Freelander

Categoría: Chile y Perú

  • De Santiago de Chile a Coquimbo

    Misma ciudad, el mediodía siguiente

    El restaurante se llama Don Elías, y estoy sentado a una mesa de su amplia y sombreada terraza frontera a una calle cuyo tráfico, aunque constante, circula despacio y sin hacer demasiado ruido. La temperatura a esta hora y en esta época del año es aún tolerable, sobre todo si está uno en reposo y a la sombra. La música ambiente del local es suave, de ésas que acompañan pero no incordian. De lo cual resulta, en conjunto, una atmósfera bastante agradable. Vamos: que se está aquí la mar de bien, caramba. He pedido un jugo de mango, que en estas regiones norteñas lo hacen casi invariablemente a partir de pulpa congelada, pues la producción de fruta en esta estéril mitad del país es escasa o nula; pero –eso sí– lo he pagado a precio de zumo fresco y recién exprimido en una terraza de la Plaza Mayor de Madrid; con lo que todo queda dicho; y no exagero.

    Frente a mí, semiocultas a la vista por los arbolillos de la terraza de don Elías, y sobre los tejados de uralita o lámina de las bajas construcciones de la acera opuesta, (más…)

  • De Montreal a Santiago de Chile. Vuelos y cambio de divisa.

    Copiapó, Chile, a 22 de junio de 2023

    Estoy sentado a una mesa del restaurante El encuentro familiar, recomendado por mi posadera y, además, con buena puntuación en el sabelotodo de los mapas universales (Gúguel Maps), que por otra parte informa de unos precios por encima de la media (lo cual, mirando la carta, parece más que verosímil). A lo mejor por eso soy, en este momento, el único cliente: en comparación, el comedor más caro de mi pueblo pasaría por barato… y además por dar excelente servicio, pues acaba de decirme la camarera del Encuentro que no puedo pedir la carne muy poco hecha porque ése no es ninguno de los puntos a los que ellos la asan. Mal empezamos, jovencita. No obstante, a base de insistir he conseguido que me haga caso, y en cocina me han preparado el filete como lo quería. Delicioso, a decir verdad. Voy viendo que en Chile puede encontarse carne de vacuno de lo mejorcito, supongo que importada de Argentina.

    Pero ¿qué accidentados pasos me han traído hasta este lugar? (más…)

  • Moquegua y la arquitectura peruana

    Desierto entre Tacna y Moquegua

    Frente a mis ojos humea un cafelito amargo (soluble, por desgracia: en Perú, país productor de café, es difícil encontrar dónde te sirvan uno de cafetera) y me hace guiños un esponjoso bizcocho de choclo que he comprado en un puestecillo del mercado tras tomarme, para desayunar, un sabroso jugo de papaya fresca. ¡Qué diferente de Chile es Perú! ¡Qué contraste tan grande! Hasta está pareciéndome menos desarrollado (dicho sea este adjetivo con todas las reservas) que Centroamérica, con la que estoy más familiarizado. Al contrario que en Chile, aquí la mayoría de la población es indígena y, aunque casi todos se visten a la europea, no escasean viejas centenarias (¿cómo, si no, iban a seguir usando esas ropas tradicionales?) que parecen recién descendidas del Machu Picchu. (más…)

  • Primeros pasos e impresiones en Perú.

    Desierto entre Tacna y Moquegua

    Estoy en el área común del hostal Majhu (en Tacna, Perú), un ruidoso edificio sobre la ruidosa avenida 28 de Agosto, cuyo incesante tráfico se escucha, amplificado por el eco de las paredes vacías, a través de las ventanas permanentemente abiertas. Me cuesta trabajo entender cómo a esta gente, por muy acostumbrada que esté, no le molesta tal nivel de decibelios. Por lo demás, el lugar está bien, todo nuevo, limpieza impecable y un verdadero sol de recepcionista. Si no fuese por el ruido me plantearía quedarme una segunda noche. Además, hace frío, porque el clima de Tacna -debido a su ubicación geográfica- es fresco y aquí las casas no tienen calefacción; así que me he preparado una manzanilla que he encontrado en el office, a falta de té, para entonarme un poco el cuerpo mientras escribo. (más…)

  • Lardo trémulo

    Llego a la “terminal terrestre” de Tacna con tiempo sobrado: aunque hay tres o cuatro empresas que viajan a Moquegua, el próximo autobús no sale hasta dentro de hora y media, así que, una vez comprado el boleto, me toca hacer tiempo como pueda. La estación es grande, pero tiene poca vida y ofrece escasas oportunidades para engañar al aburrimiento. Como además he perdido hace unos días el libro que venía leyendo no me queda mejor opción que sentarme en un restaurante, pedir una infusión de coca y ponerme a escribir un rato.

    “Terminal terrestre”, pienso. A menudo me pregunto por la razón de los nombres que dan en Hispanoamérica a las cosas más sencillas. ¿Por qué no “estación de autobuses”, que es preciso e inequívoco? Terrestre no especifica mucho: sólo se opone a marítima y aérea, y puede no tener nada que ver con el transporte de viajeros; una empresa de logística de mercancías, por ejemplo, puede tener terminales terrestres. Por otro lado, tampoco termial es la palabra más adecuada, pues con frecuencia los autobuses no terminan (o comienzan) su recorrido en ella, sino que hacen parada y continúan viaje. Pero si esta expresión es pobre, mucho peor es la que utilizan en Chile, donde les dan el cursi nombre, rozando la pedantería, de “terminal rodoviaria”. ¡Dios mío! Rodoviario, amén de ser una palabra inventada que no figura en el diccionario de la lengua española, intuitivamente suena más a ferrocarril, que es transporte rodado por vías. ¿A quién se le ocurren esos términos? Parece como si los distintos países hispanoamericanos estuviesen compitiendo por ver quién es más… imaginativo (dicho sea compasivamente). (más…)

  • Manco Yu-punky y los maniquíes

    El Brasa Viva es, por su buena relación calidad-precio, tal vez la brasería más popular de la capital de Moquegua. Su valoración en redes sociales es alta y suele estar lleno durante las horas punta restaurantiles, pese a su orientación comercial un poco al estilo de los fast-food, con una limitada oferta de platos, una atención y servicio rápidos (salvo horas punta) y una filosofía tipo “llega, come, paga y márchate”: al cliente le toman la orden nada más sentarse y, en poco menos de diez minutos, le traen lo que haya pedido. Pero como el local no tiene más allá de una docena de mesas y son muchos los moqueguanos que, sobre todo por la tarde, acuden a cenar allí, con frecuencia hay cola de clientes esperando en la puerta a que otros acaben.

    Como su nombre sugiere, se especializa en carnes a la parrilla y, aunque los cortes no son los mejores del mercado, por regla general son aceptables, las porciones generosas y los platos vienen acompañados con buenas papas fritas y ensalada. Sirven, además, vino cosechero del país en jarras, que no está mal de sabor y no sale caro. Un buen lugar, en fin, para ir varias veces a tantear los platos cárnicos más populares del Perú sin dejarse la cartera en el intento: por menos de 40 soles se come uno una parrillada de res, chancho, cordero o anticuchos, más el choricillo de propina, incluyendo la guarnición y la bebida. (más…)

  • La peculiaridad hispanoamericana

    Es un mediodía cualquiera del templado invierno en Torata, una pequeña villa serrana de Perú. Un numeroso grupo de escolares, uniformados de azulón y blanco, aparece por una esquina de la plaza del pueblo bajo la dirección de varios adultos y, con una ingenuidad tan conmovedora como desdichada, comienzan una suerte de representación consistente en varios actos que no parecen guardar demasiada relación entre sí. En uno de ellos, un puñado de varoncitos camina con las espaldas encorvadas como bajo el peso de la esclavitud (¿ejercida por algún temible dictador, o acaso por los mismísimos conquistadores españoles?) en tanto que otros cuatro o cinco, detrás, los fustigan teatralmente de manera inclemente, arrancándoles hartos gemidos de dolor. En el siguiente acto, un grupo de bravas libertadoras (históricamente muy representativas, pues siempre fueron las mujeres quienes trajeron la libertad a las naciones oprimidas) desfila al muy razonable -aunque desganado y sin convencimiento- grito de: “¡Queremos libertad, viva la democracia!”; de donde puede inferirse que en Perú no existe ninguna de ambas cosas (lo cual, irónicamente, es la pura verdad, extensiva al mundo entero) o que cuanto de ellas pueda haber lo traen esas jóvenes mestizas con sus protestas, gracias a las cuales el pueblo habría dejado de sufrir alguna tremenda represión autoritaria y muy probablemente heteropatriarcal. (más…)

  • Torata y el canon minero

    Torata es un pequeño pueblo de dos mil habitantes situado en el valle de su río homónimo, a 2200 m de altitud sobre el nivel del mar y a unos 30 km corriente arriba desde Moquegua; en el corazón, por tanto, de la cordillera occidental andina cuyos picos son puerta al altiplano peruano, el cual, 300 ó 400 km más al nordeste, queda por último interrumpido por la muralla de la cordillera oriental, que son esos Andes que conocemos por las ilustraciones y las películas. Tras ellos, y varios quilómetros en vertical hacia abajo, se encuentra la inmensa cuenca amazónica.

    Según el viajero se acerca al pueblo puede ver, en la ladera de un cerro, una leyenda gigante hecha con piedras amontonadas y encaladas que dice así: “TORATA CRECE GRACIAS AL CANON MINERO”; texto cuya lectura me sugiere inmediatamente dos reflexiones que son, en cierto modo, inseparables una de otra: a) ¿para qué necesita Torata crecer?, y b) ¿significa esa frase que los torateños deben alegrarse, en nombre y a cambio del sacrosanto crecimiento, de que la industria minera contamine su valle poco a poco hasta privarlo del encanto que, precisamente, hizo de él un lugar ideal para vivir? Preguntas retóricas, claro está. (más…)