Freelander

Categoría: Mundo eslavo

Apartado de opiniones relacionadas con los países eslavos

  • Valencia-Donbass connection

    Mucho se ha comparado últimamente el caso del Donbass en Ucrania con el de Cataluña en España, equiparando a aquellos rusohablantes “separatistas” con nuestros secesionistas catalanoparlantes y asimilando Ucrania con España y el Donbass con Cataluña. Pero me parece a mí que tal comparación es bastante desacertada, pues los contextos y antecedentes en ambos casos son esencialmente distintos. En su lugar, yo defiendo una comparación alternativa, y para ilustrarla propongo al lector un pequeño ejercicio de imaginación.

    Supongamos que Cataluña, en su ambición expansionista y aprovechando por enésima vez la patológica debilidad de los gobiernos centrales de España, consiguiera de uno de ellos, bajo cualquier pretexto histórico y con la indispensable palanca de nuestra ley electoral, que la Comunidad de Valencia pasara a formar parte de la autonomía catalana. Repito que es un suponer. Si tal evento llegara a darse, lo probable es que, vencidas las lógicas protestas y revuelos iniciales, a la larga se consolidaría el nuevo statu quo: una región habría crecido a costa de otra políticamente más débil, pero el territorio y la unidad española habrían quedado íntegros, que se supone es lo principal. Valencianos y catalanes seguirían siendo españoles, como antes, sólo que ahora formarían una única autonomía. Es probable incluso que muchos valencianos llegasen a encontrar ventajoso el cambio, al menos económicamente -pues ahora disfrutarían de todos los privilegios que tiene Cataluña- y se conformasen con él.

    Imaginemos ahora que, unos años o lustros más tarde, por esos avatares históricos y revoluciones de color tan arteramente impulsadas por ciertos sospechosos filántropos, Cataluña lograse por fin su ansiada república independiente… llevándose consigo a lo que antes había sido Valencia; y que una de sus medidas como nación soberana fuese eliminar la oficialidad del español y el valenciano en todo su territorio, y que además enviase a su ejército a masacrar a los insurgentes que, con toda probabilidad, se sublevarían porque una cosa era ser español incorporado a la comunidad catalana y otra muy distinta dejar de ser español y adquirir, por tejemanejes políticos, una nueva nacionalidad.

    Seguramente el lector avisado ya vislumbra por dónde voy, pero concluyo: (más…)

  • El país más saludable del planeta

    Cuando escuché que Netflix iba a dejar de emitir en Rusia, lo primero que pensé fue: “¡Ah!, ¿pero es que el Kremlin permitía esa emisión? ¡Qué imprudencia!”

    A ver: me considero un entusiasta de la libertad y enemigo de prohibiciones y censuras. Creo en el libre mercado y, en principio, soy partidario de que todo el mundo tenga acceso a los bienes y servicios que quiera y pueda; y esto pese a que, en general, la capacidad de la gente para elegir lo que más le conviene suele dejar mucho que desear. Para mí, lo ideal sería que la libertad de elección viniese acompañada de una adecuada educación o, al menos, información… Pero creo que estoy divagando y entrando en un debate muy complicado. De momento, básteme decir que, por mí, si alguien elige ver determinado canal o contenido online, pues que lo vea.

    Ahora bien, cuando pienso en Netflix (o Amazon Video, HBO, Disney Channel, DW, etc.), confieso que mi creencia en la libertad flaquea un poco y dejo de estar seguro de hasta qué punto la antepongo a cualquier otra consideración. Y no es porque las producciones de esos proveedores sean peores que infinidad de otras que circulan por ahí, (más…)

  • Buscando el casus belli

    Vista la enorme superioridad militar del ejército ruso sobre el ucraniano, parece claro que, por mucho armamento y mercenarios que éste reciba de la OTAN, sin la intervención directa de las tropas atlánticas en el conflicto será totalmente inevitable que Vladimir Putin acabe imponiéndose sobre Volodimir Zelenski; es decir, sobre Joe Biden. Si esa intervención no se produce, de nada les servirá a los soldados ucranianos, con su regimiento Azov declaradamente neonazi, secuestrar a la población civil -por el procedimiento de impedir su pactada evacuación- para protegerse tras ella frente a las tropas rusas, que tienen órdenes rigurosas de minimizar las víctimas civiles; ni les servirá de nada, como no sea para aumentar las muertes y el sufrimiento de la población, las sucesivas remesas de munición y material bélico que tan hipócritamente les enviamos los países de la Alianza no para que tengan una posibilidad de vencer a su enemigo, sino para que resistan todo lo posible y el enfrentamiento se prolonge lo suficiente como para que el pueblo ruso, que es quien injustamente padece el embargo occidental, se levante contra Putin y reclame un cambio de régimen; pues este es, y no otro, el verdadero objetivo de sus verdaderos enemigos.

    Pero la mencionada victoria rusa significaría, de hecho, nada menos que la derrota del imperialismo norteamericano y sus vasallos europeos, amén de un duro revés al globalismo, pues, no nos engañemos, lo que de verdad se dirime aquí no es una Ucrania de más o de menos, sino la supremacía occidental sobre Rusia, esa nación rebelde que no quiere doblegarse ante Usa, el Nuevo Orden Mundial, los designios del Foro de Davos o la Agenda 2030, que todo viene a ser lo mismo. Como ha dicho con gran acierto un analista político, “Estados Unidos va a luchar contra Rusia hasta el último soldado ucraniano”. Y es aquí donde residen mis más aciagos presagios, porque ¿cómo va a tolerar Usa tal derrota sin precedentes?; ¿cómo consentir que Putin le doble el brazo a Occidente? Que el dirigente eslavo se salga aquí con la suya equivale, literalmente, al principio del colapso de la dominación mundial useña, al fin del dólar como moneda de intercambio universal, a un cambio radical en el status quo de las relaciones comerciales internacionales, a la esterilidad de imponer sanciones económicas sobre un país con recursos propios y, en fin, al ridículo mundial más vergonzoso en la historia del arrogante supremacismo useño. ¿Como creer, pues, que el imperio con el ejército más poderoso del planeta vaya a permitir que tal cosa suceda? Porque Putin se saldrá con la suya si el imperio no lo impide; y eso: que se decida a impedirlo, es lo que más miedo me causa.

    O mucho me equivoco -y sabe Dios cuánto deseo equivocarme-, o dentro de poco la OTAN se procurará cualquier casus belli para justificar su intervención militar en el presente conflicto, aunque para ello tenga que traspasar la peligrosa y frágil frontera de las hostilidades bélicas contra Rusia, probablemente realizando una operación de falsa bandera; lo cual significaría el inicio de una contienda en toda regla entre ambos ejércitos, es decir una guerra mundial que, por desgracia, puede escalar muy fácilmente a nuclear, con las devastadoras consecuencias que todos imaginamos. De hecho, mientras que ya algunas voces en Occidente empiezan a gritar: “¡Pero debemos hacer algo!” (y hacer algo sólo puede significar una escalada bélica), el ministro de defensa ruso ha alertado de un supuesto plan ucraniano para atentar sobre diplomáticos useños y europeos en Lviv y culpar de ello a Rusia, de cara a conseguir que la OTAN se involucre en la guerra.

    Mi única esperanza de que este peligro se conjure y la situación no desemboque en el desastre atómico total reside en que la Agenda Globalista, la que profetiza -y procura- el final de Usa como primera potencia mundial para el año 2030, se imponga sobre la Agenda Hegemónica de ese mismo país, en cuyo caso bienvenido sea, por una vez, aquel proyecto. Pero mi ignorancia sobre los entresijos del poder no me permite imaginar cómo puede esto lograrse, habida cuenta de que, hasta donde creo saber, ambas agendas coinciden actualmente en uno de sus objetivos, que es acabar con Rusia, a quien tanto la una como la otra consideran un fuerte estorbo a sus respectivos proyectos. Y así las cosas, sólo puedo, glosando la letra de aquella canción de Sting, confiar en que los occidentales también amen a sus hijos.

  • Cui prodest bellum

    Cualquiera que sea el resultado de la “operación militar especial” rusa en Ucrania, esto podemos dar por seguro: el electorado de la Europa atlantista quedará persuadido de la absoluta necesidad de la OTAN y -relegando al olvido cualquier idea de disolver una alianza que, en puridad, perdió su razón de ser hace ya más de tres décadas- dará carta blanca a sus gobernantes para embarcarse en enormes incrementos del presupuesto militar en sus respectivos países. Con la disculpa de que necesitamos perentoriamente defendernos del oso ruso, los miembros europeos de la OTAN gastarán en material bélico fabulosas cantidades de dinero extra que saldrá, por supuesto, del bolsillo de los contribuyentes. Ya el canciller Shcolz ha anunciado su intención de aumentar el gasto militar de Alemania en unos cien mil millones de euros para el próximo año. Los demás países de la Alianza a este lado del Atlántico harán, en mayor o menor medida, otro tanto; e incluso el muy pacifista gobierno de Pedro Sánchez se verá presionado para aumentar nuestro presupuesto de defensa, mal que les pese -al menos de boquilla- a sus socios comunistas.

    Y una buena mitad de la multimillonaria cifra que Europa puede llegar a gastar durante los próximos años en armamento, tecnología y material bélicos irá a parar a las arcas del Tío Sam, (más…)

  • La Ucrania que es Rusia

    tuetanoHay una parte de Ucrania que detesta a Rusia y quiere marcar las diferencias tanto como sea posible. No es -en contra de lo que Occidente se empeña en creer- una mayoría de los ucranianos; quizá ni siquiera la mitad de ellos; pero desde luego sí son, hoy por hoy, los más ruidosos. Ahora bien: irónicamente, esa Ucrania que detesta a Rusia lo hace movida por un sentimiento típicamente ruso: la aspiración y el anhelo de ser Europa; esa tan romántica como trasnochada admiración por nuestro Viejo Continente. ¡Qué cosas! Basta, en cambio, vivir un par de meses entre ucranianos y rusos para comprender que Ucrania es Rusia hasta el tuétano; como Cataluña es España, salvando las diferencias.
    Por desgracia, a la mayoría de nosotros sólo nos llegan, de aquellas frías tierras, tanto la información como las opiniones que el chauvinismo europeo es capaz de admitir, y que nos transmiten, de Ucrania, la imagen de un bravo país que lucha con denuedo por salir de la influencia rusa. ¡Ya lo creo, que lucha! Hasta tal punto, que ha llegado a protagonizar, en las últimas jornadas, un verdadero y eficaz golpe de estado para derrocar al gobierno legítimo que salió de sus propias urnas meses o años atrás; un golpe que ha gozado de la aprobadora mirada de Occidente. ¡Qué cosas!: la mismisima Civilización, en pleno, dando el visto bueno a golpes de estado…
    Y mientras los rebeldes matan a sus compatriotas a base de adoquinazos y explosivos, a la hora de la verdad Europa se limita a coquetear con Ucrania como una frívola esquiva: sonríe, parpadea y se contonea, pero no se deja besar. Para Europa, esa Ucrania que detesta a Rusia es como un pretendiente, útil para satisfacer nuestra vanidad y alimentar nuestro insufrible narcisismo, pero con el que no pensamos casarnos. Quizá por eso preferimos no saber nada de la otra Ucrania: esa inmensa minoría que anhela volver al idioma -el ruso- y a los lazos que le fueron arrebatados por el extremismo que surgió tras independizarse de la URSS.

  • Represión en Ucrania: el lengüicidio del ruso

    banderaUcrania

    Estos son algunos hechos:

    A) Según encuestas anuales llevadas a cabo por el Instituto de Sociología de la Academia Nacional de Ciencias (Ucrania), entre 1994 y 2005:
    1.- Por término medio, el ruso es la lengua materna del 36% de la población ucraniana.
    2.- En torno al 34% de la población habla principalmente ruso en el ámbito familiar, mientras que el 26% habla indistintamente ruso o ucraniano. Es decir que un 60% de los ucranianos hablan con frecuencia el ruso en casa, más de la mitad de los cuales hablan sólo el ruso.
    3.- Aproximadamente un 47% de los encuestados creen necesario que el ruso sea también lengua estatal en Ucrania, mientras que el 34% se opone.

    B) Según el censo oficial de 2001, el ruso es el idioma materno del 29.3% de la población total. Sin embargo,

    C) Según una encuesta del Instituto Internacional de Kiev para la Sociología, realizada en 2004, el número de gente que habla ruso en familia es netamente superior al que refleja el censo: en torno a un 45% de la población hablaría ruso en casa; una cifra similar a la obtenida para el ucraniano.

    D) Según un reciente estudio realizado en 2012 por RATING (una ONG ucraniana), el 40% de los encuestados mayores de edad (> 18 años) afirman que su lengua materna es el ruso, frente al 55% del ucraniano.

    E) En 1991, cuando Ucrania se independizó, el nuevo Gobierno decretó que el ucraniano fuera el único idoma estatal. Desde entonces y hasta nuestros días, la población rusoparlante de Ucrania es el grupo lingüístico más grande en la Europa moderna cuya lengua no es oficial en el Estado.

    Esta es mi opinión:

    A eso lo llamo yo un lengüicidio; represión; pura y absurda venganza sobre millones de personas que no son culpables de la previa rusificación de Ucrania por la URSS. Esto merece una tajante reprobación, condena, e incluso la lucha. El hecho de que Ucrania haya estado oprimida por Rusia no es excusa para la represalia sobre otros. Esto pone a los ucranianos al mismo nivel que los rusos, y pierden toda solvencia moral.
    Por eso, a la vista de los últimos acontecimientos en Ucrania y a falta de información no sesgada, no puedo evitar preguntarme quiénes son los opresores y quiénes los oprimidos.

  • El FEMENómeno

    El Femenómeno es lo más grande que ha llegado a la “vida política” europea desde Cicciolina; aunque mejor, porque Ilona Staller era una actriz profesional, y eso siempre le quita morbo a la cosa, mientras que estas lozanas jovencitas de gloriosos atributos son verdaderas espontáneas de inspiradora frescura. Dicen combatir la industria del sexo y yo digo: ¡por Satanás que la industria del sexo ha encontrado unas duras combatientes!, pues no hay profesionales que puedan competir con el destape natural, voluntario y ardiente de un exhibicionismo convencido. Además, no sin razón se ha dicho siempre que las de colegios de monjas son las mejores, las más salaces y osadas. Nunca, ¡ah!, plugo a los dioses regalarme con una amante así. Grande éxito y prospeeriad le deseo al movimiento Femenista, y que recluten muchas adeptas para que le pongan su juventud triunfante a las portadas de los periódicos, a las noticias de los telediarios, desbancando así las aburridísimas revistas y películas pornográficas. Ríome yo, si Femen nos hace tal merced, de las timoratas escenas del puritanismo hollywoodiano y de los baratos desnudos del cine español.

    Publicado en Estrella Digital

    Grandes cambios han operado estas mujeres en mí, además. Mientras el feminismo había sido cosa de gordas y feas, a lo Almeida, confieso que nunca llegó a interesarme gran cosa; pero este nuevo Femenismo me ganó para su causa en treinta segundos desde su primera aparición, hace ya meses. Y hoy, con su entrada en España, termina de ganar mi voluntad. Ahora soy un Femenista entusiasta y convencido. Ya no veo, como antes, en los cuerpos de estos ángeles un objeto de deseo, sino tan sólo deseables herramientas o armas de protesta, y suscribo cualquier lema que venga escrito en sus divinas, cutáneas pancartas. La fuerza de sus argumentos siempre gemelos, que miran alegres al cielo dando gracias al Olimpo por tanta maravilla con sus grandes ojos ciegos, es arrolladora. Colecciono sus turgentes frases, firmes como la fe, y las pongo como fondo de mi escritorio para que marquen el norte de mis sueños y aderecen mis amaneceres.
    ¡Divinas Femenistas, dulcísima Lara, yo os invoco! Llenad los medios de comunicación, el país entero, con vuestras armas de combate, y seguid por muchos años escandalizando la moral religiosa de este contumaz pecador.