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Categoría: Chile y Perú

  • 28 de julio en Omate

    Las montañas que dominan Omate, con sus parches de piedra pómez que parecen sucios glaciares.

    27 de julio, Omate

    Omate está rodeado de montañas por sus cuatro costados: en primer y cercano término lo flanquea, en semicírculo, una alta sierra hasta cuya base llegan algunas de las casas del pueblo; en segundo, visibles donde estaría el proscenio de esa suerte de anfiteatro, aparecen los picos de otra sierra, a una distancia como de media hora caminando; y en tercer plano, a unos 15-20 km a vuelo de cóndor, se encuentran las elevadas cumbres volcánicas de la Cordillera Occidental, con altitudes de hasta 5000 m, cubiertas parcialmente por unos parches color gris blanquecino que parecen nieve sucia pero que -según me dice un paisano- son piedra pómez resultante de no sé qué erupción. Me cuenta también que esas cimas solían estar permanentemente nevadas pero que, desde hace un años, ya no lo están. (más…)

  • Paisajística ruta desde Torata hasta Omate

    26 de julio, Omate

    Después de todo, mi dormida en el Complejo Turístico no estuvo nada mal. La calma fue tan completa que, en algún momento, el propio silencio me despertó, extrañado (supongo) mi subconsciente por no escuchar absolutamente nada; y además no pasé frío ninguno: la larga edificación de una sola planta, calentada por el sol a lo largo del día, se mantuvo templada durante la noche. Por la mañana me levanté con tiempo sobrado para bajar hasta el grifo (como llaman en Perú a las gasolineras) de Torata y esperar allí al bus de Omate, que vino con media hora de retraso y prácticamente lleno; pero gracias a Dios me habían respetado la plaza que reservé por teléfono la tarde anterior; si bien, para variar, me tocó ir al lado de un gordo, hecho que me veo inclinado a atribuir a alguna sobrenatural influencia diabólica, dado que hasta ahora he visto muy pocos gordos en Perú y es, por tanto, estadísticamente improbable que tan a menudo me toque sentarme junto a uno de ellos.

    El viaje, de más de 100 km, no tuvo desperdicio. Durante el primer tramo la carretera asciende hasta casi 3000 m de altitud, y el pasajero que tenga la suerte de ir en el lado correcto del vehículo (más…)

  • El Complejo Turístico de Torata

    Algunas casas de Torata en primer plano. El Complejo Turístico a media altura, a la izquierda del todo.

    25 de julio, Torata

    Sigo en Torata, pero me he cambiado de alojamiento. La última habitación que ocupé era una verdadera caca: me la entregaron sin barrer ni fregar, con pelos por todas partes, lleno el cuarto de baño de churretes, fría por la noche y sin una mala barrera que oponer a los muchos ruidos a que estaba expuesta: voces y televisores de otros huéspedes, ladridos de perros nocturnos, música de los gamberretes locales, tráfico local, etc. Así que pasé en ella (procurando, eso sí, minimizar el contacto con sus puercas superficies) las dos noches que había cancelado (palabra que en Hispanoamérica significa “pagado”) de antemano, y me he venido al Complejo Turístico (de gestión municipal), situado en las afueras del pueblo, sobre la ladera opuesta de la quebrada y a quince minutos a pie por pendientes caminos; con lo cual he ganado infinitamente en tranquilidad (hoy soy el único huésped y, además, esto queda bastante alejado) y también en vistas (de las que, por desgracia, apenas he podido disfrutar), un poco en comodidad (tengo una silla como Dios manda, y el edificio está mejor aislado), muy poco en limpieza (que no parece ser el punto fuerte de los peruanos: la ducha está sucia, el suelo barrido pero no fregado), y he perdido en precio (60 soles, frente a los 40 de la otra). El lugar se resiente de los mismos problemas que la mayoría de los servicicios del mundo hispano gestionados por entes públicos: indolencia e ineficacia. (más…)

  • Comidas y bebidas en Perú

    23 de julio, Torata

    Hoy se celebran las elecciones presidenciales en España, y, aunque tendría uno que ser muy ingenuo para creer, en vista del rumbo antidemocrático que viene siguiendo la nación desde hace bastantes años, que algo vaya a mejorar salga el gobierno que salga, no puedo evitar sentir cierta curiosidad por los resultados de los comicios de hoy –que conoceré dentro de muy poco– ni dejar de desear que las urnas logren, pese a las trampas electorales que probablemente se producirán, expulsar de su poltrona a Pedro Sánchez Pérez, el dirigente más infame que ha padecido España desde la Segunda República.


    Por fin me he puesto al día con este cuaderno de bitácora, de modo que ya no llevo el retraso en su escritura que venía arrastrando desde casi el principio del viaje; cosa que he conseguido gracias a mi larga estancia (más de una semana) en Moquegua y a la falta de novedades que contar sobre las últimas jornadas. En esa ciudad apenas hice otra cosa –aparte de la mencionada escritura– que explorar las calles, seguir conociendo la gastronomía peruana, leer, escuchar las noticias internacionales y despachar mis habituales gestiones online. Y aprovecho esta relativa escasez de material narrativo para, entre otras cosas, corregir en parte lo que había escrito sobre Torata referente al canon minero y las regalías. Y es que, al informarme como es debido (más…)

  • Dos pinceladas sobre Arica y una pincelada social

    Ya he contado, en un capítulo anterior de este relato, mi llegada a Arica, última etapa antes de cruzar la frontera con Perú. A su vez, mis primeros pasos en este país los publiqué hace ya tiempo. Así que en el presente post, para no repetirme, contaré sólo lo referente a mi breve estancia en Arica.


    Como llegué a Arica a última hora de la tarde y quería tener tiempo para planear lo mejor posible el cruce de la frontera y mi primera estancia en Perú, pasé allí dos noches. La mañana siguiente a mi llegada, después de desayunar en el hostal, salí a dar una vuelta para conocer un poco la ciudad, curiosear un poco, hacer mi cuota diaria de ejercicio y comprar el cuaderno en el que ahora escribo, que por cierto me costó Dios y ayuda encontrar, y aun así no era lo que buscaba: tras preguntar en ocho o diez papelerías no hubo manera de dar con un simple cuadernillo grapado y con hojas rayadas: los de papel rayado tenían todos espiral (muy incómoda para escribir), y los de grapas eran de papel cuadriculado (inservible para la escritura); al final, como mal menor, lo compré grapado pero con hojas blancas.

    La tarde anterior había estado leyendo que el medio más cómodo –y el más bonito– de cruzar a Chile era coger un “tren” (en realidad, un tranvía monocoche) que salva el trayecto Arica-Tacna, pues al parecer el trámite fronterizo se realiza en el propio vagón y, además, se ahorra uno la larga espera que, según me dijo el recepcionista de mi hostal, había siempre en el punto fronterizo por carretera. Pero leí también que los boletos para ese tren (más…)

  • Las quebradas de Tarapacá

    (Foto sacada de internet)

    El tramo más septentrional de la ruta 5 (o Panamericana), que recorre Chile de norte a sur, atraviesa algunos de los más irreales parajes que yo haya visto nunca; parajes majestuosos que me recordaron al Columbia gorge (la garganta del río Columbia), en el estado de Washington, o al famoso cañón del río Colorado; sólo que en el caso de Atacama la desnudez de la tierra, su total falta de vegetación, introduce un elemento casi fantástico, como nos parecen esas imágenes –a menudo recreaciones ficticias– que circulan por ahí de la superficie marciana. Atacama proporciona al viajero, además, fascinantes lecciones de geología. Recuerdo que, cuando era joven y oía hablar de la altiplanicie de Nazca (muy de moda en los años setenta, con la fiebre extraterrestre inducida por la industria audiovisual estadounidense), (más…)

  • El autobús de Humberstone a Arica

    5 de julio. Tacna, Perú.

    El hostal Majhu ocupa un edificio sin insonorización alguna ubicado en la ruidosa avenida 18 de agosto. Me cuesta entender cómo puede aquí la gente, por muy acostumbrada que esté, vivir con ese permanente nivel de decibeles. Por lo demás, el local es agradable: todo está nuevo, impecablemente limpio, y la recepcionista es un amor (aunque de todas formas ya acaba su turno y mañana, domingo, libra). Lástima que sea tan ruidoso, porque, de otro modo, quizá me plantearía quedarme una segunda noche.

    Estoy en el área común del hostal, donde acabo de prepararme una manzanilla (lo único que he encontrado, buscando en los estantes del office) para entrar un poco en calor, ya que aquí hace frío, y ponerme a escribir el diario con el cuerpo un poco más entonado. Pero antes de entrar a describir mis primeras impresiones sobre Perú y el enorme contraste que percibo respecto a Chile, cumple acabar de contar lo que venía escribiendo en el anterior capítulo, que no es breve tarea.

    Lo había dejado cuando estaba en el apeadero de Humberstone a punto de subirme al Pullman San Andrés con destino Arica. En tierra quedaban mis compañeros de espera, para quienes no hubo ni un hueco en el autobús porque íbamos –según expresión del auxiliar– “a máquina llena”. En efecto, no sólo estaban todas las plazas ocupadas sino que al fondo del pasillo, en el piso superior, (más…)

  • Tormenta de polvo en el altiplano

    Mismo día por la tarde, Pozo Almonte

    Si El Salvador es uno de esos lugares remotos cuya apacible existencia parece discurrir al margen del mundo, Pozo Almonte, por contraste, me evoca los pueblos que describió Zane Grey en alguna de sus novelas, surgidos de la noche a la mañana, en medio de la nada, a la sombra de la construcción del ferrocarril o del hallazgo de vetas auríferas: poblaciones temporáneas, sin ley ni orden, levantadas y habitadas por gente que no echa raíces y por desaconsejables sujetosde toda calaña llegados al olor del dinero o a la llamada del bullicio. Lugares que se construyeron y crecieron con rapidez y que un buen día, al agotarse el filón o cesar la actividad que les dio vida, quedaron abandonados y medio desmantelados con igual o mayor premura.

    Sito en el cruce de la Longitudinal Norte con la carretera que lleva a la turística zona de Mamiña y Pica, a raíz de unas recientes concesiones mineras Pozo Almonte hierve hoy de actividad comercial y constructora, al llamado de las cuales acuden buscavidas de todo pelaje: pedigüeños, saltimbanquis, vendedores callejeros, prostitutas, rateros, músicos ambulantes… ¡yo qué sé! En sus apenas tres quilómetros cuadrados hay, sin contar los puestos del mercado, al menos medio centenar de tienduchas y arriba de veinte o treinta comedores. Las calles secundarias (es decir, todas salvo la carretera Longitudinal) están infestadas por nada amistosos canes vagabundos (una de las peores plagas de media Iberoamérica) así como domésticos, pues no parece haber vivienda que no tenga su perro guardián; lo cual da una idea de lo poco seguro que debe de ser este sitio. Si esperaba yo encontrar aquí algo remotamente parecido a lo que he dejado atrás, andaba muy equivocado. De hecho, el lugar no invita a quedarse una segunda noche, así que ya veremos qué hago mañana. Y es una lástima, porque su ubicación en el corazón de una inacabable planicie, (más…)

  • En ruta hacia el norte: Antofagasta y Calama

    9 de julio, El Salvador

    Hoy, por ser mi último día en este pueblo, he dado una caminata más larga que de costumbre, hasta allende la primera línea de colinas hacia el nordeste, allí donde las últimas lomas, en que la piedra cede a la roca, se asoman en empinados peñascales sobre el amplísimo valle, cien metros más abajo. El ancho y suave fondo de la cuenca se extiende aún una o dos leguas más, hasta el arranque de otras nuevas elevaciones, onduladas, no muy altas, formando un mar de montes que allá lejos, en el horizonte difuminado por la bruma, se confunde con el cielo. La tierra es toda de un color marrón apagado, herrumbroso, salvo algunas franjas de tonos crema con vetas azuladas que, supongo, delatan la presencia de mineral cuprífero.

    Un detalle que pone de manifiesto, antes que la juventud geológica de estas formaciones montañosas, la falta de precipitaciones es el hecho de que las piedras, que cubren tal vez nueve décimas partes del suelo, sean de caras planas y aristas angulosas y cortantes: no ha erosionado sus bordes el agua, madre de la erosión, y se conservan aún en el mismo estado en que surgieron de las profundidades de la tierra hace millones de años, o quizá tal como se fracturaron y fragmentaron las rocas, sometidas a los acusados contrastes térmicos tan característicos de las zonas desérticas.

    Las inmumerables sendas trazadas por la acción del hombre (veredas peatonales las más estrechas, rodadas de motos, quads o pequeños todoterreno las más anchas y polvorientas) sobre el terreno próximo a El Salvador, que van caprichosamente de loma en loma, de collado en collado, a menudo por la cuerda, otras veces faldeando las laderas, sin dirección ni destino concreto, son el testimonio de seis décadas de (más…)

  • Un poblado de gestión privada

    7 de julio, El Salvador

    Un fastidioso airecillo de poniente, frío, ha soplado durante todo el día por estas altitudes, sin que el puro sol de invierno bastara, con su menguada fuerza, a calentarme el cuerpo. En parte para burlar a ese céfiro traidorzuelo, en parte también por variar la rutina de estos días y cenar algo decente, me he ido hoy a Diego de Almagro a pasar la tarde.

    Hago un paréntesis para anotar que cada día comprendo menos los criterios que las empresas de transporte, en Chile, usan para establecer sus precios. De hecho, me tienen un poco perplejo. Según la web de Pullman, el billete desde El Salvador a Almagro cuesta 3600 pesos, pero el trayecto inverso sale por 6700 (ambos con el descuento aplicado del 10% por compra online), lo cual supone ya, de entrada, una asimetría difícil de entender. Pero luego, al comprar el pasaje de ida en la taquilla (donde pregunté por mera curiosidad), no sólo no perdí ese 10% de descuento, sino que me cobraron 100 pesos menos, o sea 3500. En vista de esto, parecía claro que, al volver, debería hacer lo mismo. Pero resultó que en la taquilla de Almagro no venden billetes a El Salvador (otra asimetría incomprensible), sino que el viajero debe comprárselo al conductor del bus. ¿Por cuánto? Por 3000 pesos. O sea que no sólo es falso ese descuento por compra online, sino que el pasaje pagado a bordo sale a menos de la mitad respecto al precio en la web. En cualquier caso, todo el sistema parece enormemente arbitrario, y el único elemento que por lo visto no falta es (más…)