócil ejecutora de las órdenes de la “plutocracia rusa”. Bajo el régimen actual, el país podría llamarse sin exagerar una xenocracia (gobierno por extranjeros). Y, como en todos los países capitalistas, el factor económico ha subordinado al político y los gobernantes son sólo títeres del capital.
La falsa pandemia lanzada en 2020 ha confirmado sin lugar a dudas que Rusia, como China y los demás países BRICS, están sometidos a un centro de mando único.
A través de centros de mando como la OMS y la GAVI [Alianza global para vacunación e inmunización], este gobierno mundial en la sombra impone directivas vinculantes para todos los estados. Las políticas de despoblación global [asistida por la vacunación], desmantelamiento de la economía mundial, mascarillas obligatorias, distanciación social, encierros y autoaislamiento sólo encontraron resistencia en algunos países africanos, y sus líderes lo pagaron con la vida. Bielorrusia y Suecia, en parte, también resistieron.
En el verano de 2020, Klaus Schwab publicó su infame libro “Covid-19: El Gran Reinicio”, un manifiesto sobre la reorganización de la economía mundial a manos de la tecnocracia, liquidación de la propiedad privada, modificación genética y vigilancia total de la humanidad. A esta nueva realidad a nivel internacional la llamé “el fin de la geopolítica clásica”.
La [epidemia] puso de manifiesto la total sumisión de los supuestos poderes que se proclaman como alternativa al “Occidente Colectivo”. Hay muchos indicios de que los [actuales] conflictos económicos, diplomáticos e incluso militares entre estados no anulan la agenda internacional a aplicar en todos los países del mundo, sino que simplemente desvían de ella la atención del público. El nombre de esta agenda es bien conocido desde la Cumbre del Planeta en Río de Janeiro en 1992, que estableció una estrategia única de desarrollo para todo el orbe. Pero tres décadas más tarde muchos de [los nuestros] aún no saben detectar esta nueva realidad geopolítica.
Desde entonces, los círculos globalistas han impuesto a toda la humanidad el mito del cambio climático, la trampa de la biodiversidad y la distracción tecnocrática llamada “desarrollo sostenible”. Han lanzado contra nosotros todas estas iniciativas con la fuerza de un sunami, sobre todo a partir del 2020. Escribí sobre esta agenda común en mi último ensayo, publicado por Technocracy News.
Pero aunque [estas] fuerzas han subordinado a todo el mundo, promoviendo su agenda a través de la ONU, hay que estar ciego –o ser un mercenario– para no ver que, incluso tras el comienzo de la guerra en Ucrania, la administración Putin no ha abandonado su puesta en marcha de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, [ni tampoco] la digitalización masiva de la sociedad, la supervisión y el control ciudadano total, la supresión del dinero en metálico, la moneda digital, etcétera.
Una percepción superficial del conflicto entre Occidente y Oriente invita a apoyar a los países del este, pero es importante recordar que Occidente, al colonizar al mundo entero, se ha hecho global. Los estados se hallan actualmente en un dramático proceso de pérdida de soberanía, y los verdaderos líderes del mundo se concentran en torno a entidades extraterritoriales (el gran dinero, las grandes tecnológicas, las grandes farmacológicas, los grandes medios, etcétera).
Por eso sostengo que estamos en un estancamiento geopolítico del que sólo una guerra podría sacarnos. Nadie desea la guerra, pero los globalistas han concentrado un arsenal tecnológico tan grande que, con él, podrían controlar fácilmente a todos los países y seres humanos del mundo. Sólo una grave crisis puede brindarnos la ocasión de destruir el actual sistema de dominación mundial. Cualquier otra cosa no es más que propaganda para bobos y facilidades para que los especuladores ganen más dinero.
En el mismo ensayo describes a Pekín como potencia económica y política emergente, pero avisas que China es “un proyecto piloto, un modelo de sociedad a imponer en todos los Estados.”¿Cómo describirías el “modelo chino”?
Para comprender el papel que la élite globalista ha asignado a China debemos fijarnos en la visita secreta de Henry Kissinger a Pekín en julio de 1971 y la subsiguiente visita oficial, en febrero de 1972, del presidente Richard Nixon.
No es sin razón que a Kissinger se lo considere el fiel aliado de uno de los personajes más siniestros del siglo XX, David Rockefeller. Fue éste quien fundó el famoso Club de Roma en 1968, de donde salió, en 1972, el odioso informe “Los límites del crecimiento”. Este documento es clave para entender tanto la estrategia maltusiana de la despoblación como la desindustrialización de los países occidentales. Al penetrar los globalistas en China comenzó una colosal operación para destruir la fuerza económica de Occidente mediante la famosa política de desregulación.
La fuga de capitales e industrias desde los países occidentales hacia China y otros países asiáticos, resultado de grandes transformaciones en las políticas económicas, ha debilitado a Occidente y ha producido el “milagro chino”. Recordemos que las élites globalistas no profesan lealtad a ningún Estado, son extraterritoriales por excelencia y persiguen una estrategia única: la dominación mundial. El imperio británico, y después el estadounidense, se utilizaron para este mismo propósito; y ahora ha llegado la era del triunfo mundial de China.
Para comprobar cómo este país es un instrumento geopolítico en manos de las élites globalistas de la “marca Rockefeller” basta con consultar un documento clave: el informe anual 2010 de la Fundación Rockefeller, excelente ejemplo de programación predictiva que profetizó con precisión –y con una década de antelación– la epidemia de Covid-19.
Dicho informe, “Escenarios para el futuro de la tecnología y el desarrollo internacional”, tiene un capítulo muy interesante titulado Lock Step [al unísono, al pie de la letra], expresión que se ha citado miles de veces desde el comienzo de la estafa Covid-19 (léanse las páginas 18-26). Este informe describía hasta en sus menores detalles la mayor parte de lo que hemos presenciado diez años después, incluida la aparición del “virus” en China, y pronosticó correctamente que la tiranía médica china (mascarillas, confinamientos, cuarentenas, etc.) sería elogiada por su “eficiencia”.
Las alabanzas del sindicato criminal Rockefeller a la gestión china de la “emergencia médica” pueden considerarse como la apoteosis de Pekín. China fue y sigue siendo la herramienta más importante para marcar el comienzo de la gobernanza global y del Nuevo Orden Mundial (NOM).
Otro ejemplo de la “utilidad y eficiencia” del régimen llamado comunista, pero en realidad tecnocrático, de China es el siguiente: ¿Recuerda el Evento 201? Fue un “ejercicio pandémico” de alto nivel organizado en Nueva York el 18 de octubre de 2019 por el Centro John Hopkins para la seguridad de la salud –herramienta del clan Rockefeller durante el siglo pasado– en asociación con el Foro Económico Mundial (FEM, la principal entidad de los globalistas) y la Fundación Bill y Melinda Gates (actor clave en el exterminio masivo internacional mediante vacunas y actor principal de la industria farmacéutica, incluida GAVI). Fue el último ensayo de la élite globalista antes de la operación especial Covid-19. Casualmente, asistieron a él las autoridades sanitarias tanto de EE.UU. como de China.
Y también casualmente (aunque predicho al menos dos veces, en 2010 y en 2019) fue en China donde comenzó la siniestra estafa del Covid-19. Como era de esperar, globalistas como Soros, Gates y Schwab elogiaron a dicho país por su efectividad en la lucha contra la epidemia.
Otro ejemplo de la supuesta soberanía china y su milagro económico: Recientemente Pekín ha recibido la visita de un querido amigo del pueblo chino, Bill Gates. Como informó Reuters:
El presidente chino Xi Jinping, en su primer encuentro desde hacía años con un empresario extranjero, calificó a Gates de “viejo amigo” y dijo que esperaba que pudiesen cooperar para el mutuo beneficio de China y EE.UU.
Pero en realidad el evento más reciente que confirma el papel principal de Pekín en la agenda globalista fue la Reunión anual de nuevos campeones del FEM, celebrada del 27 al 29 de junio en Tianjin, China.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, es indispensable comprender el papel asignado a China en el NOM por la élite globalista. China es el proyecto piloto de la tiranía tecnocrática que esperan establecer sobre absolutamente todos los países del mundo, bajo un único centro de poder, muy probablemente para 2030 (como se estableció en la Agenda de la ONU adoptada en 2015 en París) y que en última instancia impone el mito del cambio climático, la idea draconiana del “desarrollo sostenible” y el fin de cualquier resto de soberanía nacional o de libertades personales. Control total de todos los ciudadanos, fin de cualquier tipo de libertad política, económica o ideológica, transhumanismo, totalitarismo digital, vacunación obligatoria, manipulación climática y modificación genética de la humanidad. Será un régimen distópico a escala internacional, dominado por fuerzas que pretenden organizar mejor nuestras vidas.
El lado cómico de este inquietante plan de felicidad estilo chino para todas las naciones –y aceptado por los gobernantes y los propagandistas rusos– es el llamado proyecto One belt one road (Iniciativa de la franja y la ruta).
¿Puede algo de esto ser motivo de alegría para un patriota, para un intelectual familiarizado con el proceso de dominación económica como paso previo a la dominación política, cultural y civilizacional? Que sea China, y no Estados Unidos, el vehículo para imponer un nuevo orden global, ¿significa que debamos renunciar a nuestra independencia, identidad nacional, cultura y tradiciones? ¿Debemos abandonar la esperanza de una soberanía nacional, de crear bloques regionales enfocados hacia ideas comunes de civilización arraigadas en una misma tradición religiosa?
En vista de esta tragicomedia sin precedentes en la historia de la humanidad, compadezco a quienes afirman que China sería una alternativa válida a la hegemonía estadounidense y occidental, que obviamente encarna uno de los mayores males que el mundo ha conocido. Pero piensa en lo que se nos avecina: un GULAG digital mundial basado en el modelo chino, con vigilancia total, puntuaciones individuales de calificación social, terrorismo de Estado y cárceles llenas de disidentes; no creo que esta sea una alternativa deseable para una persona normal que no se haya vendido a los globalistas de Occidente, Rusia o China.
De hecho, tiene gracia que el Kremlin pretenda seriamente ser “aliado” de Pekín. Sería más preciso describir a Rusia como una vasalla de China. Basta simplemente ver el comercio entre los dos países. Bien podemos decir que Rusia ha dejado de ser una semicolonia occidental para pasar a serlo de China y, en parte, también de India y Turquía.
¿Cuál es la situación actual en Moldavia respecto a la tecnocracia y la tiranía médica introducidas por la “pandemia”? ¿Hay algún esfuerzo oficial o popular para resistir a las iniciativas defendidas por la OMS, el FEM y otras organizaciones globalistas?
En la actualidad, el régimen político en Moldavia está totalmente controlado por los estadounidenses, y en concreto por la red de Soros. Nuestros líderes son muñecos sin personalidad, sin biografía, sin capacidad política o administrativa alguna, pero leales al amo occidental, que promueven una política hostil a Moscú haciéndose pasar por fieles aliados del régimen sionista de Kiev.
Cuando se lanzó la falsa pandemia en 2020 estaban en el poder los llamados socialistas liderados por el presidente Igor Dodon, el favorito de la administración Putin. Y así como Putin y su régimen han mostrado una subordinación total a la OMS, también lo ha hecho el régimen títere en Chisinau, imponiendo violentamente el mismo terror, incluida la vacunación forzosa, bajo un pretexto médico.
Después de que el régimen prorruso fuera sucedido por el prooccidental, liderado por Maia Sandu –que llegó a la presidencia en noviembre de 2020–, continuó la misma política del terror médico con la disculpa de la epidemia. No hubo diferencia. En general, todo el espectro político, desde la izquierda a la derecha, ha adoptado la agenda de la OMS. E idéntical homogeneidad existe en las políticas económicas impuestas a través del FMI, el Banco Mundial, la OMC, la UE, etc.
Los políticos de hoy son cautivos irremediables del paradigma económico liberal, con el mito del libre comercio, el control de la inflación, los préstamos, las aduanas, las políticas fiscales y presupuestarias dictadas desde fuera por el “Consenso de Washington”.
Por otro lado, no existe un proceso político en sí mismo. Sólo dinero sucio, proveniente de centros de poder foráneos o grupos mafiosos locales, que se vuelca en exitosos proyectos mediáticos y políticos. Si tienes dinero, triunfas como “político”; si no, eres un perdedor.
Eres bastante crítico con Moscú. ¿De qué “lado” estás en la guerra de Ucrania? ¿Quién es el responsable último de ese conflicto y qué se debería hacer?
Esta guerra es solo un eslabón de una larga cadena de acontecimientos históricos que remonta sus raíces a la conocida obsesión del Poder del Mar (la talasocracia o los anglosajones) por destruir a Rusia como potencia terrestre, como una telurocracia, un Estado cuyo poder deriva del dominio militar o comercial terrestre (Carl Schmitt). Este conflicto es parte de las llamadas constantes geopolíticas, y no importa quién esté en el poder en Rusia: el zar Nicolás II, Stalin o Putin.
Los enemigos de Rusia tienen tres objetivos:
1. Espiritual: destruir la religión ortodoxa.
2. Económico: controlar los vastos recursos naturales rusos
3. Militar: dominar Eurasia.
Como explicó Sir Halford J. Mackinder: “Quien controle Europa del Este controla el Núcleo [del Volga al Yang-tse]; quien controle el Núcleo gobierna la Isla del Mundo [Afro-eurasia]; quien gobierne la Isla del Mundo gobierna el mundo”.
Por supuesto, Rusia está en una guerra defensiva y la OTAN usa a Ucrania en esta guerra proxy [por poderes]. Pero la forma en que actúa la administración Putin muestra que Rusia tiene un liderazgo gerontocrático, inerte y anticuado, dominado por oligarcas y enormemente influenciado por agentes extranjeros. Al chapucear lo que pudo haber sido una exitosa guerra relámpago, Rusia ha quedado atrapada en un prolongado conflicto que está causando colosales sacrificios humanos en ambos bandos.
La sucesión del poder en Moscú mediante elecciones es imposible, un golpe de Estado es indeseable, que Putin y Shoigu despierten de su letargo colectivo es inimaginable, y la aparición de sentimientos patrióticos entre la clase dominante es inverosímil. Así que, como siempre a lo largo de la historia rusa, no queda más esperanza que Dios. Sé que el cielo está lleno de santos, mártires y héroes rusos que rezan por la salvación de su tierra. Sé que Rusia no ha perdido del todo su masculinidad, y esta guerra está dando forma a una nueva generación de héroes, que también tendrán algo que decir en los principales cambios políticos que se avecinan.
Pese a todos estos deprimentes acontecimientos, aún confío en la derrota de los enemigos de Rusia y en el triunfo del espíritu cristiano y patriótico.
[Este post es traducción -ligeramente libre- de un artículo publicado por Riley Waggaman.]
Sochi acoge una conferencia de la ONU para garantizar la “indivisible bioseguridad” en la lucha contra “amenazas infecciosas”
Moscú se une a la coalición de 70 naciones para “proteger la salud [global] y garantizar el desarrollo sostenible”
Parece que fue todo un éxito.
Los días 22 y 23 de junio de 2023, Sochi (eso está en Rusia) acogió la cuarta conferencia internacional “Desafíos globales de bioseguridad: problemas y soluciones”, una de las varias iniciativas globales organizadas en torno a la Convención de Armas Biológicas (CAB) de la ONU.
La cumbre fue encabezada por el Servicio federal ruso para la vigilancia de la Protección de los derechos del consumidor y el bienestar humano (Rospotrebnadzor), con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia.
Su objetivo es discutir el fortalecimiento de la seguridad biológica internacional. Se espera que participen en el evento más de 150 personas de 70 países, así como organizaciones internacionales y sociedades civiles y del mundo académico. […]
La reunión de Sochi es una plataforma para una discusión profesional abierta de todos los países y organizaciones interesados en garantizar una seguridad biológica indivisible basada en el respeto a la soberanía y los intereses de los Estados en esta área.
La conferencia de Sochi permitirá analizar las amenazas actuales a la seguridad biológica en el mundo y desarrollar propuestas para contrarrestarlas con el fin de proteger la salud y garantizar el desarrollo sostenible.
Los delegados discutirán los actuales riesgos de bioseguridad globales y regionales, experiencia en responder a amenazas infecciosas, y nuevas oportunidades científicas para garantizar la bioseguridad.
Se explica por sí solo.
La conferencia también discutió el “fortalecimiento de los mecanismos supranacionales para reducir la amenaza del desarrollo y uso de armas biológicas y tóxicas”, que por supuesto es un tema muy importante, digno de diálogo y cooperación internacional. Si se ha avanzado hacia la consecución de este objetivo, deberíamos alegrarnos todos.
Y aunque resulta encantador que la conferencia haya enfatizado la importancia del “respeto a la soberanía y los intereses de los Estados”, no estoy seguro de que los proyectos de salud global liderados por la ONU tengan un buen currículum en ese aspecto. Pero esta es solo mi opinión.
La web de la conferencia tiene una “circular administrativa” que revela algunos detalles interesantes sobre quiénes asistieron. Una sección de ese documento incluye una lista de oficiales de enlace para varias delegaciones, aunque parece ser una lista incompleta. Mi suposición es que algunos países no quisieron dar a la prensa detalles de contacto, cosa habitual en este tipo de eventos.
Estados Unidos es signatario de la CAB, pero no puedo confirmar si Washington envió una delegación oficial. (En este momento, y a juzgar por la falta de informes de los mass media estadounidenses, asumo que no.)
He aquí, en cambio, lo que sí sabemos: la Universidad Johns Hopkins envió un “experto en salud”. No es gran cosa.
También estuvieron: Representantes de la OMS, así como de la Oficina Europea de esta organización.
Obviamente, se exigió a los participantes que acataran las muy seguras y efectivas “medidas para prevenir la propagación de COVID-19” del Rospotrebnadzor. Como se detalla en la web de la agencia:
En cumplimiento de los requisitos vigentes en la Federación Rusa [FR] para prevenir la propagación de una nueva infección por coronavirus:
– los ciudadanos extranjeros que lleguen para participar en la Conferencia deben tener un certificado (en ruso o inglés) al cruzar la frontera de la FR que confirme el resultado negativo del test PCR para COVID-19, realizado al menos 72 horas antes de la llegada a la FR. Al ingresar a la FR se llevará a cabo un control sanitario y de cuarentena;
– la temperatura corporal de todos los participantes en los eventos se controlará a la entrada del edificio (quienes tengan una temperatura corporal superior a 37,1 ºC no podrán entrar);
– las instalaciones se limpian con desinfectantes activos contra virus (según las instrucciones del producto);
– las unidades de desinfección de aire instaladas están homologadas para su funcionamiento en presencia de personas;
– la disposición / ubicación de sitios para el personal, participantes, representantes de prensa y otras categorías de personas que se encuentren simultáneamente en el lugar del evento se organiza teniendo en cuenta la distancia social;
– hay desinfectantes de manos a la entrada del edificio, en la sala principal de conferencias, comedores, etc.;
– se garantiza el uso de EPI por los participantes, organizadores y asistentes durante toda la duración del evento.
Así, pues: “tests” PCR negativos, cierta clase de “control de cuarentena”, chequeos de temperatura, todo rociado con productos químicos (por seguridad y salud), aire “desinfectado” en todas las instalaciones, asientos distribuidos para garantizar el adecuado “distanciamiento social”, desinfectante de manos en todas las entradas, y mascarillas obligatorias.
Por cierto: a juzgar por las fotos publicadas en la web de la conferencia, la exigencia de mascarilla fue estricta incluso en el exterior:
La WCPB [?] se creó como “la contribución de Suiza a la Asociación para la Paz (ApP) de la OTAN … El personal docente está formado por especialistas invitados, alrededor del 20% del personal tiene experiencia como analistas de la OTAN y del Pentágono. También entre el personal científico y docente hay empleados que fueron capacitados en las universidades de la URSS y de Rusia, que hablan ruso.”
“La tarea principal del Centro es capacitar a expertos entre diplomáticos, militares, funcionarios de diferentes países y empleados de organizaciones internacionales en diversos aspectos del campo de la seguridad. Los temas predominantes de los cursos son la política de seguridad internacional, incluida la seguridad humanitaria (social e individual) y la cibernética, la política de seguridad europea y el control democrático sobre las estructuras de poder de los Estados líderes.”
Las consideraciones finales de Katyusha:
Simplemente nuestros funcionarios invitaron a Sochi a maravillosos “socios” en el apogeo de la contraofensiva Ukronazi sobre las posiciones del ejército ruso en total coordinación con el enemigo OTAN.
Sobre la OMS y, en particular, la Oficina Europea de la OMS, que recientemente cerró su delegación en Moscú en señal de “asociación” especial, simplemente guardaremos silencio: Katyusha analiza en detalle sus actividades en otros artículos.
Entonces, ¿sobre qué van a negociar “nuestros” diplomáticos y autoridades médicas? ¿Sobre cómo hacer un mundo mejor, más limpio y más amable, sin infecciones, sin armas químicas? Por desgracia, hay grandes dudas al respecto. Como hay dudas de que los iniciadores de esta reunión no representen una amenaza para la seguridad nacional y la soberanía de Rusia.
Una evaluación muy sensata, en opinión de vuestro humilde corresponsal.
No menos importante es incrementar los esfuerzos colectivos de la comunidad mundial en la lucha contra las epidemias. Me gustaría confirmar que los especialistas rusos están preparados para continuar tomando parte activa en la eliminación de brotes de infecciones peligrosas en diferentes regiones del mundo.
Miren: Eso no es halagüeño. No lo es. No hay forma de darle a eso un sesgo amable, de verdad.
Para ser justos con Putin, también denunció el hecho de que “en los últimos tiempos se han violado sistemáticamente los principios aprobados por este documento fundamental [la Convención sobre la prohibición de armas biológicas y tóxicas]. Además, las iniciativas útiles para fortalecer el correspondiente régimen de no proliferación encuentran a menudo la oposición de ciertos Estados que buscan utilizar los problemas internacionales existentes para garantizar su propia seguridad biológica a expensas de los demás.”
Esto me parece certero, y creo que sabemos a quién se refiere Putin.
Bueno… No preveo que Moscú se retire de la OMS en el corto plazo. Al contrario, parece que el gobierno ruso continúa garantizando su lealtad a la “bioseguridad indivisible” en la cruzada global para proteger nuestra “salud”. Y también algo sobre el “desarrollo sostenible”, que siempre encuentran algún modo de incluirlo en todo.
[Esto es mi traducción al español de un artículo escrito por Riley Waggaman (uno de los escasos periodistas que ofrecen al lector angloparlante una visión y una versión del sector ruso más crítico). Las aclaraciones entre paréntesis cuadrados son mías. Las siglas “ESG” -del inglés “Environmental, Social, Governance”- se refieren a un enfoque de inversión comprometido con lo social, lo medioambiental y la gerencia corporativa benigna.]
La agenda ESG avanza por toda Rusia
El evangelismo ESG de Herman Gref está dando dividendos
Como parte de su interminable campaña para hacernos la vida intolerable, el director ejecutivo del banco pro-vacunas más grande de Rusia [llamado Sber; logo de la foto superior] ha estado difundiendo de forma metódica el Evangelio ESG.
El 16 de mayo Gref firmó un acuerdo con la Universidad Técnica Estatal Bauman de Moscú, uno de los institutos técnicos más prestigiosos de Rusia. El acuerdo tiene como objetivo “desarrollar la educación ingenieril en Rusia”.
Sber y la Universidad Bauman “trabajarán juntos para realizar investigaciones científicas, fundamentales y aplicadas, en los campos de la robótica y la ingeniería de software. Los desarrollos conjuntos que aspiren a lograr los objetivos de desarrollo sostenible (ESG) podrán formar un área de cooperación diferenciada”.
Anatoly Pesennikov, director de Sber Sudoeste, declaró: “Desde hace varios años llevamos registrando [en Krasnodar] una demanda creciente de las soluciones digitales de Sber a todos los niveles: salud, educación, bienes raíces, turismo, comercio y el complejo agroindustrial. Y estamos preparados para implementar en 2023 muchos proyectos prometedores: apoyo a la inversión para empresas importantes para Kubán, ampliar la disponibilidad de pagos sin efectivo, desarrollar el comercio online utilizando tecnologías de inteligencia artificial e implementar proyectos piloto ESG en docenas de áreas y direcciones”. […]
Además, Sber está expandiendo de forma activa su asociación ESG en Kubán. Desde 2021, Sberbank y el Ministerio de Economía de la región han estado desarrollando principios ESG en el entorno empresarial como parte de un acuerdo de cooperación.
4 de abril: Sber organiza un “festival ESG único” en Karelia
Una chica Sber respetuosa con el medio ambiente, Karelia (fuente)
“En un tono lúdico, el festival promueve los principios ESG: una actitud respetuosa hacia el medio ambiente, una alta responsabilidad social y un gobierno corporativo de alta calidad”, dijo Konstantin Bugrim, gerente de la sucursal de Sberbank en Karelia. […]
Con la ayuda del Maratón ESG, los participantes pudieron mejorar sus habilidades y conocimientos medioambientales, sociales y de gestión a través de pruebas interactivas.
3 de mayo: “Ingushetia y Sberbank firmaron un acuerdo de cooperación en el campo de ESG”
El acuerdo tiene como fines reducir los riesgos del cambio climático global, la transición a soluciones bajas en carbono y modelos económicos verdes, mejorar la calidad de vida y brindar igualdad de oportunidades para empleados y residentes. También aspira a elevar los estándares de gerencia corporativa, transparencia y responsabilidad en el área de ESG.
Mahmud-Ali Kalimatov, cabeza de la región, comentó: “Estoy seguro de que nuestra cooperación en este área tendrá mucho éxito en el campo del desarrollo sostenible. Esperamos que la transformación ESG aumente la productividad y la eficiencia de muchos procesos en economía y negocios, así como el atractivo de la región para los inversores”.
3 de mayo: “El gobierno de Daguestán y Sberbank acuerdan desarrollar conjuntamente tecnologías digitales y ESG”
Anatoly Pesennikov, presidente de Sber Sudoeste, declaró: “El acuerdo firmado hoy será el siguiente paso en nuestro trabajo conjunto sobre el desarrollo y la implementación de tecnologías digitales en áreas diversas de la vida, y de proyectos ESG en muchas áreas”.
4 de mayo: “Osetia del Norte y Sberbank desarrollarán la cooperación en el campo de ESG”
El documento prevé la implementación y desarrollo conjuntos de tecnologías y servicios avanzados. Además, como se señaló, el acuerdo ayudará a crear en la república las condiciones para la transición a un modelo de desarrollo sostenible.
“La relevancia de la agenda ESG crece cada año. Sber cuenta con una amplia experiencia en la ejecución de proyectos encaminados al desarrollo sostenible en áreas y ámbitos diversos. El acuerdo firmado hoy será el próximo paso hacia la transformación ESG de la región. Junto con el Gobierno de Osetia del Norte, Sber ayudará a aumentar la inversión, el atractivo de la república y la mejora de la calidad de vida de cada uno de sus habitantes”, subrayó Anatoly Pesennikov.
Pillas la idea.
Al parecer, Gref firmará otro contrato de cuatro años con Sber (es director del banco desde 2007), así que es razonable asumir que Sber continuará con su cruzada ESG en el futuro previsible, probablemente hasta que desaparezca toda traza de carbono (las proles).