Vaya por delante, a modo de advertencia, que sólo conozco al señor Juan Antonio Castro a través de su habitual presencia en el insustituible programa de análisis político El gato al agua y que, en general, me parece un hombre respetable, hacia cuyas opiniones e intervenciones profeso bastane afinidad; pero ambas circunstancias no pueden, no deben impedirme ser crítico con una de sus obras cuando así me lo dicta el juicio.
En este libro, los autores (Aurora Ferrer y Juan Antonio Castro Arespacochaga) tratan de explicarnos -o quieren convencernos de- que el magnate de las finanzas internacionales George Soros ha sido agente indispensable en los acontecimientos que desembocaron en el referéndum secesionista catalán del 1 de octubre de 2017. El tema, desde luego, presenta un enorme atractivo, sobre todo para quienes desean la permanente indisolubilidad de la nación española; pero es precisamente esta circunstancia la que, a mi parecer con dudosa honestidad, se aprovecha para inducir al potencial comprador a efectuar un desembolso bastante poco provechoso. Intentaré, a lo largo de este artículo, explicar por qué opino así, pero ya avanzo que Soros, rompiendo España me parece una obra decepcionante, mediocre y muy mejorable. No llegaré a tanto como desaconsejar su lectura (siempre alguna idea puede uno sacar en claro), pero desde luego no recomiendo su compra porque me parece que no se debe recompensar una publicación que crea deliberadamente injustificadas expectativas (pronto desmentidas, eso sí, por su pobre contenido).
Para poner cierto orden en mi análisis, lo dividiré en tres partes: forma, contenido y conclusiones.
La forma
Si atendemos a la redacción, a lo gramatical y literario, a la edición en sí: lo que concierne a la sintaxis, ortografía, puntuación, mayúsculas, sangrados, etc., enseguida se echa de ver que son bastante deficientes: no es ya que el libro parezca el trabajo de un mal universitario o de un pésimo literato (que lo parece, y mucho), sino que la editorial no le ha dedicado ni un mínimo esfuerzo de revisión; que no se han gastado ni un céntimo o invertido un minuto en correcciones antes de mandarlo a imprimir. Da toda la sensación de que se han limitado a mecanografiar unos apuntes a ordenador, darles formato de paginación y, sin tan siquiera pasarles el corrector automático del procesador de textos, llevarlos a imprenta y ponerlos a la venta. Sería proceloso y aburrido consignar aquí todos y cada uno de los fallos que he encontrado (y, además, tampoco quiero darles hecho un trabajo que les correspondería a ellos), pero valgan algunos ejemplos para ilustrar lo que digo:
– En la pág. 114 encontramos la palabra dwe (“miembros clave dwe Integrity Initiative”, sic) y en la 97 la palabra the (“the reconocido prestigio”).
– En la pág. 98 hay una expresión ininteligible para el común de los lectores: “una carta enviada a Donald Tusk, cc. Frans Timmermans”. ¿Quién carajo sabe lo que significa “cc.”? (Yo se lo digo: son las siglas en ingleś de carbon copy, que coinciden -por pura casualidad- con las de su traducción al español: “con copia a”.) Una bobada, sí, pero poco les habría costado aclararlo.
– Frecuentes incorrecciones ortográficas como “gobierno central Español” o “Embajadas Británicas” (ninguna de esas palabras se escribe con mayúscula), o escribir “sobretodo” en lugar de “sobre todo”, falta que ningún universitario debería permitirse.
– Expresiones como “antes de todo” (en lugar de “antes que nada”, pág. 118) o “Se pregunta el diputado británico de por qué las agencias…” (sobra el “de”).
Hay muchos más, pero aquí lo dejo. Son sólo algunos ejemplos de errores y malos usos que hasta el corrector ortográfico más básico habría subsanado, y que ya de entrada delatan la mala calidad de la publicación; lo cual, por cierto, no tendría tanta importancia si, al final, el libro resultase una lectura provechosa; pero no lo es. (más…)